Taiwán; ecos diplomáticos (y eclesiales) tras el rechazo a los matrimonios homosexuales

Taiwán; ecos diplomáticos (y eclesiales) tras el rechazo a los matrimonios homosexuales

Lo decretó el referéndum sobre la equiparación entre los matrimonios entre personas del mismo sexo y los matrimonios heterosexuales, representa una parte relevante del debate político que no ha favorecido al gobierno “independentista”, derrotado en las elecciones locales por los candidatos rivales del Kuomintang

Los taiwaneses han dicho no al matrimonio homosexual. En el referéndum que se celebró el pasado 24 de noviembre, paralelamente a las elecciones administrativas, una avalancha de votos (el 67,26% de los consensos, según los resultados oficiales divulgados por la Comisión electoral) canceló, por lo menos temporalmente el camino hacia la legalización de los matrimonios entre personas del mismo sexo. Mientras la propuesta de limitar la definición de matrimonio a la unión entre un hombre y una mujer, sometida a su aprobación mediante otra de las 10 preguntas sobre las que se expresaron los taiwaneses, alcanzó el consenso del 72,48% de los votantes. 

El actual gobierno taiwanés, guiado por la presidenta Tsai Ing-wen y por el Partido Progresista Democrático (PPD), se expresó a favor de la legalización del matrimonio homosexual. Desde la campaña electoral, antes de llegar al poder en enero de 2016, la candidata para la presidencia escribió en su perfil de Facebook que «ante el amor todos somos iguales», mientras el cuartel general de su equipo estaba tapizado con banderas con los colores del arcoíris. La primera propuesta de ley para la legalización de los matrimonios entre las personas del mismo sexo cobró forma en diciembre de 2016. Por ello el rechazo expresado el sábado pasado mediante el referéndum representa una parte no irrelevante del debate político que no ha favorecido al gobierno; paralelamente, durante las elecciones administrativas, se registró una sensible disminución de las representaciones de los candidatos gubernamentales y la afirmación del Kuomintang, el partido nacionalista antagonista de los Progresistas Democráticos. 

Debacle progresista 

En el escenario internacional, la actual administración política taiwanesa apostó por la imagen de Taiwán como puesto de vanguardia de la modernidad occidental en el Extremo Oriente asiático, en sintonía con los estándares de las democracias occidentales tanto en el terreno de la libertad religiosa como en el terreno de las libertades individuales, incluidos los llamados derechos LGBT. En los medios de comunicación de Estados Unidos, la frontera de los derechos LGBT fue presentada por algunos comentadores como el terreno en el que «Taiwán puede competir» con los chinos de la República Popular, confirmando la propia imagen de «faro de la libertad y de la democracia en Asia». En mayo de 2017, una sentencia de la Corte Constitucional de la República China parecía haber abierto las puertas a la plena legalización de los matrimonios entre personas del mismo sexo: los jueces de la Corte indicaron que prohibir los matrimonios homosexuales sería una violación del «derecho de las personas a la igualdad», por lo que se concedieron dos años para que los parlamentarios legislaran al respecto. Después de ese plazo, habría debido verificarse la equiparación jurídica entre los matrimonios homo y heterosexuales, misma que, según los sondeos, contaba con el apoyo del 80% de los jóvenes. La Iglesia católica y las comunidades religiosas que se manifestaron en contra del reconocimiento de los matrimonios homosexuales fueron tildadas de oscurantistas por los medios de comunicación. 

El representante vaticano baja al ruedo 

Los resultados que salieron de las urnas acabaron con las campañas mediáticas teledirigidas. El pronunciamiento popular que se expresó mediante el referéndum no tiene fuerza vinculante, pero ahora el gobierno debe formular, antes del mes de mayo de 2019, una propuesta de ley o proponer medidas que respeten el resultado de las consultas públicas (como, por ejemplo, configurar como unión civil el estatus jurídico para tutelar los derechos de las convivencias estables entre las personas del mismo sexo, sin compararla con el matrimonio entre un hombre y una mujer). 

Las organizaciones contrarias al reconocimiento de los matrimonios entre homosexuales presentaron tres cuestiones sobre cuestiones relacionadas con la misma materia: una de ellas pedía reservar exclusivamente a la unión entre un hombre y una mujer la definición de matrimonio en el código civil; otra trataba de impedir que los cursos de educación sexual en las escuelas sean «infiltrados» por nociones basadas en la llamada “teoría de género”. 

El resultado del referéndum fue recibido con satisfacción por la Alianza para la Felicidad de la Próxima Generación, que engloba a grupos religiosos cristianos y budistas. Antes del referéndum, algunos exponentes de relieve de la Iglesia católica, como el arzobispo de Taipéi, John Hung Shan-chuan, indicaron que la Doctrina católica respeta a los homosexuales tal y como son, pero que no puede contradecir el plan de Dios sobre el matrimonio como unión entre un hombre y una mujer. Lo mismo ha hecho monseñor Sladan Cosic, encargado de los asuntos generales de la nunciatura apostolica de Taiwán, quien pidió públicamente que los católicos «respeten la enseñanza de la Iglesia, demuestren la propia lealtad a la ley canónica y respeten fielmente tal ley». 

¿Desahucio para el gobierno independentista? 

En las elecciones administrativas unidas al referéndum, en las que se expresaron 19 millones de electores, los candidatos del Partido Progresista Democrático perdieron frente a la “avalancha azul” de los votos que obtuvieron los rivales del Kuomintang, el Partido nacionalista que se encuentra en la oposición. El PPD perdió 6 de los 13 principales centros urbanos que administraba, incluida Kaoshiung, su bastión principal. 

Los resultados de las elecciones administrativas representan un termómetro con el que se pueden apreciar los cambios en el electorado taiwanés, en vista de las elecciones presidenciales de 2020. La dura derrota llevó a la presidenta Tsai Ing-wen a renunciar a la dirigencia del PPD. Y puede interpretarse como un aviso de desahucio para la línea “independentista” del actual gobierno taiwanés, en una estación política en la que se ha registrado una especie de guerra fría en las relaciones con Pekín. Los resultados electorales podrían tener repercusiones también en las relaciones entre Taipéi y Washington, después de que la administración de Trump dejara claro que pretendía jugarse la “carta taiwanesa” en el tira y afloja económico entre los Estados Unidos y la República Popular China. 

Las presiones sobre el Vaticano 

La actual cúpula política taiwanesa, además de haberse pronunciado a favor del reconocimiento de los matrimonios homosexuales, también se convirtió en protagonista de una inusual presión sobre el Vaticano, antes y después del acuerdo sobre los futuros nombramientos de los obispos chinos suscrito por la Santa Sede y la República Popular china el pasado 22 de septiembre. Este acuerdo, de naturaleza pastoral, fue interpretado por la cúpula taiwanesa como un paso hacia el acercamiento diplomático entre Pekín y la Santa Sede, por lo que representaría una señal peligrosa para las relaciones diplomáticas que el Vaticano sigue manteniendo con Taipéi. 

En mayo de este año, también los obispos taiwaneses, en visita “ad limina apostolorum”, se convirtieron en portavoces de las instancias del gobierno taiwanés durante sus encuentros vaticanos. «Traté de decirle al Papa: “Usted puede entablar relaciones diplomáticas con China, pero no puede herir a Taiwán, debe proteger a Taiwán», porque «Taiwán es la parte más débil, se puede considerar como un huérfano, como un huérfano en el escenario internacional», dijo en esa ocasión el arzobispo John Hung Shan-chuan en una entrevista a Radio Free Asia, la corporación de transmisiones de radio creada en los años cincuenta por los Estados Unidos para que hiciera programas de sensibilización anti-comunista y para apoyar la política estadounidense en el oriente. Recientemente, el activismo taiwanés ha dado de qué hablar, pues uno de los protagonistas, el vicepresidente Chen Chien-jen, quien durante la campaña electoral llamó la atención de los medios de comunicación por su pertenencia a la Iglesia católica y por haber mantenido, al mismo tiempo, un prudente silencio con respecto a la línea presidencial a favor de los matrimonios homosexuales. 

Después del acuerdo entre Pekín y la Santa Sede sobre los futuros nombramientos de los obispos chinos, Chen vino a Roma, en ocasión de la ceremonia de canonización de Pablo VI, de Óscar Arnulfo Romero y otros cinco beatos (el 14 de octubre), después de haber anunciado en los medios de comunicación taiwaneses que habría emprendido una misión para reforzar los vínculos entre Taiwán y el Vaticano, además de invitar al Papa Francisco a que visitara Taiwán. Después de la visita, una declaración del director de la Sala de Prensa vaticana, Greg Burke, indicó que «no se está estudiando» ninguna visita del ama a Taiwán. «En la capilla papal para la canonización del Papa Pablo VI y de otros seis Beatos», explicó Burke, «estaban presentes diferentes delegaciones, entre las que estaba una de Taiwán, guiada por el vicepresidente, S.E. el Sr. Chen Chien-jen. Antes de la Santa Misa hubo un breve saludo de cortesía a Papa Francisco por parte de los líderes de las delegaciones, como prevé el protocolo en semejantes ocasiones. En este contexto, netamente religioso, el vicepresidente Chen renovó al Papa la invitación a visitar Taiwán. Al respecto, soy capaz de precisar que una visita tal del Santo Padre no se está estudiando».

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