Alberto Fernández le dijo no a la renuncia de Solá, reabrió La Ñata de Daniel Scioli y Jorge Capitanich DT

Alberto Fernández le dijo no a la renuncia de Solá, reabrió La Ñata de Daniel Scioli y Jorge Capitanich DT

El Presidente ensaya un nuevo vínculo con Brasil y Estados Unidos. Encuentros en la casa del ex gobernador. Y el chaqueño que gestiona...un equipo de fútbol.

“Lo que pasó, pasó" (el mensaje de Alberto a Bolsonaro)

El aire de cambio global –por Biden, digamos como referencia– les da la oportunidad a algunos de remodelar su agenda. "Lo que pasó, pasó", le llegó a decir Alberto Fernández al asesor estratégico Flavio Augusto Viana Rocha, que vino de Brasil a recomponer los pedazos de una relación rota desde el comienzo de este gobierno. Viana, que devoró el asado para pocos que sirvió Alberto el viernes en Olivos, le trajo a la Rosada un mensaje alentador desde el corazón de aquel país: Paulo Guedes, ministro de Economía, quiere tener cuanto antes una reunión con Martín Guzmán. Ese entendimiento lo completará el jueves de esta semana Daniel Scioli, quien se entrevistará en Brasilia con el viceministro de Guedes, Carlos Alexandre Jorge da Costa.

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Será una previa a otro encuentro, el de Alberto y Jair Bolsonaro en marzo, cuando se realice la cumbre de la FIESP, la liga empresaria de San Pablo, el principal club de negocios de aquel país. Este juego de encuentros refleja algunos cambios. Por un lado, el cierre de una crisis entre el entorno del presidente y Felipe Solá, que han declarado el final del formato de relación reducida, durante casi todo el año, a breves mensajes por whatsapp y el minué de filtraciones anti-Felipe que descargó Olivos sobre Solá. La prenda de este fin de hostilidades es la aceptación por parte del Gobierno argentino de que termina una etapa de frivolidades, que nacían del supuesto de Alberto de que Bolsonaro caería más temprano que tarde y que no terminaría su mandato. No se dio, y ha aceptado que haya otras vías de acercamiento.

La nueva agenda: más Mercosur y menos Puebla

La primera la acuña Scioli, que reabrió la residencia de La Ñata, en la pedanía ribereña de Benavídez, para una algarada al viejo estilo, con empresarios y funcionarios, entre ellos Solá y Gustavo Béliz, para mostrarle a Viana Rocha los principios del método. Scioli se precia de haberle ganado a la dialéctica tercerista, y haber convencido a Brasil del error de creer que el Gobierno argentino es el discurso chavista, el que le hacía decir a Bolsonaro que la Argentina tenía un destino venezolano. Hablando en plata, el rédito es haber reflotado las relaciones con ese país en el nivel empresario, de manera de rescatar lo que con Mauricio Macri y Bolsonaro parecía condenado a muerte, que es el Mercosur.

Este tratado regional es el producto más conspicuo de la transición a la democracia del último tercio del siglo XX, y estaba cercado por la sucesión de gobiernos no integracionistas, desde la influencia remota de Donald Trump, a Macri y Bolsonaro, y ahora Luis Lacalle, que soñaron siempre con terminar con el cerrojo del Mercosur como zona de protección comercial. Con los entendimientos de esta nueva hora, los acuerdos comerciales y empresarios, el Mercosur parecen recobrar alguna sobrevida, y alimentan posiciones de personajes postergados por el Gobierno. Uno es Scioli, que ocupó el centro en este viaje de Viana y sus anuncios de encuentros en la cumbre; y el otro es Solá.

El canciller tiene como proyecto una agenda de reconstrucción de las relaciones con el nuevo gobierno de los Estados Unidos, que se salga del unilateralismo. Se trata, en síntesis, de rearmar junto a Chile y Brasil, ejes de la región, para llevarle al nuevo gabinete de Joe Biden, una agenda de asuntos de interés común que no pase por la herencia recibida. Esto significa sacar al país del embrujo del Grupo de Puebla o del fantasma venezolano. Trump empujaba las cosas al extremo, al poner como único objetivo final una ocupación militar de ese país. Con Biden habrá otro sendero, y en la cancillería de Solá creen que se puede recorrer sin mochilas heredadas.

Guzmán, Guedes y el final de las ayudas por la peste

Entre las coincidencias que alimentan este nuevo turno entre Brasil y Argentina, está la inspiración común de los dos gobiernos para enfrentar la crisis de sus economías. Guzmán aprovechó la visita al Chaco del viernes pasado, para argumentar a fondo (con filminas, diría Cristina) el final del IFE (Ingreso Familiar de Emergencia) y de las ATP (Asistencia al Trabajo y la Producción). Lo hizo en un "conversatorio" que auspició su anfitrión Jorge Capitanich, en la Universidad local. Allí el ministro confirmó lo que venían adelantado sus funcionarios a lo largo de la semana: "El ATP se implementó durante el año 2020 para proteger al trabajo y la producción y se ha evolucionado hacia el sistema Repro (Programa de Recuperación Productiva); hoy en día la medida para proteger al trabajo y la producción es el Repro, no el programa ATP; y se continuará con el Repro, que se ha ampliado para atender las necesidades de los sectores críticos".

Y agregó Guzmán: "El IFE fue una medida para las restricciones más duras en un contexto de circulación que hoy no está. Hoy los programas son otros. Hay ciertas medidas que se adoptaron en el contexto de las restricciones más fuertes para la circulación. Esas restricciones hoy no están presentes, han cambiado. De modo que las medidas deben ser otras". Con casi las mismas palabras, se lo explicó Viana a Alberto y a Guzmán en su visita a Buenos Aires: "El Gobierno Federal (de Brasil) estima que no es necesario mantener más la ayuda emergencial y, en su lugar, aumentar el monto destinado al programa bolsa familia, y tratar de relocalizar a los informales mediante microcréditos y programas de calificación y capacitación".

La charla técnica en el vestuario, más importante que Guzmán

Capitanich le propinó el viernes un almuerzo en la residencia del gobernador al equipo de Guzmán (el secretario de Hacienda, Raúl Rigo; la secretaria de Provincias del Ministerio del Interior, Silvina Batakis; el director del Banco Central, Diego Bastourre; y la jefa de Gabinete del Ministerio de Economía, Melina Mallamace) para festejar la designación de Santiago Pérez Pons como superministro de carteras fusionadas de esa provincia, que viene de ser el jefe de asesores de Rigo, y estrella, según lo saludó Guzmán, en la confección del nuevo presupuesto 2021. Capitanich apuró el condumio porque tenía que hacer. Interesado que se declaró Guzmán sobre su agenda, el "Coqui" le dijo que tenía que irse corriendo al vestuario del club Sarmiento -del cual es presidente- para darle al equipo la charla técnica antes del partido con Douglas Haig. ¿Qué charla? La de estrategia de juego. "Sabe más que Bielsa", ironizó uno de los invitados en la mesa. El equipo chaqueño no sale a la cancha sin escucharle las líneas estratégicas de Capitanich. Lo mismo hacía Cristina con él cuando eran senadores. Sarmiento le ganó al equipo de Pergamino por 2-0 y es semifinalista en la puja por el ascenso a la Primera Nacional (ex B Nacional). Guzmán, que sonríe todo el tiempo sin explicar por qué, debe haber celebrado interiormente por todo lo que está aprendiendo de política, ahora que lo pasean como candidato. ¿También hay que saber de fútbol?, se pregunta. ¿Tengo que hablar con Stiglitz sobre Gimnasia y Esgrima?

Felipe le dio una nueva oportunidad a Alberto de ser su Presidente

Felipe Solá le dio una nueva oportunidad a Alberto Fernández para que siga siendo su presidente. El canciller llegó a Olivos en la mañana del sábado con la renuncia en el bolsillo y en el alma. "Acá la tenés", le dijo Felipe. "No la quiero. En todo caso tratá de irte adaptando un poco más". Solá ha sido un compañero de ruta del Presidente en la singladura anti cristinista entre 2008 y 2019; se entienden bien a partir de picardías comunes en ese pasado que los ha traído a donde están hoy. Se despidieron del poder después de la guerra del campo en aquel año 2008: uno se fue de la jefatura de Gabinete y el otro del bloque peronista. Los dos tienen una relación privilegiada con los medios, y los dos son expertos en filtraciones. Se temen, por la capacidad de instalar historias sobre lo que hacen, y han tenido cortocircuitos desde que asumieron el Gobierno.

Alberto tiene una cancillería paralela en Olivos, que hubiera querido ocupar la oficina de Solá. El grupo porteño de Jorge Argüello, Béliz, Eduardo Valdés; son viudas del servicio exterior. Actúan en disputa con Solá, que tiene giro propio como uno de los ministros de más experiencia. Gobernó el país con administraciones peronistas desde hace más de 40 años, y se permite errores mansos que encienden la ira de los mestureros (ver El Cid, versión del copista Per Abad, o bien la serie en Amazon) de Olivos.

Solá pidió la entrevista a Alberto el viernes, después de la cena con empresarios en La Ñata junto a Scioli y el enviado Viana Rocha que, de paso, es un almirante que entiende de política. Allí se enteró de que el sábado a la noche había un asado en Olivos entre el delegado bolsonerista, Béliz y los embajadores Scioli y Reinaldo José de Almeida Salgado. Él no estaba invitado, y por eso forzó la cita, que pudo ser la del final. Veterano en pulseadas, en cumbres donde escasea el oxígeno, Solá eludió los reproches que se debían con Alberto, y aceptó retirar la renuncia. Se dio el gusto de señalarle al Presidente que había demasiados filtradores en Olivos. "No manejo la prensa", le aclaró Alberto cuando Solá le reprochó a los entornistas de la cancillería paralela, por el abuso del recurso de los "off- the-record” para marcarle la cancha a él.

- ¿Porque dijiste que mi opinión sobre Biden fue un comunicado? Es lo que te dijeron, porque no fue un comunicado, fue un tuit.

-Pero no era el mejor momento para decir lo que dijiste.

- ¿Quién opina eso? Si lo que dije es verdad y vos lo sabés, que el anterior gobierno de Trump quería dividirnos de otros países de la región.

-Pero no era el momento.

Admitieron que fue un error la oportunidad, pero Alberto prefirió evitar que esta inquina produjera un cambio en el Gabinete.

 

Caído del cielo, el canciller chileno que fue argentino por un día

 

Solá dedicó buena parte del desayuno a ajustar la agenda del viaje de esta semana a Chile, que harán con Ginés González García, Guzmán y Agustín Rossi. También, un seleccionado de gobernadores limítrofes –ninguno opositor: Salta, La Rioja, Catamarca, San Juan– hasta un número que supera los protocolos chilenos por la peste. Las reuniones por allá pueden se hasta de 5, esta vez se hará una excepción. Ginés es una estrella casi autóctona en Chile, después de ocho años como embajador. Rossi lleva de nuevo la vieja consigna de que en algún momento se instale una base antártica con las banderas de los dos países. Es buena la oportunidad de que se avance, porque por primera vez en la historia de Chile, tiene un canciller pro argentino.

Alberto se enteró por boca del memorioso Solá, que Andrés Allamand fue Puma, y sostiene que la experiencia de camaradería de vestuario en la adolescencia imprime carácter. Allamand integró el equipo de los Pumas en 1982 para jugar en Sudáfrica con el equipo que les ganó a los Springboks, seleccionado de aquel país, con los tantos de Hugo Porta. Aquel equipo Puma no podía representar a la Argentina, porque el país apoyaba el bloqueo al apartheid y por eso buscó una integración regional con invitados de países vecinos. Allamand nunca ha olvidado que fue argentino por un instante, algo que pocos han logrado en la vida. Como tampoco la fecha del triunfo ante los sudafricanos: ocurrió el 3 de abril de 1982, horas más tarde del desembarco militar en Malvinas.

El equipo se llamaba “Sudamérica XV”. Lo integraban, entre otros, Juan Pablo Piccardo, que fuera ministro en el primer gabinete porteño de Mauricio Macri. Venía de ser el apertura y capitán de Hindú por muchísimos años y era un jugador extraordinario. Tuvo la mala leche que le tocó arriba Porta. Entre los olvidables para la historia oficial, también jugó en ese partido Alejandro Puccio, que fue condenado por los ominosos secuestros que urdía su papá en la vecindad de San Isidro. Entrenaba "Michingo" O´Reilly, el más radical de todos los pumas que en el mundo han sido.

 

Cristina vs. Massa: Alberto correte (o la batalla del canal Magdalena)

 

Como regalo de despedida, Solá le explicó, con profusión de mapas y alambicadas explicaciones sobre codillos e isobatas, los detalles de la nueva batalla que se le viene encima al gabinete. Enfrentará a Cristina -Senado- con Sergio Massa -Diputados-. El rehén es el ministro de Transporte, Mario Meoni, y el motivo es la licitación de la obra del canal Magdalena, que enlaza cursos de navegación que comprenden, en parte, la Hidrovía. Meoni, delegado de Massa en este negocio, fue habilitado por un decreto (el 949/2020) a llevar adelante la obra para ampliar la navegación que beneficia, también, al puerto de La Plata. Meoni se apartó de un acuerdo con los gobernadores de la región que confirmaron un acuerdo para la normalización de la concesión de la Hidrovía.

La brigada anti Meoni activó una célula dormida en el Senado, y en pleno enero parlamentaron los cristinistas José Mayans -formoseño- y Jorge Taiana -ex canciller que sabe largo de estos detalles diplomáticos-. Pidieron someter todo a una comisión bicameral de seguimiento. En la Argentina, cuanto te quieren embromar, te meten una bicameral, que son como el triángulo de las Bermudas. Lo que cae ahí, nunca termina de salir como entró. Los inspira Horario Tettamanti, que estuvo a cargo de la Subsecretaría de Puertos y Vías Navegables de la Nación, y que sostiene que las decisiones de Meoni no sirven al mejor interés del país. Entre esas críticas figura hasta una confusión de canales a mantener, dragar y peajear.

El peronismo logró que el gobierno de Macri no concediese, bajo su mandato, la obra de mantenimiento de la Hidrovía, que está concesionada al grupo Emepa, cuyos directivos quedaron encuadernados en la causa por haber pagado, según propia confesión, dineros por la prórroga de la concesión en 2010 a la administración de Cristina de Kirchner. Elisa Carrió tiene la lupa puesta sobre esa obra y cuestiona también lo que han hecho los gobiernos en esas aguas turbulentas. Queda notificado el Dr. Fernández de que se viene una lluvia ácida sobre Massa desde el Instituto Patria, que lo pueden salpicar porque firmó el decreto 949 junto a Santiago Cafiero y Meoni, y que tiene tiempo de correrse.

 

La política le pone el corsé a la economía: hay efectivo

Un sistema que privilegia los triunfos pasajeros es un sistema que no está apretado por la necesidad. Es una constante de la Argentina, país de rentas que guarda USD 500.000 millones fuera del circuito formal, en el cual nunca la restricción económica le pone el corsé a la política. Al revés, es la política la que adapta la economía a las necesidades del poder. Para algunos es una maldición, para otros una bendición. Depende de dónde te haya tocado nacer y vivir. Lo prueba la suerte de las empresas con participación del Estado, que el peronismo tiene en la agenda para estatizar, a los valores misérrimos de sus activos y sus acciones.

El caso más estridente es YPF, que salta como maleta de loco desde los años ’90, con administraciones siempre peronistas, entre estatizaciones, privatizaciones y reestatizaciones. El sector petrolero –empresarios, sindicalistas– descuenta ya que el proyecto para estatizar el 100% de las acciones ocupará el debate en 2021. Lo mismo ocurrirá con otras compañías devaluadas, una tentación para el Estado, o algún amigo del Gobierno, de quedárselas por unos pocos pesos. Son empresas muy valiosas, de relieve internacional, que hoy valen monedas. Piénsese en alguna firma de ingeniería y tecnología que produce turbinas y hasta reactores nucleares. Ya no lleva el nombre de sus fundadores, pero puede caerle a las manos de algún amigo porque, además, está en las comarcas cordilleranas, donde prosperan emprendedores más que amigos del Gobierno.

 

Pagar y morir, lo último

 

Esta hipótesis explica el desafío que le ha propuesto el gobierno a Guillermo Nielsen como embajador en Arabia Saudita. No es tanto por una polémica sobre el pago de la deuda de USD 400 millones que debía realizar, porque el Gobierno -Economía, el BCRA- le facilitó la renegociación de ese tramo, sin poner el dinero. Hace unos días, el Central emitió una Comunicación (la "A” 7196, del 6 de enero) en la cual autorizó mecanismos que facilitaban el trámite para renegociar ese pago. La comunicación establecía que "para las operaciones de endeudamiento externo (...) que hayan sido ingresadas y liquidadas por el mercado de cambios a partir del 07.01.2021 se admitirá que fondos originados en el cobro de exportaciones de bienes y servicios del deudor, sean acumulados en cuentas del exterior y/o el país, destinadas a garantizar la cancelación de los vencimientos de la deuda emitida".

En la reunión del equipo económico del jueves, que presidió Cafiero, el comentario fue que esos pagos nunca se efectivizan, sino que se renegocian con nuevos compromisos. Y estaban allí los dueños de la pelota, como Guzmán y Miguel Pesce. El comentario se hizo a propósito de otro pago que se someterá al roll over, uno de USD 2.000 millones, comprometidos con el Club de París.

 

La fantasía de la estrategia infalible de Cristina es eso: una fantasía

La oferta explicativa pone el acento en la hipótesis de la acumulación de fuerza por parte del cristinismo para desplazar del centro de poder a sus socios, Alberto y Massa. El Presidente está herido por el destino que las guerras que les deparan a los gobernantes. Son las primeras víctimas de estos conflictos, y enfrentar al virus es una situación de guerra. Massa ha perdido peso porque al final es el responsable de esa debilidad institucional de su Gobierno, de navegar sobre el filo de los 129 votos. También padece una calamidad que está en su ADN: sólo puede prosperar en un sector del voto que ya tiene dueño: Juntos por Cambio. No se equivocaba después de 2009 cuando migró en busca de ese voto. Llegó al límite de la resistencia del material, le sirvió para cogobernar la provincia de Buenos Aires durante dos años junto a María Eugenia Vidal, pero no para destruir al peronismo, al que había abandonado.

Massa sufrió el destino de todos los renovadores del peronismo que desde Cafiero han sido. Arrancan vuelo, pero siempre les ganan los cabecitas. Es una exageración creer que detrás de esta puja de fuerzas se encierra una estrategia lúcida, estudiada y con chances de imponerse. No es lo que dice la tradición del cristinismo, una tribu del peronismo que suma a una dirigente como Cristina y, debajo, un elenco de peronismo de segunda marca. Los productos de primera marca están en las provincias, que miran desde lejos cómo les va en la vida a estos peronistas metropolitanos, que hoy ocupan Olivos y el Congreso. Les están tomando el tiempo, pero todavía no hay fecha de examen. Pueden ser octubre de este año.

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