Nueva carta apostólica busca fomentar el amor por la Biblia

Nueva carta apostólica busca fomentar el amor por la Biblia

En pontífice lamenta que muchos padres no enseñen a sus hijos la "fuerza espiritual" de las Sagradas Escrituras. "Sacrae Scripturae affectus" se da a conocer en el 16° centenario de la muerte de san Jerónimo, primer traductor de la Biblia al latín vulgar.

El Papa Francisco firmó este miércoles la carta apostólica 'Sacrae Scripturae affectus', del latín 'Amor a la Sagrada Escritura' para fomentar el amor a la Biblia por parte de los fieles cuando se cumple 16° centenario de la muerte de San Jerónimo, el primer traductor de la Biblia, reconocido universalmente por trasladar su mensaje del latín, usado sólo por una minoría erudita, al latín vulgar que se hablaba en las calles.

"El ejemplo de este gran Doctor y Padre de la Iglesia, que puso la Biblia en el centro de su vida despertará en todos un renovado amor por la Sagrada Escritura y el deseo de vivir en diálogo personal con la Palabra de Dios", señaló Francisco durante la audiencia general de este miércoles. 

El pontífice ya instituyó el 'Domingo de la Palabra de Dios' que la Iglesia celebrará cada tercer domingo del tiempo ordinario y que este año fue el 26 de enero.

En “Scripurae Sacrae affectus”, el Papa destaca la “estima por la Sagrada Escritura, un amor vivo y suave por la Palabra de Dios escrita” como la “a herencia que san Jerónimo ha dejado a la Iglesia a través de su vida y sus obras”.

Asimismo, lamenta que “en muchas familias cristianas nadie se siente capaz –como en cambio está prescrito en la Torá– de dar a conocer a sus hijos la Palabra del Señor, con toda su belleza, con toda su fuerza espiritual”.

Según reconoce el pontífice, ese es el motivo que le llevó a establecer el Domingo de la Palabra de Dios, “animando a la lectura orante de la Biblia y a la familiaridad con la Palabra de Dios”.

San Jerónimo, “estudioso, traductor, exegeta, profundo conocedor y apasionado divulgador de la Sagrada Escritura; fino intérprete de los textos bíblicos; ardiente y en ocasiones impetuoso defensor de la verdad cristiana; ascético y eremita intransigente, además de experto guía espiritual, en su generosidad y ternura. Hoy, mil seiscientos años después, su figura sigue siendo de gran actualidad para nosotros, cristianos del siglo XXI”, afirma.

El Papa comienza la carta apostólica narrando un hecho decisivo en la vida de San Jerónimo: “El 30 de septiembre del año 420, Jerónimo concluía su vida terrena en Belén, en la comunidad que fundó junto a la gruta de la Natividad”.

“De este modo se confiaba a ese Señor que siempre había buscado y conocido en la Escritura, el mismo que como Juez ya había encontrado en una visión, cuando padecía fiebre, quizá en la Cuaresma del año 375”.

El Santo Padre explica que “en ese acontecimiento, que marcó un viraje decisivo en su vida, un momento de conversión y cambio de perspectiva, se sintió arrastrado a la presencia del Juez: ‘Interrogado acerca de mi condición, respondí que era cristiano. Pero el que estaba sentado me dijo: Mientes; tú eres ciceroniano, tú no eres cristiano’”.

“San Jerónimo, en efecto, había amado desde joven la belleza límpida de los textos clásicos latinos y, en comparación, los escritos de la Biblia le parecían, inicialmente, toscos e imprecisos, demasiado ásperos para su refinado gusto literario”.

Este episodio central de la vida de San Jerónimo lo impulsó a tomar la decisión “de consagrarse totalmente a Cristo y a su Palabra, dedicando su existencia a hacer que las palabras divinas, a través de su infatigable trabajo de traductor y comentarista, fueran cada vez más accesibles a los demás”.

Fruto de ese llamado de San Jerónimo es la Vulgata, la traducción de la Biblia del hebreo y griego original al latín. “La Europa medieval aprendió a leer, orar y razonar en las páginas de la Biblia traducidas por Jerónimo”.

El pontífice subraya en la carta que los estudios de San Jerónimo sobre la Sagrada Escritura ponen de relieve que la Escritura no la “podemos leer por nuestra cuenta: La Biblia ha sido escrita por el Pueblo de Dios y para el Pueblo de Dios, bajo la inspiración del Espíritu Santo. Sólo en esta comunión con el Pueblo de Dios podemos entrar realmente, con el “nosotros”, en el núcleo de la verdad que Dios mismo quiere comunicarnos”.

“Jerónimo nos enseña que no sólo se deben estudiar los Evangelios, y que no es solamente la tradición apostólica, presente en los Hechos de los Apóstoles y en las Cartas, la que hay que comentar, sino que todo el Antiguo Testamento es indispensable para penetrar en la verdad y la riqueza de Cristo”.

También señala que “el amor apasionado de san Jerónimo por las divinas Escrituras está impregnado de obediencia. En primer lugar, respecto a Dios” y también “la obediencia a quienes en la Iglesia representan la tradición interpretativa viva del mensaje revelado”.

“Podemos considerar a san Jerónimo como un ‘servidor’ de la Palabra, fiel y trabajador, completamente consagrado a favorecer en sus hermanos de fe una comprensión más adecuada del ‘depósito’ sagrado que les ha sido confiado”.

El Papa finaliza su carta afirmando que “verdaderamente, Jerónimo es la ‘biblioteca de Cristo’, una biblioteca perenne que dieciséis siglos después sigue enseñándonos lo que significa el amor de Cristo, un amor que no se puede separar del encuentro con su Palabra”.

El texto completo de la carta puede leerse en: http://www.vatican.va/content/francesco/es/apost_letters/documents/papa-francesco-lettera-ap_20200930_scripturae-sacrae-affectus.html

Comentá la nota