Una red global bajo el signo de Francisco

Una red global bajo el signo de Francisco

Líderes religiosos, intelectuales y líderes políticos convocados por el mensaje del Papa en defensa de la “casa común”. Una iniciativa reservada pero de alto nivel, destinada a tener gran influencia internacional

Por ANDRÉS BELTRAMO ÁLVAREZ

“Ética en acción por el Desarrollo Sustentable e Integral”. Parece un título rimbombante, pero en realidad se trata de un foro vaticano con una misión precisa: convertirse en un informal e incisivo “think tank” que establezca una agenda global inspirada en la encíclica del Papa Francisco “Laudato Sii”, sobre el cuidado de la creación y la defensa de la “casa común”. Sus miembros son selectos y asisten bajo invitación. La más reciente de sus reuniones tuvo lugar los días 2 y 3 de febrero, en el corazón de los Jardines Vaticanos. 

Convocado por la Pontificia Academia para las Ciencias Sociales, reunió a intelectuales, políticos, pensadores y líderes religiosos en la Casina Pío IV. En esta ocasión el tema tratado correspondió a la paz. En diciembre tuvo lugar el primero de los encuentros, en el mismo espacio. En realidad están previstas ocho citas, reservadas y de alto nivel, que se llevarán a cabo en los próximos meses. El sitio puede cambiar. Por ejemplo, para mayo se prevé que la discusión tenga lugar en Austria. 

Los temas de debate rondarán en torno a los desafíos lanzados por la encíclica papal: Refugiados, migrantes y cambio climático, entre otros. En esta reciente ocasión, las reflexiones partieron de la encíclica “Pacem in Terrir” de Juan XXIII, un texto que presenta retos más que vigentes a pesar de haber sido escrita en 1963. La exposición sobre este documento del magisterio social de la Iglesia corrió a cargo del cardenal Peter Turkson, prefecto del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral. 

Ya desde el primer momento se planteó que el mundo de hoy afronta dos tipos de guerra: una de los hombres entre sí y la otra de los hombres contra la naturaleza. Ese fue el hilo conductor y a partir de ahí se fueron construyendo los diversos momentos reflexivos. 

Entre los participantes destacaron, además de Turkson, los cardenales Giovanni Battista Re, prefecto emérito de la Congregación para los Obispos del Vaticano y John Onaiyekan, arzobispo de Abuja (Nigeria). Con ellos asistieron representantes de otras iglesias cristianas y religiones: el metropolita Emmanuel Adamakis, vicepresidente de la Conferencia de Iglesias Europeas; Thomas Johnson, embajador en el Vaticano de la Alianza Evangélica Mundial; Alastair Redfern, obispo de Derby y delegado del arzobispo de Canterbury. 

Con ellos el ayatolá Seyed Mostafa Mohaghegh Damad, jefe del departamento de estudios de la Academia de las Ciencias de Irán; Cissé Hadja Mariama Sow, presidente de la asociación “Mujeres musulmanas de Guinea”; Mohammad Sammak, secretario general del Comité Nacional del Diálogo Cristiano-Musulmán de Líbano y Gummar Stalsett, obispo emérito de Oslo de la Iglesia de Noruega, además de miembro del Comité del Premio Nóbel de la Paz. 

También destacó la presencia de Petr Stegny, embajador extraordinario y plenipotenciario de la Federación Rusa. Representando a América Latina, los únicos participantes fueron Gustavo Vera, amigo de vieja data del Papa, legislador por la Ciudad de Buenos Aires y referente de la organización de lucha contra la Trata de Personas “La Alameda” junto a Fernando “Pino” Solanas, senador argentino, y Virgilio Viana, superintendente general de la Fundación Amazonas Sustentable de Manaos (Brasil). Interesante también la asistencia de Romano Prodi, ex primer ministro italiano representando a la Fundación Popoli y Federico Mayor Zaragoza, ex director general de la Unesco. 

Jeffrey Sachs, asesor del secretario general de las Naciones Unidas y Marcelo Sánchez Sorondo introdujeron la reunión el la mañana del jueves 2, dedicada al análisis de las dimensiones de la paz y el establecimiento de la misma “en la verdad, en la justicia, la caridad y la libertad en un mundo roto”. Esa tarde se habló de los fundamentos antropológicos y morales de la paz, la reconciliación, la justicia y la misericordia. 

Entonces se introdujo un aspecto que a Francisco interesa particularmente: la “no violencia” como un método para la acción política. Se presentaron casos emblemáticos con la revolución pacífica de Mahatma Ghandi en India, el testimonio de Martin Luther King en Estados Unidos, en de Nelson Mandela en Sudáfrica y la mediación de Juan Pablo II para evitar la guerra entre Argentina y Chile. 

El viernes 3 de febrero estuvo dedicado a la acción por la paz, con tres páneles dedicados a igual número de aspectos: la dimensión personal, la dimensión institucional y la dimensión geopolítica. Así, los participantes plantearon acciones concretas para llevar adelante la construcción de la paz con otros actores internacionales capaz de sumarse al mensaje impulsado por el Papa. Porque el objetivo es actuar de lo concreto a lo abstracto. Y no al revés. Comenzando por la denuncia por redes de las guerras creadas por intereses económicos. 

No es la primera vez que la Academia Pontifica para las Ciencias Sociales convoca encuentros reservados. Es más, durante el pontificado de Benedicto XVI la mayoría de las sesiones en la Casina Pío IV se realizaban a puertas cerradas. Pero con Francisco esa institución vaticana cambió de perfil. Este nuevo modelo de trabajo lo explicó el mismo Francisco, en su mensaje a jueces y fiscales del mundo en la misma casina, el 3 de junio de 2016. 

“En el curso de los últimos años no faltaron importantes actividades de la Pontificia Academia de las Ciencias Sociales (.) en defensa de la dignidad y la libertad de los hombres y de las mujeres de hoy y, en particular, encaminadas a erradicar la trata y el tráfico de personas y las nuevas formas de esclavitud como el trabajo forzado, la prostitución, el tráfico de órganos, el comercio de la droga, la criminalidad organizada”, precisó entonces. 

“Alguno podría pensar que la Academia debe moverse, más bien, en un ámbito de ciencias puras, de consideraciones más teóricas. Esto responde ciertamente a una conciencia iluminista de aquello que debe hacer una academia. Pero una academia debe tener raíces y raíces en lo concreto, porque -de otra manera- corre el riesgo de desarrollar una reflexión líquida, que se vaporiza y no lleva a nada”, añadió. Un divorcio entre la idea y la realidad que “es claramente un fenómeno cultural del pasado”. 

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