Bergoglio auspicia la campaña de la Iglesia por la "reconciliación"

El Episcopado confirmó a Letra P que el Papa está al tanto de las invitaciones cursadas a familiares de desaparecidos y de militares vinculados con delitos de lesa humanidad. El factor Casaretto.

Luego de las críticas de Abuelas y Madres de Plaza de Mayo, el Episcopado salió este martes a bajarle el tono a los encuentros previstos con familiares de detenidos-desaparecidos y de militares acusados por delitos de lesa humanidad. “No se trata de un diálogo de familiares. Es escuchar sus testimonios solamente para que los Obispos tengamos un panorama. Pero no se pretende hacer una mesa de diálogo o reconciliación entre sectores, como tituló erróneamente un matutino este martes”, explicó a Letra P un miembro de la Mesa Ejecutiva de la Conferencia Episcopal Argentina (CEA) para corregir la información que difundió el diario Clarín. 

Sin embargo, la fuente confirmó que todo el proceso cuenta “con el aval y auspicio de la Santa Sede, especialmente del Papa Francisco, promotor de la cultura del encuentro”, detallaron desde la CEA, aunque al mismo tiempo buscaron bajarle el tono a la importancia de las visitas de familiares, cuyas identidades se mantienen en reserva. “No es como indicaron las versiones periodísticas de este martes, sino como un proceso de largo aliento, por lo menos dos años. De ahora en adelante en cada asamblea vamos a tocar el tema, pero lo primero es escuchar”, amplió el obispo consultado, que contestó a las preguntas de este medio desde el Cenáculo – La Montonera, la casa que posee el episcopado en la localidad bonaerense de Pilar. El sacerdote también confirmó la presencia en el plenario del nuncio apostólico de la Santa Sede Emile Paul Tscherrig, en calidad de enviado directo del Papa. “Está en todos los encuentros, no sólo en este”, relativizaron desde la CEA. 

Poco antes de las declaraciones oficiales que confió el prelado a Letra P, el Episcopado sacó un comunicado apenas comenzó la 113° asamblea plenaria de todos los obispos argentinos que comenzó este martes y se extenderá hasta el sábado. Según aclararon los obispos, en este plenario se “iniciará un tiempo de reflexión sobre los acontecimientos ocurridos durante la última dictadura militar”, que “comenzará con la escucha de algunos testimonios de familiares de personas que sufrieron las consecuencias de este período marcado por la violencia en distintos ámbitos de la sociedad”, informó el texto. 

“Esta primera etapa se limitará exclusivamente a la escucha de algunos testimonios y no al intercambio entre los participantes. Se ha invitado a un número acotado de personas para contar con un tiempo suficiente para narrar sus experiencias. Este proceso de largo aliento continuará durante las asambleas de los próximos años donde se buscará realizar, más adelante, un camino de diálogo entre los obispos en el marco de la cultura del encuentro y la amistad social”, remarcó el documento, donde no aparece ninguna mención al proceso de reconociliación entre los argentinos que ha mencionado el mismo organismo eclesiástico en otras oportunidades. 

EL ANTECEDENTE CASARETTO. El primero en plasmar en un libro la necesidad de cambiar el paradigma de “Memoria, Verdad y Justicia” por el de “Memoria y Reconociliación”, fue el obispo emérito de San Isidro Alcides Jorge Pedro Casaretto, que hace un año publicó el libro “Nuestro país, nuestra Iglesia, nuestro tiempo”, impreso por Editorial Claretiana con prólogo del editorialista del diario La Nación Joaquín Morales Solá

En las páginas 246 y 248 de su obra, Casaretto refleja con claridad sus argumentaciones. “Encontramos hoy muchas quejas, se reclama que algunos testimonios no serían lo suficientemente probados o que se juzgan a personas con poquísima responsabilidad en los actos cometidos. Sin duda debemos intentar un sano respeto a los derechos humanos de las victimas y sus familiares. Los ancianos y los enfermos deberían cumplir prisión domiciliaria y habría que atender con ecuanimidad la seriedad de las quejas presentadas. La justicia debe ser, mucho más en lo referido a los derechos humanos, lo más justa posible”, escribió el ya anciano prelado, reconocido dentro del Episcopado por sus gestiones realizadas con familiares de militares condenados y detenidos y también con familiares directos de detenidos-desaparecidos por las Fuerzas Armadas.

“Uno de los más grandes dramas de la década del 70 fue el de los padres y familiares que no supieron la verdad sobre la muerte de sus hijos. ¿Dónde estaban  esos cuerpos? Y lo mismo ocurrió con los bebés entregados a otros padres. ¿Acaso no tenemos derecho a nuestra identidad? La cuestión de la verdad es prioritaria. Toda la verdad, la verdad completa”, sostuvo de puño y letra el prelado que también fue titular de Cáritas Argentina. 

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