En la vereda de enfrente de la DAIA y la AMIA

En la vereda de enfrente de la DAIA y la AMIA

El ex titular de la Anti-Defamation League, a diferencia de la DAIA y la AMIA, siempre respaldó a los Timerman en tiempos de la dictadura y ahora en la muerte del ex canciller.

El ex titular de la Anti-Defamation League (ADL) de Estados Unidos, Abraham Foxman, le hizo llegar su pésame y su respeto a la familia de Héctor Timerman. El mensaje fue significativo no sólo porque Foxman fue uno de los máximos referentes de la comunidad judía mundial y norteamericana, sino porque ninguno de los dirigentes de la comunidad judía argentina envió un elemental mensaje de condolencias a los Timerman. Y no se trata únicamente de formalidades: los dirigentes de AMIA y DAIA fueron protagonistas de la ofensiva que llevó a la prisión domiciliaria a Timerman y a la acusación –luego desestimada en Cámara– por traición a la patria. 

Foxman fue un hombre decisivo en el momento que la dictadura militar secuestró y torturó a Jacobo Timerman, padre de Héctor, uno de los referentes indiscutidos del periodismo argentino, fundador del emblemático diario La Opinión. En aquel momento, también los dirigentes de la comunidad judía miraron para otro lado y hasta hubo quien viajó a Estados Unidos para convencer a la comunidad judía de que no debía defender a Timerman. Fue la campaña impulsada por Foxman, titular de la ADL durante 29 años, la que permitió que Héctor saliera de la Argentina salvando su vida y luego se acrecentó la presión para que Jacobo también dejara “la celda sin número” como después describió en el libro histórico sobre su detención ilegal. 

En 1981, Jacobo recibió el prestigioso premio Moors Cabot de la Universidad de Columbia. Se desató un feroz lobby para que no se lo den y, pese a que fue invitado, el embajador de la dictadura argentina en Estados Unidos no sólo rechazó el convite sino envió un mensaje denostando lo que fue y sigue siendo uno de los premios más importantes del periodismo a nivel mundial. También los dirigentes de la comunidad judía operaron en contra de aquel premio y, por supuesto, ninguno estuvo presente. 

Cuando murió Jacobo Timerman, el 11 de noviembre de 1999, tampoco llegó hasta el cementerio algún dirigente de la AMIA o DAIA. Curiosamente, el único presente fue Foxman, que de casualidad estaba en la Argentina y se acercó a la despedida del periodista.

El círculo se cerró en estos días cuando Foxman envió, a través de Javier Timerman, hermano de Héctor, un sentido mensaje a la familia del fallecido canciller. Una vez más, deja en evidencia a la dirigencia judía argentina que guardó silencio.

En los últimos días hubo quien quiso presentar a las conducciones de la AMIA y la DAIA como simplemente con opiniones divergentes respecto de Timerman. La realidad fue muy otra: los dirigentes fueron motores de las acusaciones que llevaron al fallecido canciller a estar en prisión domiciliaria, que hubiera sido prisión en una cárcel de no ser por su enfermedad. A esto se agregó la pérdida de tres meses de su tratamiento por la prohibición de viajar a Estados Unidos y el indescriptible maltrato que enumeró su abogada, Graciana Peñafort, en este diario. 

Las conducciones de AMIA y DAIA no protagonizaron discrepancias, sino que tuvieron un rol más que activo contra Timerman:

La dirigencia comunitaria recibió a Timerman en la sede de Pasteur 633 ni bien se firmó el Memorándum de Entendimiento con Irán. El 29 de enero de 2013, los presidentes de la AMIA, Guillermo Borger, de la DAIA, Julio Schlosser, brindaron una conferencia de prensa donde respaldaron el Memorándum. Dijeron que “nos alegramos a que todo esté encaminado para que se cumpla con el Memorándum”.Dos días después cambiaron su posición de forma tajante, en esencia por la presión de las derechas de Estados Unidos e Israel, en tiempos en que Barak Obama negociaba un acuerdo con Teherán. Pero ni siquiera ese giro tenía máxima gravedad. Se podía estar en contra del Memorándum, considerarlo inconstitucional, pero otra cosa muy distinta era señalarlo como un delito, incluyendo la acusación aberrante de traición a la patria. Dos hombres vinculados al PRO –Santiago Dupuy de Lome y José Mangiocalda– se presentaron ante el juez Claudio Bonadio y formularon esa imputación. Uno de ellos quiso acusar de traición a la patria a todos los diputados y senadores que votaron a favor del Memorándum. Lo grave es que la dirigencia comunitaria apoyó esa acusación de dos maneras. Por un lado, se constituyeron en querellantes dos familiares de víctimas del atentado contra la AMIA, ambos muy ligados a los dirigentes. Pero las huellas digitales quedaron impresas en la acusación cuando la DAIA presentó un documento en el expediente respaldando a los acusadores. O sea, no sólo no se pronunciaron públicamente en contra de que se acusara por traición a la patria al primer canciller judío argentino de la historia, sino que le dieron apoyo a semejante aberración. Impulsaron lo que derivó en la prisión de Timerman y todas las demás consecuencias.Una movida también grotesca fue protagonizada por la dirigencia cuando el ex presidente de la AMIA, Guillermo Borger, mantuvo una conversación telefónica privada con Timerman y, curiosamente, alguien la grabó. Borger dijo que él no fue, pese a que en el audio queda claro que se grabó desde el lado en el que estaba Borger. El entonces canciller no dijo nada que no hubiera dicho en público: que Irán era responsable del atentado y que había que negociar con Irán para conseguir que los sospechosos declararan en la causa. “¿Con quién voy a negociar? ¿Con Suiza?”, le dijo Timerman a Borger. Esa llamada grabada en forma clandestina fue usada por la dirigencia comunitaria para avanzar contra Timerman en la causa del Memorándum. Por primera vez desde el regreso de la democracia, el aparato judicial de Comodoro Py convalidó el uso como prueba de una llamada grabada en forma clandestina. La dirigencia comunitaria no dijo una palabra, sino que protagonizó y convalidó la jugada. La nueva conducción de la DAIA ha dicho, por ahora en voz baja, que no será querellante en causas contra políticos. Parece una revisión de los actuado, pero habrá que ver si se concreta. 

En todo caso, ante el fallecimiento de Timerman, volvieron a mantenerse en silencio. La voz que se escuchó, como durante la dictadura fue la de Foxman: “llamé para desearles mis más sinceras condolencias por la muerte de Héctor. Mis recuerdos van para atrás hacia los años en que fui director de la ADL”.

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