De Donatis: Los mayores nos enseñan a llamar a la puerta de Dios

De Donatis: Los mayores nos enseñan a llamar a la puerta de Dios

El cardenal vicario del Papa para la diócesis de Roma celebró la Misa en una abarrotada Basílica de San Pedro con motivo de la II Jornada Mundial de los Abuelos y los Mayores, instaurada por el Santo Padre Francisco en 2021. En su homilía, el purpurado señaló las enseñanzas y los frutos que los ancianos dejan a sus nietos y, en general, a toda la comunidad de fieles, enriqueciendo su fe y su esperanza

 

"En este día demos gracias al Señor que nos llama a ser constructores de la revolución de la ternura": en la apertura de la celebración eucarística de la Jornada Mundial de los Abuelos y los Ancianos, el cardenal Angelo De Donatis, vicario general del Papa para la diócesis de Roma, recordó ante todo el corazón del mensaje con el que Francisco exhorta a los hombres de la tercera edad a un nuevo protagonismo espiritual.

En la vejez darán frutos

El cardenal, que presidió la Misa por mandato del Santo Padre que inició esta mañana su viaje apostólico a Canadá, también dirigió su primer pensamiento en la homilía al Papa Francisco "que ha querido este día para ustedes, ancianos y ancianas, para que, con sus familias y con la Iglesia, sientan el afecto y el apoyo de todos, seguros de que, como dice el Salmo 44, en la vejez seguirán dando frutos: su sabiduría, su fe, su amor".

Los ancianos piden a Dios la paz

Además, el purpurado se refirió en su homilía a la liturgia de la Palabra de hoy, en la que Jesús enseña a los discípulos a rezar el Padrenuestro y a dirigirse a Dios en caso de necesidad. También en las lecturas de hoy está Abraham que pide; implora al Señor que salve a Sodoma y Gomorra, una imagen en la que el cardenal ve a los ancianos que, miran "el mundo con gran dificultad, y siguen intercediendo y pidiendo a Dios la paz, la salud, la concordia, no para ellos, sino para sus hijos y nietos". El vicario del Papa recordó asimismo que muchos ancianos nacieron durante, o inmediatamente después, de la guerra y el mal que vieron de niños fue suficiente, para muchos de ellos, para desear sólo el bien y la paz. Y así asumen el mismo papel de Abraham que pide a Dios que salve el mundo.

Llamar a la puerta de Dios

"Queridos, con su deseo de bien – continuó el cardenal De Donatis – nos recuerdan que ahí arriba late el corazón mismo de este Dios. Es el corazón de un Padre. Es un corazón de Amigo y, muchas veces, son precisamente ustedes, los ancianos, los que nos han enseñado a nosotros, hijos y nietos, a rezarle, a llamar a su puerta, a pedirle algo. Cuántas veces ustedes los ancianos – continuó el cardenal – tuvieron que caminar en medio de la noche de la vida, pero guiados por la brújula del corazón. Y de casa en casa, de corazón en corazón, nos han enseñado que rezar es hacer circular el pan del amor por las venas del mundo [...]. Ustedes, queridos abuelos, nos han enseñado a llamar a las puertas de Dios. Nos han enseñado que incluso cuando la puerta está cerrada, más allá de la puerta hay un amigo, hay un Padre”. 

Visitar a los ancianos es una obra de misericordia

El vicario del Papa ofreció, por otra parte, una similitud entre el amor de Dios, que "siempre nos da algo, aunque no lo hayamos pedido", y el amor gratuito de los abuelos a sus nietos. En este contexto, el cardenal se dirigió a los jóvenes, exhortándolos a llamar a la puerta de Dios a través de la de sus abuelos: "Esa puerta no está lejos, es la puerta de la casa que los ha generado. Un encuentro con Dios que en la práctica se produce a través de la experiencia de la relación con el anciano. La invitación, por tanto, fue a visitar a los ancianos que están más solos, en su casa o en las residencias en las que están alojados, procurando que nadie viva en la soledad. Para fundamentar esta acción, el cardenal De Donatis se apoyó en el mensaje del Papa, que define la visita a los ancianos solos como "una obra de misericordia de nuestro tiempo". 

La certeza de tener un Padre

Por último, el cardenal se detuvo en la importancia de la oración y en el Padrenuestro que se nos ofrece de nuevo hoy en la liturgia de este domingo. "Quizá muchos de nosotros aprendimos esta oración de nuestros abuelos, viéndolos rezar", señaló el purpurado, "es la oración en la que nunca se dice 'yo', en la que nunca se dice 'mío', sino siempre 'tuyo' y 'nuestro'. Jesús, con estas palabras, según la versión de Lucas, nos enseña las pocas cosas que son verdaderamente necesarias. Son tres: el pan, el perdón y la lucha contra el mal". El vicario del Papa recordó además que hay una cuarta cosa más necesaria aún: la certeza de tener un Padre, un Dios que pide ser llamado amigo. "Y no podríamos recibir un regalo mayor", concluyó, "somos abuelos, hijos, nietos, pero juntos somos hermanos que se dirigen a Dios llamándolo papá".

La Jornada querida por Francisco

El Papa Francisco estableció en el 2021 que esta Jornada Mundial de los Abuelos y de los Mayores se celebre cada año el cuarto domingo de julio, en torno a la fiesta de los Santos Joaquín y Ana, abuelos de Jesús, que cae el 26 de julio. Hoy, por lo tanto, todas las diócesis, parroquias y comunidades eclesiales del mundo están llamadas a celebrar esta Jornada, cuyo lema, indicado por el Santo Padre, es: "En la vejez seguirán darán fruto" (Sal 92, 15). Hay dos formas principales de participar en la Jornada, sugeridas por el Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida: celebrando una liturgia dedicada a los ancianos y a los abuelos o visitando a los ancianos solos.

El mensaje del Papa

Para el título de su mensaje para esta Jornada de los Abuelos y de los Mayores de este año, "En la vejez seguirán dando fruto", Francisco recurrió al versículo del Salmo 92 para enviar una señal al mundo entero sobre esta edad de la vida. El versículo es precisamente un himno para superar la mentalidad utilitaria del mundo actual y esa "cultura del descarte" que, según el Papa, considera la vejez una especie de enfermedad. Con la institución de esta Jornada para toda la Iglesia, el Papa desea realzar el papel social de los abuelos, pero también su contribución espiritual en la transmisión de la fe a las siguientes generaciones, en el marco de la familia entendida como la primera forma de Iglesia doméstica. En particular, Francisco llama a todos los abuelos y ancianos a aportar su contribución a lo que él denomina la revolución de la ternura, "una revolución espiritual y desarmada”.

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