«Nadie está preparado para que su jefe se convierta en Papa»

Federico Wals, ex secretario de prensa del arzobispado de Buenos Aires

Durante seis años Federico Wals, siendo secretario de prensa del arzobispado de Buenos Aires, trabajó estrechamente con el cardenal Jorge Mario Bergoglio. Se daban situaciones complicadas para un responsable de prensa: el cardenal no era nada amante de aparecer como protagonista de la noticia y costaba mucho agarrarle con una sonrisa. Tampoco fue fácil cuando se sentó en el banquillo de los acusados por complicidad con la dictadura. En cualquier caso, Federico Wals, de 34 años, politólogo y consultor de comunicación institucional religiosa de la Agencia La Machi, se muestra contento y agradecido por esta experiencia vivida al lado del actual papa Francisco.

Usted trabajó con el cardenal Bergoglio de 2007 a 2013. ¿Cómo fue su primer contacto?

En nuestro primer encuentro no sabía si llamarle cardenal, arzobispo, eminencia... él me invitó a llamarle simplemente padre Jorge. Esta anécdota es un resumen de lo que es: un padre pastor a quien le gusta que le llamen por su nombre y no por sus títulos.

¿Era un buen jefe?

Para trabajar era muy sencillo, le gustaban las cosas claras. Era un buen jefe que confíaba en su equipo de trabajo, no era necesario pedirle permiso por todo. Nosotros siempre decíamos: como dice el cardenal más vale pedir perdón que pedir permiso. Valoraba mucho el trabajo del otro y siempre pedía las cosas por favor. Siempre me preguntaba por mi familia y casi me prohibía, salvo necesidad imperiosa, que trabajara los fines de semana. Como oficina de prensa teníamos trabajo no por lo que hacía el arzobispo sino por el arzobispado. Otras oficinas de prensa tienen que seguir y difundir lo que hace su arzobispo, él nos pedía lo contrario.

Precisamente usted propuso que tuviera Twitter.

Él no usaba la computadora, ni el celular, se manejaba de manera personal con el teléfono fijo. En 2011 le dije las razones por las que consideraba que debíamos tener Twitter, le hablé de la importancia de las redes sociales y lo aceptó inmediatamente. Es más, cuando me dijo que sí lo hizo con una broma: «Lo único que te pido es que a mí no me llamen de Roma después porque armamos algún lío. Por lo demás, manéjalo como te parezca.»

¿Cómo fue la experiencia de verle en el balcón ya como Papa?

Nadie está preparado para que su jefe se convierta en Papa. Son experiencias inolvidables tanto en lo profesional como en lo personal. Su partida de Buenos Aires la sentí como la partida de un padre y su elección como Obispo de Roma me causó alegría, por supuesto, pero también una sensación de orfandad.

En la época de cardenal-arzobispo, no le gustaban nada las entrevistas. ¿Por qué ahora sí?

Como cardenal en realidad tenía muchos pedidos de entrevistas. Para ser justos con todos los medios, prefería no dar ninguna. Con todo, había un día al año, el Jueves Santo, tras el lavatorio de pies, que se acercaba a todos los medios que estaban cubriendo la celebración. Entonces, sin ningún tipo de barrera, ni conversación previa, se sometía a una especie de conferencia de prensa improvisada. Ahora, en cambio, concede muchas entrevistas. Imagino que es porque así tiene la posibilidad de hacer llegar su mensaje donde de otra manera no llegaría. Además, está eligiendo medios de comunicación que a veces no son propiamente de Iglesia. Elegir esos medios de comunicación periféricos forma parte de su esquema para acercarse a los demás.

¿Le ha pedido usted entrevista?

Todavía no, lo voy a dejar descansar un poco... [sonríe]

Dice usted también que por entonces el cardenal no sonreía mucho. ¿Es el estilo Francisco el que lo ha cambiado?

A nosotros también nos impactó mucho verlo en el balcón sonriente desde el primer momento. Es verdad que él, pú- blicamente, no sonreía como lo estamos viendo hoy. Por eso estoy convencido de que es la fuerza del Espíritu Santo que descendió sobre él. Es ese estado de gracia. Por otra parte, tengo la impresión de que en Buenos Aires ya estaba esperando su reemplazo. Hacía dos años que había presentado su renuncia y sentía que en cierta forma había terminado su ministerio pastoral y su servicio fuerte a la Iglesia. Lo notábamos como cansado. Sin embargo, Dios quiso que tuviera esta oportunidad

¿Es más protagonista ahora que siendo arzobispo de Buenos Aires?

Los medios lo cubren más. Gracias a Twitter, a Facebook, a las cámaras de televisión... en tiempo real tenemos a Francisco nosotros que estamos en Buenos Aires, a catorce horas de vuelo de Roma. Sentimos que sigue estando con nosotros. Sigue trabajando con la misma fuerza e intensidad, con una agenda apretada para estar en todos los temas, recibir a la gente, contestar cartas, llamar por teléfono, es el protagonismo de él: pastor de la Iglesia que está con su pueblo.

La época más difícil fue cuando le tocó sentarse en el banquillo de los acusados por supuestas complicidades con la dictadura. ¿Cómo vivieron esos momentos?

Fueron momentos difíciles, complejos, sobre todo por la situación política que se vivía en aquellos años en el país. Se quiso asociar a la actual Iglesia y Bergoglio con la Iglesia de 35 años atrás, en donde Bergoglio no había tenido ningún rol negativo, sino positivo, ayudando justamente como superior de los jesuitas a salvar gente de la dictadura argentina. Sin embargo, como él nunca habló sobre ese tema, el mito general era que no hablaba porque tenía cosas por esconder. En realidad, no hablaba porque él no habla de sí mismo. Se presentó y declaró ante la justicia con todas las pruebas que se requirieron. Y tiempo después la verdad salió a la luz y la gente a la que él había ayudado a salvarse dio testimonio de fe.

Bergoglio tenía oposición de grupos lefebvristas. Le llamaban Judas B. Un poco fuerte, ¿no?

Hay que aclarar que en el Gran Buenos Aires, en las afueras de la ciudad, está uno de los seminarios lefebvristas. Eso por un lado y por otro, él fue siempre una persona de cambios. Respetando la doctrina pero buscando y generando el movimiento permanente en la Iglesia. Con lo cual, a estos grupos, que pretenden el statu quo, les generaba ciertas resistencias. La Iglesia siempre va a encontrar la resistencia de distintos grupos y lo importante es trabajar justamente para llevar adelante el mensaje.

¿Cómo vive el papa Francisco la oposición dentro mismo de la Iglesia católica?

Hay resistencias pero como decía él mismo, respetando las diferencias tenemos que celebrar nuestras coincidencias. Siempre apuntó a buscar esas coincidencias con el otro y no dejar que la Iglesia se fisure, encuentre un abismo por alguna cuestión particular. El bien común y general de la Iglesia por encima de los intereses particulares.

¿Cuándo mantuvieron su última conversación?

Nos vimos en Roma a principios de septiembre. Tuvo una gran alegría de encontrarse con mi esposa y conmigo. En esa oportunidad nos preguntó por nuestros dos hijos y quiso saber para cuándo esperábamos el tercero. Muy paternalmente, nos juntó las manos, puso su mano sobre la panza de mi esposa, y dijo: «Vamos a pedir al Señor que venga un nuevo integrante de la familia.» Y estamos esperando el tercero que llegará en julio... así que fue una bendición muy fructífera.

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