Testimonios recogidos entre judíos venezolanos residentes en España revelan un sentimiento compartido: optimismo ante el golpe al régimen, pero profundas dudas sobre lo que vendrá después. La FCJE dijo mantenerse "atenta y preocupada por los sucesos" y expresó "su deseo de una solución democrática y pacífica para el país".
La detención de Nicolás Maduro y su esposa en una operación militar estadounidense la madrugada de este sábado sacudió a la diáspora venezolana en todo el mundo. En España, donde residen cientos de miles de venezolanos —entre ellos una comunidad judía difícil de cuantificar pero significativa—, la noticia fue recibida con una mezcla intensa de conmoción, alivio, esperanza y miedo.
Testimonios recogidos entre judíos venezolanos residentes en varias ciudades de España revelan un sentimiento compartido: optimismo ante el golpe al régimen, pero profundas dudas sobre lo que vendrá después.
Miles de venezolanos se concentran en la Puerta del Sol, en #Madrid, para celebrar la caída de Nicolás Maduro del poder.#Venezuela pic.twitter.com/TTloWiWZhZ
— Emanuel Figueroa (@EmaFigueroaC) January 3, 2026
Una gran diáspora
La noticia de la detención de Maduro generó escenas de celebración entre migrantes venezolanos en distintos países y concentraciones espontáneas en España, como la que tuvo lugar en la Puerta del Sol de Madrid. Según distintos estudios internacionales, 8 millones de venezolanos viven fuera de su país. En España residen unos 600.000, muchos de ellos llegados en las últimas dos décadas por las consecuencias del régimen chavista.
En el caso de los judíos venezolanos, el número exacto es difícil de establecer. Un indicador lo ofrece la concesión de nacionalidad española: de acuerdo con distintos medios, unos 9.000 venezolanos de origen sefardí (judíos y no judíos) obtuvieron la ciudadanía gracias a la Ley para sefardíes de 2015, aunque muchos judíos venezolanos ya se habían instalado en España antes por vínculos familiares con padres y abuelos que habían sido españoles.
Tal es el vínculo entre las comunidades judías de ambos países, que la Federación de Comunidades Judías de España (FCJE), emitió hoy un comunicado en el que dijo mantenerse "atenta y preocupada por los sucesos en Venezuela" y en el que expresaba "su deseo de una solución democrática y pacífica para el país".
"La comunidad judía española, que mantiene profundos lazos históricos y familiares con la comunidad judía de Venezuela, sigue con atención y preocupación la situación que atraviesa actualmente el país caribeño. Desde este vínculo fraterno, expresa su deseo de que la situación política, social y humanitaria que enfrenta Venezuela en estos momentos pueda resolverse de manera pacífica, conforme a la legalidad internacional y a los principios democráticos", señaló la FCJE.
Y a la vez que reiteraba su "compromiso con los valores del diálogo, la convivencia y la paz, y su esperanza de que Venezuela pueda transitar un camino de estabilidad, reconciliación y prosperidad para el bienestar de toda su sociedad", mostró su confianza en que ese país "avance hacia el restablecimiento pleno del Estado de derecho, la recuperación del régimen de libertades públicas, la seguridad jurídica y ciudadana, y el respeto de los derechos humanos para todos los venezolanos, sin distinción alguna".
Conmoción inicial y una esperanza frágil
Pese a la emigración masiva causada por la crisis política, económica y social en Venezuela, la mayoría de los judíos venezolanos en España mantiene aún familiares y amigos en su país de origen. En este contexto de máxima incertidumbre, siguen los acontecimientos con el pulso contenido.
Edith Touriel, una venezolana residente en Murcia y oriunda de San Cristóbal (Táchira), que llegó a España tras pasar un tiempo por Israel, relata a Enfoque Judío el impacto inmediato que le causó la noticia del ataque estadounidense: "Estoy tan conmocionada. Este sábado me desperté con numerosos mensajes y llamadas perdidas de familiares y amigos. Al principio quedé totalmente conmocionada: la información que circulaba hablaba de bombardeos en Caracas y entré en una profunda crisis de llanto".
Con el paso de las horas, explica, la angustia dio paso a una comprensión más serena de lo ocurrido: "A medida que fui escuchando los audios y contrastando las noticias, logré serenarme. Comprendí que se trataba de una operación quirúrgica, estratégica y controlada". Saber que su entorno estaba a salvo fue clave: "Mi familia y amistades se encuentran resguardadas en sus hogares, lo que me devolvió parte de la calma".
Su deseo, dice, es claro: "¡Que se haga justicia! Anhelamos ver a Venezuela libre del miedo que la encadenó y del dolor que expulsó a su gente, sin más sufrimiento para los inocentes". Pero el temor persiste cuando se plantea el futuro inmediato: "Eso es lo que nos tiene más nerviosos. Están los colectivos revolucionarios al servicio del régimen en las calles armados. Orden de matar a todo el que salga a la calle".
"Muy preocupada… Estoy aún un poco confundida"
Por su parte, desde Madrid, Frida Darwich Tettner, que llegó a España hace unos veinte años, expresa sentimientos encontrados: "La verdad que me siento muy preocupada por lo que está pasando. No sé si para la gente será bueno o malo… estoy aún un poco confundida". La preocupación por quienes siguen en Venezuela atraviesa su testimonio: "Esto me da muchísima tristeza por todo lo que está pasando, por gente inocente que está ahí, que no ve a su familia".
Aun así, intenta aferrarse a una expectativa positiva: "Quiero de verdad confiar que todo esto va a estar bien", aunque reconoce "un poquito de miedo" y una profunda incertidumbre. "Sí quiero creer y quiero tener esa esperanza de que el régimen va a caer", resume.
Para Raquel Gutiérrez Renjel, también residente en Madrid, el momento tiene una carga emocional difícil de sintetizar: "Es esperanza, es alivio y es una fe renovada en el futuro de Venezuela". Tras años de resistencia, dice, "vuelve a encenderse una luz que nos recuerda que la libertad es posible". Reconoce que el camino será complejo, pero subraya: "Hoy, al menos, ya no caminamos en la oscuridad total".
Optimismo, dudas y la sombra del poder real
En términos generales, la proximidad de la detención y la situación poco clara en las calle venezolanas, no acaban de consolidar una postura sobre sí el descabezamiento del gobierno venezolano, traerá consigo un cambio de régimen. Las dudas son cuantiosas, la esperanza aún mayor, pero la prudencia se impone a las dos.
Para Abraham (nombre ficticio tras pedir el anonimato), que llegó a España en 2016, la noticia con la que se despertó el sábado fue "una sorpresa agradable" y no duda en expresar "gran agradecimiento a Estados Unidos" por terminar con la presidencia de Maduro.
Preguntado si eso generará una transición a la democracia, introduce en sus declaraciones una nota de cautela: "Con dudas sobre si puede concretarse. Aún los militares dominan el panorama, muy disminuidos, pero están ahí".
Desde su perspectiva, "los venezolanos judíos en general ven el arresto de Maduro de forma muy positiva" y dice: "La mayoría salimos huyendo de la tiranía, de la crisis económica que causó y de la falta de futuro. El chavismo destruyó las bases de la economía, acabó con los derechos civiles y con la mayoría de las instituciones del país". Por eso, sostiene, "tener la esperanza de que se reconstruya, de por sí ya es muy reconfortante", incluso para quienes no contemplamos regresar.
"Un corrientazo eléctrico"
Una postura que refrenda Silvia (también nombre ficticio), que vive a caballo entre ambos países y a la que la operación estadounidense pilló en tránsito.
"La primera sensación fue como un corrientazo eléctrico que me recorrió todo el cuerpo", relata Silvia, entre "lágrimas de felicidad" y "lágrimas de suspenso y miedo". Para ella, el deseo popular es inequívoco: "Todos los venezolanos quieren y aspiran a que caigan uno a uno cada miembro de esta estirpe del mal".
Pero al igual que Abraham, advierte que "Maduro y su esposa eran solo peones en un juego más grande", en el que, afirma, intervienen "los tentáculos de Irán, Rusia y China".
Sobre el futuro del régimen, Silvia cree que aún es "muy temprano para crear conjeturas". Y concluye con una sensación compartida por muchos: "Para el pueblo de a pie… la sensación es de felicidad", aunque cargada de incógnitas sobre lo que vendrá.
Entre la euforia contenida y el miedo a una transición frustrada, los judíos venezolanos en España observan los acontecimientos con esperanza vigilante, conscientes de que el final de un capítulo no garantiza aún el desenlace de la historia ▪

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