Skorka: la visión de una Jerusalén de paz

Skorka: la visión de una Jerusalén de paz

Entrevista con el Rabino a un año del histórico peregrinaje a la Tierra Santa con Papa Francisco

Por ELENA DINI

Este año se festeja el 50 aniversario de la declaración conciliar sobre las relaciones de la Iglesia con las religiones no cristianas «Nostra Aetate», que ha marcado un momento importante dentro del diálogo interreligioso y ecuménico y, en particular, con el mundo hebraico. Para celebrar esta efeméride, la conferencia anual del International Council for Christians and Jews se llevó a cabo este verano en Roma y pudo reunirse con Papa Francisco en una audiencia en la que el Santo Padre recordó que «Un verdadero diálogo fraterno ha podido desarrollarse a partir del Concilio Vaticano II, después de la Declaración ‘Nostra Aetate’. Este documento representa, de hecho, el ‘Sí’ definitivo a las raíces hebraicas del cristianismo y el ‘No’ irrevocable al antisemitismo. Celebrando el cincuenta aniversario de ‘Nostra Aetate’, podemos ver los ricos frutos que ha producido y hacer, con gratitud, un balance del diálogo hebraico-católico». Entre los que participaron en la conferencia, también estaba el rabino argentino Abraham Skorka, que se encontraba en primera fila para saludar a su amigo Jorge Mario Bergoglio. Después nos concedió esta entrevista.

Ha pasado un año después del histórico peregrinaje que hizo con Papa Francisco a Tierra Santa. ¿Por qué decidió unirse a él en aquel viaje?

«La Tierra Santa ha sido uno de los temas que a menudo hemos analizado juntos, incluso en nuestro libro. El punto es: ¿qué podemos hacer para favorecer la paz en Medio Oriente, particularmente en la Tierra Santa? Para mí, el Estado de Israel es un argumento importante, se trata de un Estado que vide el desafío de demostrar el desarrollo de la cultura hebraica en nuestros días. El sionismo no es solo un movimiento que reclama y proclama la vuelta de los hebreos a la tierra de Israel. Es también un movimiento cultural mediante el cual el hebreo se transformó en una lengua viva y que se interroga sobre el futuro de la cultura hebrea. Y luego, los nombres ‘Roma’ y ‘Jerusalén’. Existe un antagonismo histórico entre estas dos ciudades, que es mencionado incluso en el Talmud: Roma derrotó la provincia de Judea en esa guerra terrible entre el 67 y el 70, que concluyó con la destrucción del Templo de Jerusalén. En el 73 fue el episodio de Masada y después, entre el 132 y el 135, la terrible guerra que sacó adelante Adriano. Lo que tratamos de hacer fue un peregrinaje a la Tierra Santa con un mensaje de paz y con la esperanza de que la división que se produjo en dos mil años de enfrentamientos pueda ser colmada con sentimientos de pureza y amor, recreando de esta manera la posibilidad de ver en el otro un hermano en nuestra misma condición humana. La idea era la de ir al lugar hacia el que dirijo mis ‘tefilot’, mis oraciones, y al lugar en el que Jesús -que es tan especial para la fe cristiana- nació, vivió y dejó su mensaje. Se trata, pues, de un lugar especial que tenemos en común, y, cuando vi a Francisco después de que fue elegido Papa, le dije: ‘Vamos a Israel’. Este es el lugar en el que nuestra religiosidad, nuestra visión de Dios y nuestra conexión con Él fue fundada. Somos hijos, los descendientes de los grandes profetas que desde Jerusalén anunciaron sus profecías. Iba con nosotros también nuestro querido amigo Omar Abboud para demostrar que todas las religiones abramíticas deben abrazarse para formar un círculo en el que corra una energía espiritual que, según nuestras Sagradas Escrituras, traerá la paz al mundo. Este es nuestro desafío y esta fue la razón de aquel, que no fue un viaje, sino un peregrinaje.»

Usted habló, por una parte, sobre la importancia del lugar en sí, de Jerusalén, y, por otra, de su mensaje universal. Usted, Papa Francisco y Omar Abboud: ninguno de los tres es originario de la Tierra Santa ni vive allí. ¿Qué piensan sobre lo que una realidad como la Orden del Santo Sepulcro, que tiene más de 30 mil miembros en el mundo, puede hacer en los lugares en los que se encuentra para favorecer el encuentro y la paz en este espíritu?

«Nuestro peregrinaje puede ser definido como una invitación a la paz en el lugar en el que Isaías dijo: ‘Puesto que de Sión saldrá la Torá y de Jerusalén la Palabra del Señor’ (Is, 2, 3). Pero, ¿qué significa la palabra Torá? ¡Paz! Este versículo se sitúa dentro de la descripción de una realidad de paz en la que el pueblo no levantará la espada contra el otro y las espadas serán transformadas en rejas del arado. Nosotros recibimos esta idea, pero ¿cómo podemos ponerla en práctica por el mundo? Cada comunidad cristiana y cada comunidad hebraica deben tener programas interreligiosos. El primer paso es el de encontrarse entre hebreos y cristianos de diferentes denominaciones, conocerse y confrontarse sobre algunos temas. Claro, al principio la confrontación no debe ser sobre argumentos particularmente sensibles, sino sobre problemas cotidianos analizados desde el punto de vista hebraico y cristiano, y, después, estudiarlos juntos, como Francisco propuso en la ‘Evangelii Gaudium’. Este debe ser el punto de partida: conocerse y trabajar juntos para resolver los problemas que afectan a la sociedad común.»

¿Le gustaría concluir compartiendo una oración que pueda sostener el esfuerzo de trabajar por la paz en la Tierra Santa?

«Todas nuestras oraciones citan versículos de la Biblia. Recuerdo algunos pasajes del libro de Isaías. En el capítulo 2 está la famosa imagen de una Jerusalén de paz. Es la paz el don que debemos pedir a Dios: debemos pedir que nos bendiga (y quiero decir hebreos, cristianos y musulmanes) para aceptar al otro con respeto, para ver en él a un hermano. Entonces, seguramente seremos capaces de construir una Jerusalén de paz en la que todos tendremos la posibilidad de expresar los mejores sentimientos, las mejores ideas y los mejores pensamientos que tengamos. El otro pasaje que creo que es una ‘tefilá’, una oración, en Isaías está al final del capítulo 19, en donde se predice la existencia de una vía que conectará Egipto con Asiria, y después ‘Israel será el tercero con Egipto y Asiria, una bendición en medio de la tierra. Los bendecirá el Señor de los ejércitos: «Benditos sean el Egipcio, mi pueblo, el Asirio, obra de mis manos, e Israel, mi herencia»’ (19, 24-25). Ese día, es lo que comprendo y rezo, todos los pueblos adorarán a Dios y será una bendición para el mundo entero. El tercer pasaje en Isaías que me parece relevante, como oración, es la frase: ‘Porque mi templo se llamará casa de oración para todos los pueblos’ (56, 7). Dios nos bendecirá, a todos, y transformará la ciudad de Jerusalén en la casa de Dios. No porque Dios viva en esta casa, sino para que cualquier persona que vaya a Jerusalén, sin importar su fe, tenga la posibilidad de encontrar en esta ciudad una verdadera dimensión espiritual. De esta manera podremos honrar verdaderamente la memoria de los profetas de Israel, de sus grandes maestros, de Jesús y Mohamed.»

En colaboración con la Orden Ecuestre del Santo Sepulcro de Jerusalén

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