Francisco: la mafia mata a los que combaten la esclavitud de la droga

Francisco: la mafia mata a los que combaten la esclavitud de la droga

El Papa recibió a quienes participaron en un congreso de la Pontificia Academia de las Ciencias. El caso argentino. La carta al juez. «La prevención es frenada por la ineptitud de los gobiernos»

IACOPO SCARAMUZZI - CIUDAD DEL VATICANO

«Cuando se quiere buscar y ascender por las redes de distribución, uno se encuentra con esa palabra de cinco letras: mafia. Pero en serio. Porque, así como en la distribución se mata al que es esclavo de la droga, en la consumación así también se mata a quien quiera destruir esta esclavitud». Fue la denuncia que pronunció Papa Francisco durante la audiencia que concedió hoy a quienes participaron en el encuentro internacional «Narcóticos: problemas y soluciones de esta plaga mundial», promovido por la Pontificia Academia de las Ciencias.

Participan en el congreso alrededor de unos 60 expertos (entre académicos, investigadores, médicos, magistrados, delegados de la ONU y de la sociedad civil). Las sesiones de trabajo comenzaron ayer en el Vaticano y terminarán mañana por la tarde.

La droga, dijo el Papa, es «una herida que atrapa a mucha gente en las redes. Ellas son víctimas que han perdido su libertad para caer en esta esclavitud; esclavitud de una dependencia que podríamos llamar “química”. Es cierto que se trata de una “nueva forma de esclavitud”, como otras muchas que flagelan al hombre de hoy y a la sociedad en general. Es evidente que no hay una única causa que lleva a la dependencia de la droga, sino que son muchos los factores que intervienen, entre otros: la ausencia de familia, la presión social, la propaganda de los traficantes, el deseo de vivir nuevas experiencias». Según Francisco, «cada persona dependiente trae consigo una historia personal distinta, que debe ser escuchada, comprendida, amada y, en cuanto posible, sanada y purificada. No podemos caer en la injusticia de clasificar al drogadicto como si fuera objeto o un trasto roto. Cada persona ha de ser valorada y apreciada en su dignidad para poder ser sanada».

Reflexionando sobre los aspectos sociales de este flagelo, el Pontífice argentino exhortó a «conocer cuál es el alcance del problema de la droga, -que es destructor, es esencialmente destructor- y, sobre todo, la vastedad de sus centros de producción y de su sistema de distribución. Las redes, que posibilitan la muerte de una persona. La muerte no física, la muerte psíquica, la muerte social. El descarte de una persona». «Redes inmensas —insistió—, poderosas, que van atrapando a personas responsables en la sociedad, en los gobiernos, en la familia». Y, a pesar de que el sistema represente «una parte importante del crimen organizado», el desafío verdadero consiste en «identificar el modo de controlar los circuitos de corrupción y las formas de blanqueo de dinero».

El Papa recordó el caso de un juez argentino, que luchaba en primera línea contra el narcotráfico y por lo mismo recibía amenazas. «Al poco tiempo —contó— recibió una foto de su familia, en el correo: “Tu hijo va a tal escuela, tu esposa hace esto…”, nada más. Un aviso mafioso. O sea, cuando se quiere buscar y ascender por las redes de distribución, uno se encuentra con esa palabra de cinco letras: mafia. Pero en serio. Porque, así como en la distribución se mata al que es esclavo de la droga, en la consumación así también se mata a quien quiera destruir esta esclavitud».

Claro, aclaró, «para frenar la demanda del consumo de drogas se necesita realizar grandes esfuerzos e implementar amplios programas sociales orientados a la salud, al apoyo familiar y, sobre todo, a la educación, que considero fundamental. La formación humana integral es la prioridad; ella da a las personas la posibilidad de tener instrumentos de discernimiento, con los cuales puedan desechar las diferentes ofertas y ayudar a otros. Esta formación principalmente está orientada a los vulnerables de la sociedad, como pueden ser los niños y los jóvenes, pero también es valioso extenderla a las familias y a los que sufren algún tipo de marginación. Sin embargo —subrayó Papa Francisco—, el problema de la prevención de la droga como programa siempre se ve frenado por mil y un factores de ineptitud de los gobiernos: por un sector del gobierno de acá, de allá o de allá. Y programas de prevención de droga casi no existen exitosos. Y una vez que avanzó, y ya se radicó en la sociedad, es muy difícil» arrancarla. «Pienso —dijo el Papa— en mi patria: hace 30 años era un país de tránsito; después, de consumo, y hasta algo de producción. En 30 años. Este es el progreso que se da gracias al compromiso mafioso de los responsables…».

Si «la prevención es el camino prioritario», explicó, « es fundamental también trabajar por la plena y segura rehabilitación de sus víctimas en la sociedad, para devolverles la alegría y para que recobren la dignidad que un día perdieron. Mientras esto no esté asegurado, también desde el Estado y su legislación, la recuperación será difícil y las víctimas podrán ser re-victimizadas».

La lucha no es nada fácil, reconoció el Pontífice argentino, y «siempre que uno da la cara y empieza a trabajar, en esto corre el riesgo de ese juez de mi patria de recibir una cartita con alguna insinuación. Pero estamos defendiendo a la familia humana, defendiendo a los jóvenes, a los niños. Como se dice en el campo: “Defendiendo la cría, defiendo el futuro”. No es una cosa de disciplina momentánea, es una cosa que se proyecta hacia delante».

El congreso en la Casina Pío IV, explicó el canciller de la Pontificia Academia de las Ciencias, monseñor Marcelo Sánchez Sorondo, se concentra sobre todo en el aspecto científico del problema, tratando tanto de identificar las consecuencias del abuso de estupefacientes como de identificar los posibles usos terapéuticos de algunas substancias. También hubo ponentes que hablaron sobre las medidas más eficaces para rescatar a las víctimas de la droga y para afrontar el sistema criminal que se alimenta justamente con el comercio de las mismas. Han intervenido, entre otros, la reina Silvia de Suecia, fundadora del World Childhood Foundation, y el argentino Gustavo Vera, titular de la Fundación Alameda.

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