“Si bien existe la fragilidad del pecado, no hay un determinismo que nos condiciona fatalmente. Somos personas libres dotadas de inteligencia y voluntad que contamos con la riqueza de la fe, que nos ilumina y hace partícipes de la vida de la gracia que es el triunfo de Jesucristo. La fe no excluye la tentación, pero nos abre un camino que nos fortalece”, destacó el arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz, monseñor José María Arancedo, en su alocución sobre el evangelio de las tentaciones de Jesús.
El arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz, monseñor José María Arancedo, reflexionó sobre el evangelio de las tentaciones de Jesús y recordó que “las tentaciones a las que fue sometido Jesús son únicas, son para Él y tienen como finalidad apartarlo de su misión salvífica”.
“Para nosotros, sin embargo, aunque sean distintas las tentaciones existen, no las podemos excluir de nuestra vida, hacen a nuestra condición humana. El Señor nos enseña a tener frente a ellas una actitud de discernimiento, libertad y rechazo”, subrayó en su alocución semanal.
“Si bien existe la fragilidad del pecado, no hay un determinismo que nos condiciona fatalmente. Somos personas libres dotadas de inteligencia y voluntad que contamos con la riqueza de la fe, que nos ilumina y hace partícipes de la vida de la gracia que es el triunfo de Jesucristo. La fe no excluye la tentación, pero nos abre un camino que nos fortalece”, sostuvo.
Monseñor Arancedo señaló que “el discernimiento y la libertad cristiana se apoyan en nuestra inteligencia y voluntad, pero necesitan de una escala de valores e ideales que iluminen su discernimiento y orienten la libertad hacia el bien”.
“En este mundo de valores e ideales se nos presenta el Evangelio como un camino que ilumina y da sentido a la vida del hombre en sus opciones. La fe, por otra parte, no solo da elementos doctrinales sino que nos comunica como gracia, como fuerza interior, esa presencia del Señor que sana, eleva y capacita para asumir decisiones y rechazar todo aquello que pueda ser una tentación. Para un cristiano antes de hablar de tentación debemos hablar de esa presencia del Señor, que es nuestra verdad y riqueza”, concluyó.+

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