Alberto Fernández apela a la Iglesia como garante del diálogo social

Alberto Fernández apela a la Iglesia como garante del diálogo social

El mandatario electo fue a la reunión de la Pastoral social con los movimientos sociales. Esbozó su plan para luchar contra el hambre y la pobreza. ¿Qué espera de la Iglesia? El análisis de Sergio Rubin.

“Francisco me reconcilió con la Iglesia”, dijo Alberto Fernández tras las PASO, en referencia a que estaba enojado con la institución eclesiástica porque consideraba que no era lo suficientemente sensible con los más necesitados y los perseguidos, a diferencia del Papa argentino.

Fue su primera señal pública de que venía gestando un acercamiento con el pontífice que registraba como mojones un encuentro con él en El Vaticano el año pasado y un mail de salutación en la última Navidad.

En términos políticos implicaba el marco para una fluida relación con la Iglesia si llegaba a la presidencia de la que requeriría su ayuda para afrontar la delicada situación social. De hecho, no esperó a las elecciones y decidió que su primera visita a una institución luego de imponerse en las internas abiertas fuese a la cúpula del Episcopado, que encabeza el obispo Oscar Ojea.

En las últimas horas no quedó ninguna duda de que Fernández apelará a la Iglesia como ámbito de encuentro y facilitador del diálogo social. Su presencia en la habitual reunión mensual de la Pastoral Social con los Movimientos Sociales en la sede de la Conferencia Episcopal fue una demostración palmaria. Invitado a sumarse por Emilio Pérsico, del Movimiento Evita, el presidente electo escuchó pacientemente las inquietudes y propuestas a varios de los líderes sociales, entre ellos Juan Grabois, y –al igual que lo había hecho con la CGT- a ser de alguna manera parte de su gestión.

El presidente de la Pastoral Social, el obispo Jorge Lugones, oficiaba de una suerte de garante de lo conversado. Lugones logró en los últimos años la confianza de los movimientos sociales, además de un incipiente puente con Fernández al que ayudó un joven colaborador suyo, hijo de Gustavo Béliz.

Pero Fernández espera más de la Iglesia. Quiere que colabore con el aliento al Consejo Económico Social que viene anunciando que conformará tras asumir la presidencia para afrontar la grave situación económica. Es bien consciente que los obispos desde la crisis de 2001 vienen promoviendo un diálogo para la búsqueda de consensos sobre los grandes problemas del país, pero que va más allá de un mero acuerdo de precios y salarios.

Sus allegados dicen incluso que Fernández quiere que la Iglesia también contribuya a cerrar la grieta que divide a buena parte de la sociedad argentina. En esto también hay una coincidencia sustancial con los obispos. El problema –como le ocurrió a Mauricio Macri, que decía que uno de sus grandes objetivos era la unidad de los argentinos- que la dinámica de la confrontación termina siendo muy tentadora.

De todas maneras, la paz social sigue siendo el gran objetivo inmediato que reúne a Fernández y la Iglesia, potenciado por los conflictos regionales. Por lo pronto, a ambos les preocupan expresiones altisonantes como la de Grabois –“el pueblo tiene mecha corta”- y los llamados piqueteros duros como los del Polo Obrero, ausentes ayer en el encuentro en el Episcopado. Por lo demás, ya se empieza a hablar al lado de Fernández de una visita suya al Papa en 2020 para consolidar el vínculo.

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