“Charlie Hebdo” y el atentado en París

“Charlie Hebdo” y el atentado en París

Después del atentado yihadista a la revista satírica francesa, que dejó doce muertos, la editorial no llega a “elaborar el luto” y ha decidido postergar su próxima entrega para el 26 de febrero.

Además de los problemas técnicos debidos a la necesidad de suplantar a los dibujantes asesinados, de una sede que debe ser reestructurada, de la necesidad de encontrar una nueva organización redaccional y los problemas económicos finalmente resueltos (tres millones de euros originó la edición del 14 de enero y sus suscriptores que se duplicaron en una semana)… deben considerarse dos argumentos fundamentales: ¿Cómo responder desde la redacción al ataque terrorista y, por lo tanto, cómo relacionarse con el Islam? Y ¿cómo afrontar las muchas críticas recibidas desde los “je ne suis pas Charlie” (yo no soy Charlie), es decir de quienes no aceptan el “derecho a la blasfemia” que caracteriza a la revista en cuestión?

Más allá de la indignación que suscita el baño de sangre en la redacción de París, han surgido en la sociedad francesa no pocos interrogantes sobre la oportunidad o no de desafiar tan abiertamente a la muy presente sensibilidad del mundo musulmán, que no acepta que se ofenda al Profeta y a Allah mismo. Desde Karachi a Dakar, desde Estocolmo a Yakarta.

Por otra parte, en Europa varios países (Gran Bretaña y Alemania a la cabeza) decidieron no emprender el camino de esa “libertad absoluta” auspiciada por París: los dibujos de Charlie Hebdo no han sido publicados, salvo en ediciones menores. 

El hecho tuvo repercusiones políticas mientras, entre líneas, muchos se preguntan en Francia si la sátira puede justificar tanta violencia.

El problema humano de los periodistas y dibujantes de Charlie Hebdo queda en pie. No creo que podamos ponernos en su situación. “Elaborar el luto” no debe ser nada fácil, sobre todo sabiendo que cualquier trazo de lápiz puede suscitar otra condena a muerte.

La pausa de reflexión decretada por la redacción del semanario satírico puede ser una ocasión para meditar con objetividad toda la cuestión: los límites de la libertad de sátira y más en particular la oportunidad de “ofender” a quien piensa diversamente; la necesidad de considerar un mundo que de hecho es multipolar; la prudencia para no encender inútiles focos de violencia en el mundo.

* Michele Zanzucchi es director de la edición italiana de Città Nuova

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