La venganza del Sur del mundo

La venganza del Sur del mundo

Con el nuevo Consistorio, Francisco prosigue por la vía que emprendió hace un año: reforma de la Curia y atención por las periferias, sin nada por descontado

Antes que las estadísticas y análisis sobre los porcentajes, el signo del cambio en el próximo Consistorio llegó fuerte  y claro durante la lectura de los nombres de los nuevos purpurados: la mayor parte de ellos eran imprevistos e impredecibles. Pastores de las periferias del mundo, en muchos casos obispos de diócesis que nunca habían tenido un cardenal. Es la muestra de que Papa Francisco pretende proseguir por la vía que emprendió hace un año: hacer disminuir a los cardenales curiales (el 14 de febrero serán el 27 %), acabar con cualquier actitud automática en cuanto a las sedes más deseadas, llamadas «cardenalicias», cuyo titular había estado seguro, por una tradición no escrita, de que recibiría el birrete. Y, sobre todo, dar espacio al Sur del mundo, manifestando cada vez más la Universalidad de la Iglesia.

La lista se demuestra como lo que es, una elección muy personal del Papa: los nuevos purpurados supieron sus nombramientos viendo la televisión; al italiano Edoardo Menichelli le avisó un amigo por teléfono y pensaba que era una broma. El anciano arzobispo de Cerdeña, Luigi de Magistris, alumno del cardenal Ottaviani, estaba en la catedral de Cágliari confesando a los fieles. Otros elegidos no podían creerlo. No hubo indiscreciones, pues incluso los tiempos del anuncio cogieron por sorpresa a todo el mundo.

Es evidente que Francisco desea rediseñar el futuro Cónclave, asociando en el Colegio cardenalicio de los electores a pastores en primera línea en situaciones difíciles, en tierras de frontera como Toga o Myanmar, en regiones que sufren la violencia como Morelia, o de Iglesias pequeñas o que viven en situaciones de minoría. En Italia, una vez más, son preferidos los que viven en Iglesias periféricas y no los obispos de las grandes diócesis de Turín o de Venecia; Menichelli de Ancona y Francesco Montenegro de Agrigento. El primero ha recorrido incansablemente su diócesis a bordo de una vieja Panda y desde hace años lleva a cabo cursos de acercamiento en situaciones de fragilidad matrimonial; el segundo es el obispo de Lampedusa, que debe afrontar el drama de los migrantes.

 Papa Bergoglio no deja de ver con atención la realidad italiana, pues tres nuevos purpurados son de Italia: dos electores y uno con más de ochenta años. «Estoy convencido de una cosa -dijo hace poco más de un año Francisco, al reunirse con los superiores religiosos. Los grandes cambios de la historia se han llevado a cabo cuando la realidad ha sido vista no desde el centro, sino desde la periferia». Las nuevas creaciones cardenalicias parecen dar cuerpo a esta convicción.

Los 15 nuevos cardenales electores, con menos de 80 años, provienen de 14 diferentes países. En caso de elección de un nuevo Papa, el Colegio cardenalicio será mucho menos curial y menos europeo, aunque en la lista anunciada ayer haya 5 europeos, 3 asiáticos, 3 latinoamericanos, 2 africanos y 2 de Oceanía.

Ningún anillo cardenalicio irá a los Estados Unidos ni a Canadá, puesto que la América del Norte ya está bien representada y el número de los cardenales electores que de ella provienen ha permanecido estable. Se quedarán sin la púrpura tanto el arzobispo de Chicago, Blaise Cupich, como el de Madrid, Carlos Osoro, ambos apenas nombrados por Papa Francisco y considerados particularmente cercanos a su sensibilidad. El Papa quiso hacer valer para todos en esta ocasión la regla no escrita de esperar a los que todavía tienen un predecesor emérito con menos de 80 años y que por lo tanto puede votar en caso de nuevo Cónclave.

La inclusión del curial Mamberti, originario de Córsega, Prefecto de la Signatura Apostólica, que debido a la edad (todavía joven) para los estándares del Vaticano, habría podido esperar otro turno, indica que Francisco no se aleja de lo que estableció Papa Wojtyla. Los que tienen derecho a la púrpura en la Curia bergogliana la han obtenido, hasta ahora. En cambio, no la han obtenido los titulares de los Pontificios Consejos, cuyo destino todavía depende de la profunda reforma de la Curia, misma que contará menos en la elección del Papa.

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