El colectivo islámico pide mayor celeridad a las administraciones para ejecutarlo, después de tres años de espera tras aprobarse en la Cámara gallega.
El Parlamento gallego volvió a aprobar en abril de 2023 por unanimidad —después de haberlo hecho ya en 2017— la construcción del primer cementerio musulmán de Galicia, en respuesta a la reivindicación histórica que la comunidad musulmana llevaba años manifestando.
Entonces, los grupos se emplazaron al término de las elecciones locales de mayo para comenzar las gestiones. Sin embargo, todo quedó en papel mojado y tres años después sigue sin haber una 'makbara gallega' —palabra árabe que designa a los cementerios musulmanes— para que los que viven aquí puedan descansar en paz según sus costumbres.
Mahjoub Darebe, presidente de la Unión de Comunidades Islámicas de Galicia (Ucidgal), lamenta que el plan para ese cementerio continúa paralizado por una serie de «trabas burocráticas».
En conversación con el diario la Opinión Coruna, afirma que este se ubicaría en un municipio de Pontevedra, cuya localización rehusa confirmar, pero señala que «está paralizado por cuestiones técnicas». En consecuencia, los musulmanes en Galicia «se ven obligados a hacer una repatriación del cuerpo y salir de España y ser inhumado en su país de origen o en Marruecos», explica Javier Moreno, portavoz de los servicios funerarios Pazy.
Otra de las alternativas que señala Maysoun Douas, líder de la asociación Entierro Digno y concejala de Más Madrid, es la «coordinación con otras regiones de España para poder dar sepultura a la persona fallecida» en otra autonomía donde haya hueco.
Galicia permite los entierros sin ataud
Cabe señalar que la gallega es una de las primeras CCAA en permitir los enterramientos sin féretro y en contacto con la tierra, una de las partes fundamentales del rito funerario musulmán y del judío.
La reforma de la normativa de sanidad mortuoria de Galicia, aprobada por la Xunta el 31 de agosto de 2023, autorizó en la comunidad este tipo de inhumaciones. Pero el ansiado decreto no dejó con buen sabor de boca a la comunidad islámica en Galicia al ni disponer de un cementerio propio, ni tener apenas opciones. «Es la pescadilla que se muerde la cola», lamenta Moreno.
Actualmente, esto solo es posible en algún camposanto municipal que ceda expresamente una parte de su suelo para la pompa fúnebre de este culto en concreto, como el de Ames. Siendo alrededor de 30.000 personas musulmanas en Galicia, «ese espacio no es suficiente», lamenta Douas. El siguiente paso para materializarlo depende de cada concello, que es el que gestiona su cementerio municipal. Ante esta escasez de sepulturas y «la lentitud burocrática para ampliar o aprovechar los cementerios municipales», como señala Douas, la comunidad musulmana en Galicia optó por adquirir un terreno público para construir su makbara, pero este todavía no tiene «ni los cimientos».
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