Se cumplen 157 años del 13 de junio de 1859 en el que el papa Pío IX expidió la bula “Vel a primis”, que confería a la ciudad de Paraná -en ese entonces capital de la Confederación Argentina-, el rango de ciudad episcopal. El 23 de octubre, día del triunfo de Urquiza sobre Mitre en la batalla de Cepeda, el delegado apostólico monseñor Marino Marini, dicto el decreto de ejecución de la Bula.
La diócesis paranaense fue elevada a arquidiócesis el 20 de abril de 1934 por Pío XI y comprende, actualmente, en la provincia de Entre Ríos los departamentos de Diamante, Feliciano, La Paz, Nogoyá, Paraná, Villaguay, y los distritos Achiras, Banderas y Sauce de Luna del Departamento Federal.
Se cumplen 157 años del 13 de junio de 1859 en el que el papa Pío IX expidió la bula “Vel a primis”, que confería a la ciudad de Paraná -en ese entonces capital de la Confederación Argentina-, el rango de ciudad episcopal.
El 23 de octubre, día del triunfo de Urquiza sobre Mitre en la batalla de Cepeda, el delegado apostólico monseñor Marino Marini, dicto el decreto de ejecución de la Bula.
La diócesis paranaense fue elevada a arquidiócesis el 20 de abril de 1934 por Pío XI y comprende, actualmente, en la provincia de Entre Ríos los departamentos de Diamante, Feliciano, La Paz, Nogoyá, Paraná, Villaguay, y los distritos Achiras, Banderas y Sauce de Luna del Departamento Federal.
Con motivo de este nuevo aniversario de la creación de la diócesis entrerriana, la responsable del archivo arquidiocesano, Celia Godoy, recordó en una nota, difundida por la arquidiócesis, todo el periplo de acontecimientos y nombres que estuvieron involucrados en aquellos años de la creación de la diócesis. Años de la organización nacional y del restablecimiento de las relaciones con Roma y también años de luchas intestinas que pugnaban por el poder y el liderazgo de la nueva Nación Argentina.
“Hemos recorrido un largo camino, desde el rustico altar levantado en 1730 por padre Arias Montiel en la primitiva parroquia, bajo la advocación de la Inmaculada Concepción de María, y cuya feligresía apenas excedía unos pocos centenares hasta alcanzar el privilegiado puesto de Sede Metropolitana”, comienza explicando Celia Godoy en su nota.
Sobre estos remotos comienzos, la responsable del archivo arquidiocesano explica que “dependíamos y pertenecíamos al arzobispado de Buenos Aires, por lo que no era necesario tener una residencia o casa para el Obispo, porque no vivía aquí, solo pasaba en sus recorridos pastorales”.
Sobre el primer párroco en la primitiva parroquia narra Godoy que a la vez que fueron construyendo los cimientos de la parroquia también les “cupo la tarea de colocar los cimientos fundamentales para la formación del pueblo”. Esto comprendía la pacificación de las tribus que asolaban la zona, la fundación de la primera escuela del territorio, el delineo de las calles del pueblo, etc. etc. Estos avances atrajeron a los pobladores, impusieron orden y hábitos de cultura que permitieron realizar realizando una labor muy fecunda durante 30 años.
Los párrocos que le sucedieron continuaron esta labor de evangelización y civilización, entre ellos: el padre Antonio Gil y Obligado que en 1807 puso la piedra fundamental de la iglesia matriz y en 1822 inició la construcción de la iglesia de San Miguel; el presbítero Francisco Dionisio Álvarez, que culminó la construcción de la iglesia Matriz y continuó con la de San Miguel que en parte la habilitó para el culto, construyó el cementerio y levantó la capilla de la Santísima Trinidad; monseñor Miguel Vidal, que fue el cuarto párroco, fundó el primer seminario y el primer colegio secundario de la provincia.
Y junto a estos laboriosos párrocos, también recuerda Celia Godoy la tarea “diplomática” de los sacerdotes José Leonardo Acevedo y Juan José Álvarez que presentaron al general Urquiza el proyecto de creación del obispado del litoral.
En 1858, el general Urquiza que estaba en Paraná, sede del gobierno de la Confederación, propuso al presbítero Acevedo para ocupar el cargo de vicario apostólico, y el delegado apostólico, monseñor Marino Marini, en virtud de las facultades delegadas por el Papa, resolvió desmembrar las provincias de Entre Ríos, Corrientes y Santa Fe, de la diócesis de Buenos Aires.
La creación del Vicariato estimuló al gobierno a seguir insistiendo en los trámites pro erección canónica de la diócesis del Litoral. Para ello designó al doctro Juan del Campillo enviado extraordinario y ministro plenipotenciario en misión especial para lograr un “concordato con la Santa Sede bajo las bases de nuestra religión y los principios fundamentales de nuestra Constitución” como decía su credencial. Esta misión no solucionó algunos puntos de este Concordato, pero sí logró la erección canónica de la diócesis del Litoral y la preconización de su primer obispo, monseñor José Gabriel Segura y Cubas.
La diócesis abarcaba las provincias de Entre Ríos, Corrientes y Santa Fe. No se menciona Chaco y Formosa, territorios poblados por indios y pertenecientes al obispado de Salta. Se recomendaba el cumplimiento de la promesa de construir un nuevo templo, en honor del arcángel San Miguel, destinado a catedral, e instituía en catedral la iglesia de Nuestra Señora del Rosario.
El nuevo obispo, monseñor Segura, llegó a Paraná el 23 de mayo de 1860, acompañado entre otros por Fray Mamerto Esquiú, quien lo acompañaría como su secretario de Cámara y Gobierno. Fue consagrado Obispo el 19 de agosto de 1860.
Sucedieron a monseñor Segura en la sede de la diócesis de Paraná los obispos: Mons. José María Gelabert y Crespo (1865-1897); Mons. Rosendo de la Lastra y Gordillo (1898-1909); Mons. Abel Bazán y Bustos (1910-1926); Mons. Julián Pedro Martínez (1927-1934).
El primer arzobispo y sexto diocesano fue Mons. Zenobio Lorenzo Guilland (1935-1962); Mons. Adolfo Servando Tortolo (1962-1983); Mons. Estanislao Esteban Karlic (1983-2003); Mons. Mario Luis Bautista Maulión (2003-2011) y el quinto y actual arzobispo es monseñor Juan Alberto Puiggari.
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