El cardenal se reunió con dos exponentes de los principales partidos cristianos, cuyos desacuerdos frenan desde hace meses la creación del nuevo gobierno, en un contexto de graves dificultades
El 24 de mayo de este año, el primer ministro libanés, Saad Hariri, recibió el encargo de formar el nuevo gobierno del país. La constitución libanesa no pone límites temporales para la conformación del ejecutivo, pero desde entonces todavía no ha habido pasos importantes en el difícil trabajo para componerlo. Uno de los principales obstáculos es la rivalidad, cada vez más encendida, entre las dos principales fuerzas políticas cristianas: el Frente Patriótico Libre, fundado por el actual presidente de la República, el ex general Michel Aoun, y las Fuerzas Libanesas de Samir Geagea. Lo que los divide, además del intento de apropiarse del liderazgo entre los cristianos, es la orientación internacional: el partido de Geagea es más cuidadoso con las facciones filo-sauditas, en cambio el partido de Aoun se preocupa más por los filo-iraníes. Estas sensibilidades, evidentemente, existen en todas las fuerzas políticas y culturales del país.
Pero el “impasse”, en la grave situación que se vive tanto en el país como en el Medio Oriente en general, daña al Líbano. Por ello el patriarca maronita, el cardenal Béchara Boutros Raï, aceptó las invitaciones que ha recibido para entablar una mediación entre las partes. Recibió en Diman, la residencia veraniega del patriarca, a dos representantes de relieve de ambas formaciones políticas: al diputado Ibrahim Kanaan, del Frente Patriótico Libre, y al ministro Melhem Riachi, de las Fuerzas Libanesas. «Los desacuerdos no deben transformarse en fracturas –declaró el patriarca–; hay que reducir la retórica mediática que polariza e incrementa la tensión en todos los niveles: mediático, político y también en las redes sociales».
Sugirió que se comprometieran en una comunicación que sepa construir una relación política que vaya más allá de la coyuntura actual. El exponente de las Fuerzas Libanesas, al final del encuentro, se dijo dispuesto a colaborar en la consolidación de la reconciliación. Por su parte, el exponente del partido del presidente Aoun, pareció querer dar un paso más, afirmando que la reconciliación, que produjo la elección del nuevo presidente después de un largo estancamiento, es sagrada, aunque sea normal que exitan diferentes opiniones.
La decisión de los exponentes políticos de los dos diferentes partidos de llegar al encuentro a bordo del mismo vehículo y de reunirse brevemente antes del encuentro con el cardenal Raï indicaba que se buscaba reducir la tensión y abandonar el tono de polémica, que, según muchos, había alcanzado niveles alarmantes. La fórmula a la que se refirió el canal de televisión al Jadeed, al dar noticia del encuentro, fue la de una reconciliación plural.
Esta idea reflejaría lo que afirmó el patriarca maronita, según el cual no hay que pensar en un binomio, que no expresaría la natural pluralidad de las voces cristianas. No hay que olvidar a los independientes, cuyo número en las recientes elecciones se ha reducido.
Pero no todos en el Líbano aprecian el esfuerzo que está llevando a cabo el patriarca con la finalidad de promover la formación de un gobierno lo más representativo posible, mientras el país debe afrontar desafíos muy delicados: desde los de la economía hasta los de la seguridad y los de la tragedia de los prófugos sirios, que representan una tercera parte de la población libanesa. A pocas horas del encuentro, el periódico al-Akhbar, cercano a las posiciones de Hezbollah, partido libanés de orientación khomeinista, se dijo convencido de que la intermediación habría fracasado y criticó al patriarca, definiéndolo de poca importancia. El periódico llegó a hablar del fracaso del histórico viaje del patriarca maronita a Arabia Saudita, puesto que el Vaticano procedió por su cuenta en las relaciones, sin permitir que los maronitas fungieran como bisagra en un nuevo diálogo entre los musulmanes y los cristianos. Al-Akhbar parece considerar que la Iglesia maronita es una especie de sección del Pontificio Consejo para el Diálogo Interreligioso.
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