Victoria Tanco: la promesa que dejó los palos de golf y se refugió en la religión

Victoria Tanco: la promesa que dejó los palos de golf y se refugió en la religión

Tenía condiciones para ser N° 1 del mundo, pero la presión terminó por desbordarla y, a los 22 años, la argentina se retiró; "Lo que importa es la persona, no los trofeos", dice

Ésta es una historia que se lee de dos maneras. Puede ser el relato de una carrera golfística trunca, fulminada por la contundente realidad, o la reseña de quien elige otro punto de partida para arrancar de nuevo y ser feliz. Victoria Tanco se queda con este segundo significado: quiere sonreír y entender que la vida no se mide en trofeos ganados, sino en el valor espiritual de cada persona. En otras palabras: menos obsesiones por un éxito a cualquier costo y más sentir humano, con el cristianismo como refugio.

Hoy transcurre los domingos en Mosaic Church, involucrada de lleno con las actividades de esta iglesia afincada en Orlando; canta, reza, escucha la palabra y medita con los otros miembros de esta comunidad bien lejos de los fairways. Al borde de los 23 años, se la observa comprometida en cuerpo y alma con una vida religiosa que nunca antes había abrazado, como si se movilizara y fluyera en un confortable trance. Su semblante relajado es muy distinto a aquellas facciones duras que la caracterizaban de más chica, en su etapa ultracompetitiva.

A los 10 años, Vicky ya daba entrevistas. Su voz era una brisa suave que repetía: "Busco jugar en el LPGA Tour, ganar el US Open y ser la Nº 1 del mundo. Yo quiero eso". Tímida hasta la médula, en la cancha se convertía en una pequeña fiera que ganaba torneos aquí y en el exterior, a veces hasta jugando mal. Mantenía un concepto naif de su pasión ("El golf me atrae por los paisajes") y en su casa del San Diego Country Club, en Moreno, apilaba copas locales e internacionales, entremezcladas con osos de peluche y portarretratos. El golf argentino estaba pendiente de su explosión definitiva, y de hecho había dado pruebas concretas cuando a los 14 años jugó el US Open como amateur. Entonces, en 2008, el máximo circuito femenino se asombró de una niña de un país lejano capaz de lograr un águila desde 154 yardas en el hoyo 9 del Interlachen Country Club, en Edina. La chica prodigio ya hacía ruido y siguió su incontenible marcha hasta conseguir la tarjeta del LPGA Tour para la temporada 2012, la consecuencia de su férrea contracción al golf.

Justo cuando se preparaba para lo mejor, lista para su consolidación en la elite, se inició el derrumbe: atrapada por fantasmas internos y una serie de desorganizaciones en su entorno, su talento fue evaporándose hasta desaparecer del mapa del golf. En diciembre pasado, la iglesia Mosaic Church, cuyo lema es "rescate-identidad-misión" subió un video en YouTube que describía la experiencia de una de sus adeptas. Era Tanco, que hablaba de su acercamiento a esta propuesta cristiana a raíz de su amistad con Martina Gavier, otra golfista argentina a quien Victoria veía como un bicho raro porque hablaba y posteaba en Facebook sobre Jesús en todo momento. "En 2014 me mudé a Orlando y Martina fue quien me presentó a Jesús. Nunca antes había leído la Biblia y la razón de mi existir era sólo el golf y yo misma. Gracias a esta Iglesia encontré una paz y otro significado en la vida que no están relacionados con cuántos torneos gané, sino en quién soy yo como persona. Estaba perdida, sin ningún propósito, y este cambio me dio libertad para expresarme más como ser humano", le cuenta Victoria a LA NACION desde Winter Garden, la ciudad donde reside, a 20 minutos de Orlando.

Ella pasaba horas y horas en un campo de golf; si no jugaba, se entrenaba con disciplina oriental. Pero su transformación en los últimos tiempos fue rotunda: "Estoy muy contenta con la vida que llevo. La disfruto mucho. Nunca pensé que no seguiría jugando al golf, pero es una decisión que tomé yo y nadie más, no culpo a nadie. Creo que terminó siendo lo mejor", explica la ex Nº 1 de aficionadas en la Argentina, que cursa por Internet la carrera de Negocios, Marketing y Publicidad en Liberty University, con base en Virginia. Además, quiere trabajar en los Estados Unidos, y para ello deberá volverá al país para cambiar la visa.

-¿En qué momento le dijiste basta al golf?

-Fue el año pasado, en mayo. Me encantaba competir, siempre esperaba los torneos y demostrar mi juego, pero en esos últimos meses no lo estaba disfrutando mucho. Es más, en lugar de esperar los certámenes trataba de evitarlos. Jugué la clasificación del US Open, aunque sentía que no tenía ninguna adrenalina ni emoción en mi cuerpo. Ahí decidí que era el momento de tomarme un recreo y fue una señal para tomar otro camino. Sentía que el golf ya no era mi pasión y no lo estaba pasando muy bien.

-¿Pero cuál fue la razón del retiro, cuando te perfilabas para una gran carrera?

-Se dio una combinación de todo. Cuando conseguí la tarjeta del LPGA a los 17 años empecé a viajar y pensé que estaba preparada para formar parte del circuito, pero realmente no lo estaba. Porque de jugar como amateur pasé a viajar sola y tuve que resolver todas las situaciones que se presentaban. No dispuse de un equipo de trabajo alrededor y eso terminó afectándome mucho. Habíamos arreglado que un caddie me llevaría los palos todo el año, pero solo lo hizo en cuatro torneos porque un jugador del PGA Tour lo llamó para trabajar con él. Así que tuve que recurrir a un caddie local hasta que encontré uno consistente. Además, contaba con un coach y una base en las academias IMG, algo que me sirvió mucho como aficionada. Pero ya siendo profesional, la situación cambió de manera inesperada.

-¿Y cómo estabas vos internamente?

-Con las presiones por tener un año exitoso. La idea era ganar experiencia en esa primera temporada en el LPGA Tour, quedar entre las 50 primeras a fin de año y mantener la tarjeta con algunos top ten, además de pelear algún torneo. Al final, mi mejor desempeño fue un 32º puesto y a fin de año quedé 118» en la lista de ganancias. A medida que fui jugando seguía disfrutando la competencia, pero fueron muchos los errores que cometí, la confianza en mi juego se vio afectada y todo condujo a una temporada no muy buena.

-¿Qué harías si tuvieras que arrancar de nuevo aquel 2012, ese primer año en el profesionalismo?

-Armaría una base sólida de entrenamiento, con una cancha y un driving para practicar sin preocupaciones. Y después, tendría un buen coach dentro de un equipo de trabajo que funcione. La idea es que ese staff te guíe y te ayude, sobre todo en los malos momentos. Me pasó que el éxito en este deporte me vino desde muy joven, el golf era yo misma. Sentía que el golf y Victoria eran sinónimos y mi único propósito en la vida consistía en jugar. Y se me volvió muy complicado seguir adelante cuando no empezó a irme bien. Mi estado de ánimo y mis emociones dependían de cómo me iba en los torneos, entonces se me hizo muy difícil separar la persona del juego. De arrancar de nuevo, cambiaría un concepto: en realidad no interesa cómo me vaya en la cancha, yo sigo siendo la misma y no importa cuán exitosa sea. Importa la persona, no los trofeos.

-En el ámbito del golf argentino, tu papá Marcelo quedó señalado como la persona que te presionó y te condujo a este desenlace.

-Mi papá nunca me presionó ni nada, de chica siempre me acompañaba, la que quería seguir jugando más y más era yo. Sí estaba siempre al lado mío controlándome, viendo que practicara e hiciera las cosas correctamente; eso me ayudó a tener una buena conducta en todo lo que hacía. Eso para mí fue muy importante. Obviamente que todos los padres aman a sus hijos y hacen todo por amor, no por otro motivo. Pero ningún padre es perfecto. Si el día de mañana soy madre, tomaré lo mejor de la crianza que me dio mi papá y sacaría lo que no hizo tan bien conmigo. Me apoyó mucho en mi carrera de aficionada y después, como profesional y tras cumplir 18 años, la situación familiar se complicó porque tanto él como mi mamá Lucía ya no me pudieron acompañar y estuve más sola. Cambiaría algunas cosas que mi papá decidió, pero no le echo la culpa a nadie.

-¿Te ponés a ver golf por TV?

-No, no estoy mirando golf, sobre todo el de mujeres, porque me ayuda a no recordar y por otra parte ya no formo parte de ese círculo. Hoy por hoy no extraño a este deporte porque estoy contenta con mi vida. Juego de vez en cuando, pero siempre seré competitiva, ya sea en el golf o en cualquier área. Ahora en la universidad busco sacarme las mejores notas posibles.

-¿Cómo es tu vínculo con Mosaic Church?

-Voy dos veces: los domingos y otro de los días lidero un grupo de chicas de trece años. Formar parte de esta Iglesia y volverme cristiana me cambió en muchos sentidos y de manera indescriptible; puedo sentir el amor y la aceptación de los hermanos y hermanas de esta comunidad por quién soy yo. Tengo paz en mi corazón y mi propósito, ahora, es expandir el Reino de Dios. Al principio pensaba: "Este no es mi estilo de vida, esto no es para mí". Pero conocer gente y ver el amor que se brindaban, además del interés del uno por el otro y el valor de las pequeñas cosas me hizo cuestionar muchos temas. Empecé a leer la Biblia, además de muchos libros, y tres meses después acepté a Cristo.

-¿Qué aprendizaje final te dejó todo esto que transitaste?

-La importancia de tener un equipo de trabajo y, sobre todo, gente alrededor que te quiere por lo que sos y no por lo que hacés. Y tratar de separar la persona del juego: saber que el golf es muy importante en tu vida, pero que en definitiva es solo un deporte. Si un deportista puede llegar a esa paz de jugar y que la disciplina que practica no controle su vida, entonces va a encontrar el éxito. Yo no me siento frustrada, aunque no haya cumplido mis objetivos y no imaginaba este presente cuando era chica. Es más, siento que las puertas del golf siguen estando abiertas para mí, pero ahora estoy satisfecha con este nuevo rumbo.

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