La verdadera historia del obispo Zhuang, fiel al Papa y “patriótico”

La verdadera historia del obispo Zhuang, fiel al Papa y “patriótico”

El pastor de Shantou, con sus 87 años, no pertenece a la comunidad católica “clandestina”, y también ha ocupado puestos en los aparatos impuestos por el Partido a la Iglesia. Detalles omitidos por la campaña orquestada que pretendía presentarle como una víctima de los acuerdos entre la Santa Sede y Pekín

La realidad de la Iglesia católica en China es más multiforme y compleja de ciertas representaciones que se hacen de ella. Lo demuestra el caso de Pedro Zhuang Jianjian, el obispo de Shantou. En las últimas semanas, su caso fue utilizado por la campaña mediático-clerical construida para frenar un posible acuerdo entre la Santa Sede y las autoridades de Pekín sobre la cuestión de los nombramientos episcopales en China. Agencias enroladas en contra de la hipótesis de un acuerdo presentaron a Zhuang, de 87 años, como un miembro de la llamada “Iglesia subterránea”, que se convirtió en obispo «por orden del Vaticano en 2006», y rechazado por el mismo Vaticano para dejar un sitio a un obispo ilegítimo, pero que «agrada» al gobierno chino. 

  

En la trama creada para disfrute de los más influyentes medios globales, el caso de Pedro Zhuang se ofrecía como la prueba definitiva de que el Vaticano estaba cediendo a los dictados de Pekín. Se describieron, por ejemplo, sus lágrimas «impotentes» y «tristes» cuando llegó la petición (que le fue presentada en nombre del Papa) de convertirse, a los 87 años, en obispo emérito de su diócesis, para dejar sitio como obispo ordinario de Shantou a José Huang Bingzhang, de 51 años y que en 2011 fue excomulgado por haber recibido la ordenación episcopal sin el plácet del Papa (y que será admitido nuevamente por el Papa en la comunión con la Iglesia). Lo único es que para que “funcionara” la historia, se omitieron algunos detalles que podían poner en riesgo toda la operación mediática. 

  

Un guión lleno de omisiones 

  

En realidad, diferentes fuentes eclesiales chinas confirmaron a Vatican Insider que Pedro Zuang nunca formó parte del área católica “clandestina”. Fue ordenado sacerdote en 1986 por Aloysius Jin Luxian, el jesuita de Shanghái que en esa época era un obispo ilegítimo, es decir ordenado sin el mandato apostólico del Papa. El gobierno no reconoció a Zhuang come obispo de Shantou, pero, a pesar de ello, como estaba registrado como sacerdote, figura entre los miembros de la cúpula de la Asociación patriótica en el condado de Jiexi, en la provincia de Guangdong. También fue miembro local del Congreso del Pueblo. Desde los años noventa del siglo pasado, ha olaborado con las oficinas de los organismos “patrióticos” locales. 

  

Es importante recordar que en Shantou no había ni hay una realidad católica “clandestina”. Todos los sacerdotes han estudiado en los seminarios financiados y sometidos al control del gobierno. Pero la comunidad local se ha ido polarizando de manera cada vez más neta alrededor de las disputas sobre los nombramientos episcopales, y también estas disputas nacen de la rivalidad entre dos diferentes grupos étnicos: Hakka y Chaozhou. Zhuang forma parte de la etnia Hakka, como otros dos obispos de la región (José Gan Junqiu, obispo de Guangzhou, y José Liao Hongqing, obispo de Meixian).  

  

Las fuentes locales con las que se puso en contacto Vatican Insider refieren que en los últimos años la cuestión de la fidelidad al Papa y a la Santa Sede se ha convertido en un instrumento para cubrir la verdadera naturaleza de las disputas intra-eclesiales. Las mismas fuentes añaden que un grupo de jóvenes sacerdotes, de la misma etnia de Zhuang, ahora está alrededor del anciano obispo, influyen en sus decisiones y apuestan por que uno de ellos se convierta en el futuro obispo ordinario de Shantou. 

  

La propaganda y la realidad 

  

Los que se oponen a un posible acuerdo entre la Santa Sede y la China Popular crearn una campaña alrededor del caso del obispo Zhuang, llegando incluso a ventilar datos sobre cuestiones delicadas e íntimas, como las decisones de conciencia a las que están llamados los obispos en su vínculo de comunión con el Sucesor de Pedro. Han fabricado la “narración” del obispo anciano y fiel, maltratado por una Curia romana que quiere adjudicarse éxitos diplomáticos, incluso llegando a “malbaratar” la fidelidad y el sufrimiento de los católicos chinos para lograrlo. Pero precisamente el caso del obispo Zhuang, pastor que ha permanecido fiel a la Iglesia católica y al Papa, revela las aporías y la naturaleza manipuladora de todo este arsenal. 

  

El obispo que habría sido “sacrificado” para que avancen las relaciones con el gobierno chino, en realidad, está en contacto permanente con los organismos patrióticos que responden al Partido. Esos mismos organismos que, según los enemigos del acuerdo sino-vaticano, representan el signo distintivo y el factor genético de una Iglesia china cismática, alejada de la Iglesia de Roma. 

  

En realidad, precisamente el recorrido humano y cristiano del obispo Zhuang (no reconocido como obispo por e gobierno, aunque sea titular de puestos en los organismos “patrióticos” filo-gubernamentales) demuestra que, en los caminos tortuosos por los que pasa a Iglesia en China, estar obligadamente involucrados en esos organismos patrióticos no representa una contradicción insalvable con respecto a la pertenencia a la Iglesia católica o a la fidelidad pública al Papa y al vínculo de comunión jerárquica con él. Lo demuestra, a su pesar, los adversarios monolíticos del posible acuerdo entre la Sede apostólica y el gobierno chino. Esos que en los últimos días exaltaron a Zhuang como uno de los obispos fieles al Papa cuya fidelidad habría sido traicionada e maltratada precisamente por la Santa Sede. 

  

Quien ve la situación con ojo crítico y sin orientaciones ideológicas, también en el caso del obispo de Shantou (no reconocido como obispo pero plenamente parte de las estructuras “patrióticas” que controlan a la Iglesia) puede ver la madeja y los nudos que han convertido en una condición anómala la vida de la comunidad católica china. Incluido el peligro de nuevos carrerismos clericales, alimentados también por la focalización exclusiva sobre la cuestión de los nombramientos episcopales que en los últimos años ha condicionado duramente las vivencias reales de la Iglesia en China. Una solución de la cuestión de los mecanismos de selección del episcopado, acordada entre Pekín y la Sede Apostólica, debería también servir para favorecer un redescubrimiento de la naturaleza propia del ministerio episcopal, que ayude a elegir como obispos a verdaderos pastores. También debería servir para alejar de las sedes episcopales chinas a los cazadores de títulos y posiciones de poder político-clerical. 

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