Caso Maduro, la mediación del gobierno italiano y del Vaticano

Caso Maduro, la mediación del gobierno italiano y del Vaticano

El objetivo es contribuir para reabrir el diálogo entre las partes. La prioridad es la ayuda humanitaria

Italia entra a la crisis venezolana con una misión del consejero diplomático del presidente del Consejo Piero Benassi, en compañía del nuncio apostólico Aldo Giordano. El objetivo es ayudar para que se retome el diálogo entre las partes y convertir a Roma en el lugar adecuado para una posible intermediación. La Santa Sede desde hace tiempo se declaró «dispuesta y deseosa de hacerlo que sea posible por el bien y la serenidad» de Venezuela, pero solamente «si existen las premisas para jugar un papel que ayude a alcanzar el objetivo deseado».

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La prudencia vaticana 

En un principio, la prudencia de la diplomacia vaticana se reforzó debido a la «particularidad complejidad de la situación de Caracas», explican en el Vaticano. Ahora la postura vaticana corresponde a la del episcopado venezolano, que desde siempre ha estado manifestándose en las calles en contra del gobierno de Maduro. En cierto sentido, el Papa Francisco encomendó a los obispos venezolanos definir la política que poner en práctica, mientras el Vaticano continuaba a seguir de cerca la situación. El Pontífice envió a Maduro una dura carta, desde el saludo inicial: «Excelentísimo Señor», y no «presidente». La línea la está indicando el cardenal Baltazar Porras, arzobispo de Mérida y administrador apostólico de Caracas. Otra figura de referencia es el nuncio Giordano. La mayor preocupación es la ayuda humanitaria a la población, «el punto fundamental para la Iglesia en este momento», afirman en el Vaticano. También hay gran atención por la emergencia humanitaria en la Presidencia del Consejo italiano y en el ministro del Exterior, que ha enviado a Venezuela medicinas y otros bienes de primera necesidad.

Otro de los puntos en los que convergen las políticas del gobierno italiano y de los obispos es la intención de ayudar para que cese la violencia. La Conferencia Episcopal, particularmente, condenó «los excesos por parte de las fuerzas de seguridad», precisando que «siempre hay que evitar que se degenere en la violencia». Los prelados buscan el diálogo, pero se necesitan condiciones básicas para entablarlo y no parecen estar al alcance de la mano: por ejemplo, los obispos han subrayado que no se puede pedir la paz «con un lenguaje incendiario», clara referencia a la retórica de Maduro. 

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