Se trata del sacerdote Eduardo Lorenzo, quien enfrenta una causa en la fiscalía platense a cargo de Ana Medina. “Vi al cura Lorenzo abusar de chicos en campamentos y reuniones”, aseguró uno de los testigos.
Desde hace meses el portal Pulso Noticias viene dando a conocer una serie de investigaciones sobre el cura platense Eduardo Lorenzo, acusado de abuso a menores durante su ejercicio eclesiástico.
En su última publicación, el medio de la capital provincial da a conocer el testimonio judicial de un testigo que asegura que Lorenzo llegó a cometer abusos en un campamento realizado en Necochea.
El testigo de identidad reservada (reconocido como “B” en la nota) dio pormenores de lo sucedido ante la Justicia.
Según le contó a Pulso conoce a Lorenzo desde el año 1993 cuando el cura desembarcó en la parroquia San Benito de la calle 200 entre 43 y 44, en Olmos. “Mi familia siempre formó parte de la parroquia, colaborando”, rememora.
El hombre cuenta que el cura siempre hizo uso de “su personalidad seductora”, que le permitió en poco tiempo armar “un grupo de jóvenes en la parroquia”, ganándose el apoyo de la feligresía. “Pero al poco tiempo empecé a ver actitudes de él que no me cerraban, no me gustaban”, remarca.
Para B el mejor calificativo que describe a Lorenzo es el de “manipulador”, que con sus artimañas logró organizar un sistema de captación de jóvenes para luego realizar sus deseos de dominación.
Hubo dos escenarios que B recuerda como los habituales para los abusos de Lorenzo sobre adolescentes: un campamento en Necochea y fiestas a puertas cerradas en la casa parroquial de Olmos.
En los campamentos, cuenta B, “ya no teniendo la mirada de los familiares y gente grande”, Lorenzo “se sintió con más libertad para moverse”. Lorenzo se encargaba de ganarse la confianza de padres y madres que permitían que él fuera el único adulto responsable en esos viajes.
Sobre el campamento de Necochea, B afirma que eran “unos veintipico de chicos. El cura organizó una carpa con más o menos unos veinte y en otra carpa, más chica, estaban él, dos chicos más y yo”.
Durante varias de esas noches él pudo ver “movimientos debajo de la bolsa de dormir de Lorenzo y este chico, tocamientos”. Además, relata, Lorenzo esperaba al chico “que salga de la playa y ponerle bronceador, tocarle el pelo, irse a bañar ellos juntos a un baño y todos los demás a otro baño”.
Cuando B vio esas secuencias, decidió cambiarse de carpa, junto al resto de los chicos. “Eso lo enfureció y fue la primera vez que yo lo vi enojado”, recuerda. Y detalla que el cura lo obligó “a poner de nuevo la bolsa de dormir en esa carpa chiquita y a ser partícipe de todo eso”.
Al otro día, asegura B, “la represalia fue enojarse, putearme, denigrarme adelante de todos los demás. Me hizo lavar ollas durante los quince días que estuvimos ahí. Claramente la actitud era muy agresivo conmigo a diferencia del resto de los chicos”.
Cuando declaró el 10 de julio, a B le preguntaron en la fiscalía si podía especificar qué tipo de movimientos vio dentro de las bolsas de dormir de Lorenzo y del otro chico. “Yo veía en la oscuridad, movimiento por dentro de la ropa. Imaginate que todo oscuro, lo que se podía ver”, respondió.
Y dijo que esos episodios también los vio luego “en campamentos y convivencias que realizo acá en La Plata” durante los años 1993 y 1994.
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