Kazajistán, el jefe de los obispos: Francisco nos trae un modelo de fraternidad

Kazajistán, el jefe de los obispos: Francisco nos trae un modelo de fraternidad

Monseñor José Luis Mumbiela Sierra explica que la participación del Pontífice en el próximo Congreso de Líderes de Religiones Mundiales y Tradicionales es un gran logro: "servirá para subrayar nuestra vocación de ser un ejemplo de convivencia pacífica entre diferentes etnias y religiones". La nación se ha embarcado en un sólido diálogo intercultural e interreligioso que está enriqueciendo a toda la sociedad

 

"La presencia del Santo Padre constituye para el mismo Congreso su mayor conquista en todos estos años, porque el Pontífice es la figura internacional más importante y reconocida en el ámbito de la promoción del diálogo entre las diferentes naciones, culturas y religiones". Monseñor José Luis Mumbiela Sierra, presidente de la Conferencia Episcopal de Kazajistán y obispo de la diócesis de la Santísima Trinidad en Almaty, explica así la importancia de la participación del Papa Francisco en el VII Congreso de Líderes de Religiones Mundiales y Tradicionales que tendrá lugar en Nur-Sultan, la capital del país, los días 14 y 15 de septiembre.

Diálogo fructífero

Kazajstán -nación situada entre Asia y Europa y que se independizó en 1990 tras la disolución de la Unión Soviética, de la que formaba parte- está formada por diferentes grupos étnicos, una mayoría musulmana y una minoría cristiana, principalmente ortodoxa. En este contexto tan diverso, el diálogo interreligioso e intercultural lleva varios años enriqueciendo al conjunto de la sociedad. Según Monseñor Mumbiela Sierra, que también ha sido elegido recientemente presidente de la Conferencia Episcopal de Asia Central, es de esperar que "las palabras que pronunciará el Papa Francisco durante su visita sean recibidas con fervor para que, en el futuro, este mismo congreso se transforme en un auténtico laboratorio para la paz en el mundo".

Monseñor Mumbiela, ¿qué valor tendrá la presencia del Papa en Kazajistán para todo el país?

Creo que su presencia sirve para subrayar la vocación de este país de ser un modelo de convivencia pacífica entre diferentes etnias y religiones. En sus 30 años de independencia, Kazajistán ha querido marcar esta hoja de ruta en su nuevo recorrido por la historia. Es un camino que no está exento de dificultades, por supuesto, pero vale la pena ser fiel a los grandes principios aunque cuesten sacrificios. Además, la visita del Papa es siempre un estímulo para que no se pierda ni se apague la sal y la luz que los católicos estamos llamados a transmitir en este país. Por el contrario, su visita será un momento de gracia para que los discípulos de Jesucristo puedan renovar su fe, su esperanza y su caridad. De este modo, a través de nosotros, todo el país puede recibir una mayor bendición, porque el auténtico testimonio de fe es una ganancia para todos los que viven entre nosotros. Mucho depende de nuestra fidelidad personal al Evangelio.

¿Cuáles serán los temas de este Congreso y cómo se desarrollará?

En principio, el tema central del Congreso de este año es estudiar y evaluar el papel que los líderes religiosos están llamados a desempeñar en el desarrollo espiritual y social de la humanidad en el periodo post-pandémico. Durante las fechas del encuentro están previstas varias presentaciones y mesas redondas, así como la publicación de un documento conjunto.

¿Cuál es la dimensión y el papel del diálogo interreligioso e intercultural en Kazajistán? ¿Qué frutos ha dado a lo largo de los años?

Durante 30 años, cuando Kazajistán emprendió el camino de la independencia, quiso que la armonía entre las diferentes religiones, junto con la unidad entre varios grupos étnicos, fueran los pilares sociales para construir un país próspero. A lo largo de todos estos años, el mismo gobierno ha promovido el diálogo, la comprensión mutua y la amistad entre los diferentes líderes religiosos de una ciudad, provincia o región. Incluso en el calendario oficial hay un día al año, el 18 de octubre, dedicado a la armonía religiosa: en torno a esa fecha suelen celebrarse mesas redondas o celebraciones conjuntas. La propia celebración de congresos de líderes religiosos mundiales en la capital de Kazajstán en los últimos años ha sido una clara señal de que esto no es sólo una idea para nuestro país, sino que habla de una clara convicción: es el camino para todos los países, para la paz en el mundo.

¿Cómo promueve la Iglesia este diálogo?

Intentamos participar activamente a todos los niveles, ya sea a nivel de centros pequeños, como las ciudades, o a nivel regional o nacional. Además, lo más importante, a nivel personal, es que se creen amistades sinceras entre nuestros sacerdotes u obispos y los representantes de otras confesiones, cristianas y no cristianas. También inculcamos este mismo espíritu entre nuestros fieles, para que la convivencia social se base en los principios claros y sólidos de la fraternidad y la coexistencia pacífica entre personas de diferentes culturas y religiones.

En su opinión, ¿cuál es el desarrollo futuro del diálogo interreligioso e intercultural en el país?

El futuro de cada generación es un reto, porque tiene que crearse sobre la base de creencias que deben renovarse con frecuencia. En estos 30 años se ha hecho un gran esfuerzo y no sería bueno bajar el nivel. Como sabemos, las circunstancias sociales, también influidas por la vida internacional, pueden cambiar de la noche a la mañana. Evangelizar también significa fortalecer la convivencia social mediante el diálogo y la cordialidad entre quienes profesan creencias diferentes, o ninguna.

Recientemente ha sido elegido presidente de la Conferencia Episcopal de Asia Central: ¿qué importancia tiene el diálogo interreligioso e intercultural para los demás países que integran el organismo eclesial que usted representa?

Cada país tiene sus propias circunstancias. Nuestra nueva Conferencia Episcopal es muy diversa en este sentido. Como es fácil adivinar, no es lo mismo en Kazajistán que en Afganistán. Por ejemplo, nuestros países son todos de mayoría musulmana, excepto Mongolia, donde la mayoría es budista. Son, por tanto, realidades muy diferentes. Pero, en general, todos estamos convencidos de que la vocación a la unidad no es sólo un sueño intraeclesial, sino un anhelo de unión entre todos para que reine la paz que nos trajo Cristo. No somos peregrinos en busca de una unidad inalcanzable, sino testigos de una unidad que ya se vive en nuestros corazones, porque el único Dios habita en nuestras almas y nos envía para que todos los creados a su imagen y semejanza disfruten de su vida y su amor.

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