La purificación del Padre en Yom Kippur

La purificación del Padre en Yom Kippur

En conexión al versículo, “… se purificarán delante de Hashem” (Vayikrá 16:30), Rabí Akibá exclamó, “¡cuán dichosos son los yehudim… pues su Padre Celestial los purifica!” (la última mishná de Yomá). ¿Cuál es la dicha especial de que nuestro Padre Celestial nos purifique? ¿Qué diferencia hace quién es el que purifica? ¿No es lo importante estar limpio de pecado?

 

 

Hay veces en que el individuo peca en un nivel que no debería. Es decir, tropieza en un pecado mucho más grave y bajo que el nivel en que se encuentra. Tal vez piense que no merece ser perdonado por esa transgresión- por eso está escrito que es el Padre el purificador, que es omnipotente. No solamente es nuestro Padre, sino que también es Celestial, por eso, a pesar del grave pecado, Él nos purifica; a diferencia de un mortal, que no aceptaría la teshubá de tal falta. Además, si la purificación fuese efectuada por medio de un ángel o de una persona, ésta sería limitada, pero no es así con nuestro Padre, puede purificarnos completamente, pues al fin y al cabo es nuestro Padre y es Celestial, todopoderoso.

El Maguid Midubna ofreció otra explicación: Si un médico debe curar a su paciente, no vacila en hacerlo, a pesar de los dolores que le provoque. Sin embargo, si el enfermo es su propio hijo, se esforzará al máximo para sanarlo sin sufrimiento [o por lo menos lo minimizará en lo posible]. Por eso, dichosos somos porque nuestro Padre nos purifica, sin dolor y sin martirios, sino por medio de una medicina suave. [Por ello, si evidenciamos que alguien sufre, debemos saber- sin duda alguna- que el Rey le manda ese sufrimiento como un último recurso, porque es lo mejor para el afligido.]

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