Mons. Rodríguez Gallego: "La Virgen siempre une"

Mons. Rodríguez Gallego:

La parroquia Nuestra Señora del Pilar, en la ciudad de Pilar, diócesis de Zárate-Campana, celebró el 12 de octubre sus fiestas patronales.

 

La parroquia Nuestra Señora del Pilar, en la ciudad de Pilar, diócesis de Zárate-Campana, celebró el 12 de octubre sus fiestas patronales. En los días previos a la fiesta central, la imagen de la Virgen recorrió las calles de la ciudad derramando su gracia a los fieles. La misa, en la tarde del lunes, estuvo presidida por el obispo auxiliar electo, monseñor Justo Rodríguez Gallego.

En su homilía, el obispo auxiliar hizo un recorrido histórico sobre la advocación: “La Virgen se aparece, según una antiquísima tradición, de los primeros signos de la Iglesia, en carne mortal, cuando todavía vivía en esta tierra, y aparece sobre una columna ante el apóstol Santiago, que necesitaba el ánimo para continuar la misión de evangelizar España, que entonces era una provincia del imperio romano”.

“Esta fe, que echó raíces y que muchos siglos después, esa fe sería traída hasta estas tierras. De ahí que la Virgen del Pilar también fuera nombrada por el papa San Juan Pablo II - precisamente en el viaje que iba a hacer a Santo Domingo, para celebrar los 500 años de la evangelización de América, su primera escala fue en Zaragoza, en la basílica de Nuestra Señora del Pilar – y ahí él la llamó Patrona de la Hispanidad”, recordó.

“La Virgen siempre une. Unió el cielo y la tierra, engendrando a Jesús y dándonos a Jesús como nuestro salvador. Unió el viejo mundo: Europa, con el nuevo mundo. Nos unió en una misma fe. Y acá, en este lugar, en Pilar, también unió a las partes encontradas, y peleadas, y se pudo resolver de alguna manera en el Tratado del Pilar. Ella siempre une”, reflexionó.

Retomando las palabras del ángel a la Virgen: “Dios está contigo”, el prelado afirmó que, al igual que Dios protege a su pueblo en el desierto, nos protege a nosotros. “Nosotros en este tiempo estamos atravesando un desierto difícil: el desierto de la pandemia, de esta enfermedad que, como todos experimentamos, está teniendo graves consecuencias sobre la salud, sobre el trabajo, sobre la economía. No solamente en lo que sufrimos, sino también la incertidumbre: ¿Qué va a pasar? ¿Hasta cuándo?”, reconoció.

“Cuando una prueba es corta, es más fácil. Cuando se alarga en el tiempo y no le vemos la salida, estamos más tentados de tener miedo, de agobiarnos, de angustiarnos. Nosotros estamos ahora caminando este desierto”, admitió. “Y en este desierto, Dios también nos protege, nos ofrece, nos da la columna, que es su Madre. Ella nos cuida. Dios le ha encargado eso”, afirmó. 

“Y nosotros queremos recibirla en nuestras casas, en lo más profundo de nuestro hogar, de nuestro corazón, de nuestras familias, de nuestra sociedad, de nuestra Nación. Ella es nuestra columna, la que nos alivia del agobio del calor, y la que nos calienta y nos abraza como madre cuando sentimos el frío de la soledad o del miedo”.

“Dejemos resonar en nuestro corazón la palabra de Dios que dice: Yo estoy contigo, no temas. Yo estoy contigo. Solamente así vamos a encontrar la paz, y con esa paz, con esa fortaleza que nos da la Palabra de Dios y la cercanía maternal de la Virgen, podremos afrontar este tiempo difícil y el que venga, que no sabemos cómo será. Un tiempo en el que, precisamente, en torno a la Madre, tenemos que permanecer unidos, ayudándonos unos a otros”, animó.

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