Brasil: Una Iglesia con rostro amazónico

Brasil: Una Iglesia con rostro amazónico

Manaos es la ciudad más poblada de la Amazonía

 Del 6 al 27 de octubre de 2019 se celebrará en el Vaticano la Asamblea Especial del Sínodo de los Obispos sobre la Panamazonía, convocado por el Papa Francisco, sobre el tema: “Amazonía, Nuevos caminos para la Iglesia y para una ecología integral”.

Brasil es uno de los nueve países que comprende el vasto territorio amazónico. La cuenca del Amazonas está constituida por todos los ríos que drenan al río Amazonas. De acuerdo a los datos ofrecidos por el Documento preparatorio del Sínodo, esta es una de las mayores reservas de biodiversidad, ya que ostenta del 30 a 50% de la flora y fauna del mundo y el 20% de agua dulce no congelada de todo el planeta.

Amazonas, mayor estado de Brasil

Amazonas es el mayor de los 26 estados de Brasil, su capital es Manaus. Posee aproximadamente 1.5 millones de kilómetros cuadrados, ocupando más del 18% del territorio nacional. Está ubicado en la región norte del país, limitando al noroeste con Colombia, Perú y Venezuela, así como con los estados brasileños de Roraima, Pará, Mato Grosso, Rondonia y Acre.

Se encuentra dividido en 62 municipios, en un estado de contrastes ya que al mismo tiempo se encuentran las tierras más altas. El estado del Amazonas es bañado por la cuenca hidrográfica amazónica que representa más del 20% del agua dulce del planeta. Los principales ríos son: El Negro (baña la ciudad de Manaus), Amazonas, Solimoes, Madera, Juruá, Purús, Izá, Uaupés y Japurá.

Su población es de 3.323.400 habitantes, encontrándose más de 1.700.000 en Manaus. El clima predominante de la Amazonia es el clima ecuatorial, con una temperatura promedia de 26º C., también es el estado más preservado del país, con más de un 98% de cobertura forestal original.

Río Amazonas

El río Amazonas es el más extenso del planeta y el primero en volumen de agua (100.000 metros cúbicos). Nace en Perú, con el nombre de Vilcanota, Solimões cuando entra en Brasil y, al confluir con el río Negro, en las proximidades de Manaus, recibe el nombre de Amazonas. En algunos tramos tiene una anchura de 10 kilómetros y una profundidad de 100 metros.

En la cuenca amazónica se concentra la mitad de los veinte mayores ríos del mundo que representa una quinta parte de toda la reserva de agua dulce del planeta. Sus ríos, condicionados al régimen de lluvias, constituyen prácticamente las únicas vías de transporte de la zona. Hay más de 20.000 kilómetros de vías fluviales navegables.

Ante los desafíos de la realidad, la Iglesia en la Amazonía, ha dado señales de vitalidad y de su más profunda comunión con aquellos y aquellas que en este contexto son la masa excluida de los planes económicos orientados hacia la región.

Después del Encuentro del CELAM en Medellín, Colombia, en 1968, la Iglesia en América Latina asumió oficialmente la adaptación de la renovación conciliar a la realidad del continente. Este nuevo enfoque eclesiológico también repercutió en la Amazonía.

Proyecto Iglesias hermanas

En 1972 la Iglesia de Brasil inició el Proyecto Iglesias hermanas, buscando la solidaridad entre diócesis y regionales, lo que también favoreció la apertura de algunas prelaturas a otras presencias eclesiales, de sacerdotes y laicos, diferentes al instituto al que habían sido confiadas.

También en aquel año fue fundado el CIMI (Consejo Indigenista Misionero); y fue realizada la Asamblea de las dos Regionales amazónicos en Santarém, con la preocupación de pensar y concretizar “una Iglesia con rostro amazónico” que asumiera toda la socio-diversidad de la región, con sus nuevos rasgos humanos.

Se crearon también institutos para la formación de los agentes y de los futuros sacerdotes de la región. En 1975, nació la CPT (Comisión Pastoral de la Tierra), una nueva visión de la Iglesia en relación a los problemas de la tierra, ofreciendo servicios de asesoría, comunicación, jurídica, etc.

Todo ello dio nuevo impulso a la acción evangelizadora en marcha y favoreció el crecimiento de una Iglesia más local, ministerial y laical, demostrando una gran madurez de su caminata.

Las Pastorales Sociales asumieron un papel significativo debido al empobrecimiento-exclusión del pueblo de la región: el fenómeno de la urbanización con su rastro de miseria y violencia, los conflictos que no dejan de suceder (en la ciudad y en el campo), el trabajo esclavo, la prostitución el narcotráfico, el tráfico de armas, llevaron a las Pastorales a asumir las Semanas Sociales, el Grito de los Excluidos y la defensa de los pobres e injustificados.

Encuentros de obispos 

En 1990 se realizó un encuentro de obispos y coordinadores de pastoral de las diócesis y Prelaturas en Icoaraci, distrito de Belém. Con el tema “En defensa de la vida en la Amazonía”, por primera vez, el medio ambiente fue asumido como importante para la defensa de la vida. La Iglesia se unió a un coro de organizaciones que en todo el mundo se preocupan por la Amazonía.

Veinticinco años después de Santarém, las dos regionales amazónicas realizaron un nuevo encuentro en Manaos, evaluando el camino y la realidad de la región. De ese encuentro surgió un documento: La Iglesia se hace carne y habita en la Amazonía, confirmando una línea evangelizadora-pastoral, una mística amazónica ante un cuadro que no ha cambiado mucho en esos años; en ciertos aspectos, se produjo más exclusión y violencia.

En 2003, se creó la Comisión Episcopal para la Amazonía, en 2007 se celebró en Manaos un encuentro interregional que generó un documento titulado Discípulos Misioneros en la Amazonía. Somos Iglesia al servicio del Reino y aprendemos esta misión en el ejercicio de la misión.

En julio de 2012, se celebró en Santarém, otra reunión de los pastores de la Iglesia de la Amazonía para hacer memoria y celebrar los 40 años de la Asamblea de Santarém (y del célebre documento). Fruto de ese encuentro fue una carta al Pueblo de Dios en la Amazonía con un mensaje de los Obispos y las conclusiones del encuentro titulado Iglesia en la Amazonía: Memoria y Compromiso con las principales decisiones de la Asamblea.

En 2013, el Consejo Episcopal para la Amazonía promovió otro encuentro, esta vez con la participación de todos los regionales que forman parte de la Amazonía Legal, incluyendo el Regional Nordeste Cinco del Estado de Maranhão. El Encuentro fue realizado en Manaos y contó con la participación de cerca de 60 obispos.

Creación de la REPAM

En septiembre de 2014 se creó la RED ECLESIAL PANAMAZÓNICA (REPAM) para sentar las bases de una red en toda la región a partir del diálogo, articulación y construcción de consensos sobre la misión eclesial en la Amazonía. El encuentro fue realizado en Brasilia y contó con la participación de las Iglesias que componen la Panamazonía.

“La Repam busca ser una Red Eclesial que articula las fuerzas de la Iglesia en un camino progresivo en la defensa de la Casa Común y de los pueblos “.

En noviembre de 2016, en Belém se celebró el II Encuentro de la Iglesia Católica en Amazonía Legal y el Encuentro de las Iglesias Hermanas, y dos años más tarde, se realizó en Manaus el III Encuentro de la Iglesia Católica de la Amazonía Legal, que contó con la participación de 58 obispos de todos los Regionales. El tema central fue el Sínodo Extraordinario sobre la Amazonía, convocado por el Papa Francisco, que tiene como tema: Amazonía: nuevos caminos para la Iglesia y para una Ecología Integral.

Al final del Encuentro, se redactó una carta: “Seguimos los rumbos trazados por el proceso sinodal en la firme esperanza de que el Espíritu que conduce a la Iglesia nos animará y sostendrá en nuestra caminata en esta Amazonía, pues sentimos la necesidad de establecer una unidad en torno a los más diversos desafíos que la Amazonía presenta, inmenso esfuerzo, a veces desconexión de la evangelización, de los movimientos y prácticas pastorales para hacer efectiva esa red de solidaridad y comunión”.

Historia de la Iglesia Católica 

El inicio de la presencia de la Iglesia en la Amazonía, así como en todo Brasil, está relacionada a la complejidad de su descubrimiento y la ocupación por la corona portuguesa. Esta presencia tuvo dos vertientes: la vertiente misionera, confiada a algunas órdenes religiosas, y la vertiente de implantación de la Iglesia, con sus estructuras propias, a través de los obispados. Al mismo tiempo, la presencia de la Iglesia tuvo un significado político y cultural.

La evangelización de la Amazonía comenzó con la llegada de los primeros misioneros en 1617: fueron los Franciscanos de la Provincia de Santo Antonio. En 1626 llegaron los Carmelitas, en 1639 los Mercedarios, que eran españoles, los Jesuitas llegaron en 1652, los Franciscanos de la Provincia de la Piedad en 1693 y los Franciscanos de la Provincia de la Concepción en 1706. De la desembocadura del Amazonas al Alto-Solimões y al Alto -Rio Negro – distancia equivalente a 3000 Km hacia el oeste (casi no se encuentran misioneros en dirección norte-sur) – cientos de misioneros plantaron la Cruz de Cristo.

Misiones o aldeas, colegios, haciendas e ingenios que daban el apoyo económico, fueron los “lugares” de la evangelización y de la catequesis del mundo indígena amazónico.

La actuación de los religiosos fue significativa para la formación de los primeros núcleos poblacionales de la Amazonía, estableciendo un modelo urbano que se consolidó en todo el interior amazónico.

Con la creación del Obispado de Belén en 1719, el clero diocesano pasó a tener su lugar en la tarea de establecer la Iglesia en la región a través de las pocas parroquias creadas en lugares de mayor concentración poblacional: Belén, Cametá, Vigia, Tefé, Alvelos, Santarém…

En la mitad del siglo XVIII, la intervención de la política económica y cultural en el estado de Maranhão y Grão Pará para resolver problemas de la frontera con España y la fricción entre los religiosos, sus misiones y los comerciantes portugueses, dio lugar a la expulsión de los jesuitas (1ª vez en 1661, después en 1684 y definitivamente en 1759/60), los Franciscanos (de la Piedad y de la Concepción), y más tarde, de los Mercedarios de la región. Las misiones fueron transformadas en pueblos y parroquias y el clero diocesano pasó a cuidar las parroquias, aunque con muchas dificultades, pues había pocos sacerdotes. Entre 1760 y 1870, la situación de la Iglesia en la Amazonía podría ser considerada crítica, por la ausencia de los eclesiásticos.

Intervención pombalina

La intervención pombalina en la Amazonía hasta hoy es considerada desastrosa no sólo por los perjuicios causados ​​a la catequesis, sino también por la marginación de los nativos de la región. Pombal al lado de la política económica implantada en la región materializó una reforma pedagógica basada en la cultura iluminista de la época, que enfatizaba el valor de la razón y de la conciencia, de la ética del orden y de la dedicación, que sacó la educación de las manos de los sacerdotes y la puso en las manos de los laicos, desacralizando de esa forma la alfabetización. Esto fue considerado como una especie de penetración forzada de elementos culturales que, si fueron significativos en Europa, no alcanzaron sus objetivos, o valió solamente para las élites de la ciudad, dejando al pueblo del interior al margen de esos beneficios. Ciertamente, esto diezmó la cultura nativa, que se interiorizó en el bosque aumentando aún más los prejuicios entre la población de la ciudad y del interior, las molestias sociales y culturales que perduran hasta la actualidad.

En ese período fue grande la influencia de laicos y laicas, de las hermandades y cofradías que sostuvieron un catolicismo devocional y familiar en torno a las imágenes marinas, santos y santas, capillas, procesiones, festividades, etc., lo que caracteriza a un catolicismo laico, autónomo en relación con la Iglesia oficial, con graves consecuencias para el crecimiento de la fe. La devoción a Nuestra Señora de Nazaret y al Círio de Nazaret, que surgieron dentro de ese contexto, son la síntesis más completa de la religiosidad amazónica.

“Romanización”

Otra etapa que marcó la Iglesia en la región fue la influencia de la “romanización”. A partir de 1840 la Santa Sede, a pedido del gobierno, comienza a enviar misioneros a Brasil, para las misiones indígenas del Norte, Nordeste y Centro-Oeste.

Esta nueva fase es caracterizada por el nombramiento de obispos brasileños, en la que la Iglesia católica pasa a organizarse a partir de las orientaciones de Roma. Estos obispos emprendieron una reforma y reorganización de la Iglesia, enfrentando verdaderas batallas para liberarla de las “cadenas” de la tradición colonialista que dio origen a muchos conflictos, con la masonería, con la población católica y con los protestantes que se estaban estableciendo en el Norte de Brasil.

Creación de la Diócesis de Manaos

En 1892 se creó la diócesis de Manaos, Belén fue elevada a la Arquidiócesis (1906) y varias nuevas Prelaturas nullius[1] o Prefecturas Apostólicas fueron entregadas a los religiosos[2] que poco a poco, iban llegando a la región desde distintas partes de Europa para actuar sobre todo en las áreas de mayor carencia de la presencia de la Iglesia. Llegaron los Capuchinos (1843), regresaron los Franciscanos (1870), los Espiritanos (1885), Dominicos (1897), Agustinos Recoletos, Barnabitas, Maristas, Benedictinos, Salesianos, Jesuitas, Servitas, Preciosísima Sangre, etc.

Un dato significativo en esta etapa de la historia es la presencia en la región de las Congregaciones religiosas femeninas que actuaban al lado de las Congregaciones masculinas o autónomamente en los hospitales, leprosorios, colegios, orfanatos, escuelas, misiones indígenas: Doroteas, Hijas de Santa Ana, Capuchinas, Dominicas, Hermanas de Santa Catarina, hijas de María Auxiliadora.

El ejemplo más destacado de esta nueva fase son las fundaciones amazónicas, congregaciones religiosas creadas en la región para atender las necesidades y llamamientos venidos de todas partes.

Los religiosos y las religiosas componen un nuevo escenario eclesiológico en la región, desempeñando un papel determinante y activo, en el cual la mística del servicio y del abandono, llevó a muchos de ellos y de ellas a dejar lo mejor de sus vidas en la región, e incluso la propia la vida.

* Texto de Monseñor Raimundo Posidonio Carrera de la Mata, Maestro en Historia Eclesiástica

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