Abusos en Chile; se esperan decisiones tras el encuentro entre el Papa y los obispos

Abusos en Chile; se esperan decisiones tras el encuentro entre el Papa y los obispos

¿Qué pasará después de las conversaciones entre Francisco y los pastores chilenos? La renuncia inmediata de algún obispo y una renovación de las jerarquías a lo largo de los próximos meses

Lo escribió en la carta que envió el 8 de abril a los obispos de Chile, hablando del necesario discernimiento para identificar las «medidas, a corto, mediano y largo plazo, con el objetivo de reparar en lo posible el escándalo y restablecer la justicia». Y después de los encuentros en Santa Mata con las tres víctimas del padre Fernando Karadima, y de la conferencia de prensa en la que Juan Carlos Cruz, James Hamilton y José Andrés Murillo invocaron «acciones ejemplares» para que las palabras de perdón no se queden en «letra muerta», se prevé que lleguen algunas decisiones al respecto dentro de poco tiempo. La Santa Sede anunció que al final de los tres día de conversaciones con más de 30 obispos chilenos (del 15 al 17 de mayo), no habrá declaraciones del Pontífice. Pero esto no quiere decir que no habrá declaraciones de los mismos obispos, así como tampoco que se comuniquen las primeras medidas a corto plazo. 

  

¿Qué se puede esperar? El aumento de la expectación y el deterioro de la situación en Chile para todos los eclesiásticos que rodearon de diferentes maneras al pederasta serial Karadima parecen sugerir que una de las primeras decisiones papales podría relacionarse con los cuatro obispos que se formaron con Karadima, quien preparó en su unión sacerdotal a unos cincuenta curas, muchos de los cuales ocupan en la actualidad puestos de responsabilidad. Los obispos son Juan Barros Madrid, obispo de Osorno, Horacio Valenzuela, obispo de Talca, y Tomislav Koljatic, obispo de Linares. Además hay que añadir al auxiliar de Santiago, Andrés Arteaga, que se encuentra gravemente enfermo. Todos pertenecían a la cofradía sacerdotal de Karadima. Los cuatro habrían presentado al Papa sus renuncias antes de viajar a Roma. Como se sabe, Barros ya lo había hecho antes en dos ocasiones, pero el Papa siempre había rechazado su dimisión. 

  

Se puede pensar que esta vez la disponibilidad para hacerse a un lado sea bien recibida. Pero los cuatro más vinculados con Karadima no son los únicos. Hay otros obispos que a pesar de haber cumplido la edad canónica siguen en servicio. Entre ellos está el cardenal arzobispo de Santiago, Ricardo Ezzati Andrello. En pocos meses también podría ser sustituido, además de otros obispos mayores de 75 años. Lo que es muy probable es que sea sustituido dentro de poco el nuncio apostólico, el arzobispo Ivo Scapolo, que habría decidido retirarse. 

  

Otra cosa es el caso del cardenal Francisco Javier Errázuriz, emérito de Santiago, miembro del llamado “C9”, el consejo que ayuda al Papa en la reforma de la Curia y en el gobierno de la Iglesia universal, que ha sido señalado por las víctimas como uno de los encubridores de los abusos. Podría dejar dentro del poco el “C9”, incluso por razones de edad, pues ya cumplió 84 años. Después de haber dicho en un primer momento que no habría venido «por motivos personales» y que había preparado para el Papa un informe de 14 páginas sobre el caso Karadima, Errázuriz cambió de opinión y partió hacia Roma. También estará con los demás obispos en la reunió con el Papa. Con las sesiones de trabajo que se llevarán en junio de este año, y con la presentación del borrador para la nueva constitución apostólica que define la reforma de la Curia romana, se podría considerar concluida una fase de la tarea del grupo de los cardenales consejeros. Francisco podría aprovechar la ocasión para renovar a sus miembros, sustituyendo a algunos de ellos, incluido Errázuriz. 

  

Además, es previsible que prosigan las oraciones y la actitud penitencial de la Iglesia chilena, y que la misma Conferencia Episcopal, para evitar que se repitan situaciones semejantes, se dote de líneas guía más precisas y eficaces sobre cómo actuar frente a denuncias y señalaciones, encontrando finalmente a las víctimas y manifestándoles esa cercanía que demostró personalmente el PapaFrancisco al recibirlas en la Casa Santa Marta para escucharlas todo el tiempo que fuera necesario, sin preocuparse por el reloj. 

  

Y seguiría pendiente el problema de la desinformación. ¿Quiénes no actuaron correctamente? ¿Quiénes no informaron adecuadamente al Pontífice y lo indujeron a cometer errores que Francisco reconoce y por los que ha pedido perdón? Hay obispos chilenos, incluso nombrados recientemente, que declararon querer saber de quiénes eran las responsabilidades. En el comunicado, para nada blando ni indulgente, que difundió la Santa Sede con el objetivo de anunciar la reunión del episcopado chileno con el Papa, hay una referencia explícita a la necesidad de «discernir juntos en la presencia de Dios la responsabilidad de todos y cada uno en esas heridas devastadoras» que han provocado los abusos sexuales y de poder que en el país sudamericano, y «el estudio de los cambios adecuados y duraderos que impidan la repetición de actos siempre reprobables». 

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