Sínodo de Obispos: No pudo, por ahora

Sínodo de Obispos: No pudo, por ahora

Terminó el Sínodo de Obispos convocado por Francisco. Desde la mirada de las propuestas de Bergoglio, se produjeron avances, y también se confirmó que el núcleo duro del conservadurismo dentro de los cardenales es más fuerte de lo que se pensaba.

A las ideas del Papa, para debatir, conversar y discutir, les faltaron entre 7 y 15 votos para ser aprobadas, ya que es necesario llegar a los 2/3 de los votos afirmativos de los participantes.-

Bendiciones para los divorciados vueltos a casar, Eucaristía para los separados, nueva relación y otros tratos hacia las nuevas formas de familias, y una renovación en el abordaje de la homosexualidad. Estos fueron los temas principales, divididos en puntos, y los que despertaron mayor cantidad de debates e intensidad en las votaciones.-

El Papa nos enseña nuevamente como obrar, como abrazar, como expresarse, en la disidencia de las discusiones, y en los momentos en los cuales, luego de un esfuerzo enorme, las conclusiones del Sínodo dejan abiertas algunas puertas para seguir reflexionando sobre los aspectos más cruciales.-

Queda todo un año, en la preparación del Sínodo de las Familias, y en los encuentros mundiales que se llevarán a cabo en 2015, para poder modificar algunas actitudes y comportamientos de hombres de la Iglesia, que para el Papa y para muchos, no responden a ese abrazo universal que queremos los cristianos.-

El espíritu de este tiempo es cobijar al otro, ese otro en la periferia existencial, de valores, alejado del rebaño. Millones somos, junto a Francisco, los que queremos encontrarnos con ellos de manera fraternal. Otros quieren lo mismo, pero pareciera que antes hay que establecer y enumerarles los pecados cometidos y la crítica moral por su estilo de vida.-

Por todo esto, la carta final del Papa en el cierre de este Sínodo, tiene pasajes de una claridad enorme, impactante. Párrafos donde Francisco certifica esa actitud contemplativa pero no pasiva, y hace autocrítica, ejercita la humildad absoluta, pero también invita a la reflexión y le marca desaciertos a unos y otros, a progresistas, tibios y conservadores:

Analizando la marcha de las reuniones, recuerda la etimología de sínodo desde el concepto de camino recorrido, entre todos los participantes, con sus grandezas y miserias. Francisco dice:

"...Un camino donde el más fuerte se ha sentido en el deber de ayudar al menos fuerte, donde el más experto se ha prestado a servir a los otros, también a través del debate. Y porque es un camino de hombres, también hubo momentos de desolación, de tensión y de tentación, de las cuales se podría mencionar alguna posibilidad:

- La tentación del endurecimiento hostil, esto es el querer cerrarse dentro de lo escrito (la letra) y no dejarse sorprender por Dios, por el Dios de las sorpresas (el espíritu); dentro de la ley, dentro de la certeza de lo que conocemos y no de lo que debemos todavía aprender y alcanzar. Es la tentación de los celantes, de los escrupulosos, de los apresurados, de los así llamados “tradicionalistas” y también de los intelectualistas.

- La tentación del “buenismo” destructivo, que a nombre de una misericordia engañosa venda las heridas sin primero curarlas y medicarlas; que trata los síntomas y no las causa y las raíces. Es la tentación de los “buenistas”, de los temerosos y también de los así llamados “progresistas y liberalistas”.

- La tentacion de transformar la piedra en pan para romper el largo ayuno, pesado y doloroso (Cf. Lc 4, 1-4) y también de transformar el pan en piedra , y tirársela contra los pecadores, los débiles y los enfermos (Cf. Jn 8,7) es de transformarlo en “fardos insoportables” (Lc 10,27).-

- La tentación de descender de la cruz, para contentar a la gente, y no permanecer, para cumplir la voluntad del Padre; de ceder al espíritu mundano en vez de purificarlo y inclinarlo al Espíritu de Dios.

- La Tentación de descuidar el “depositum fidei”, considerándose no custodios, sino propietarios y patrones, o por otra parte, la tentación de descuidar la realidad utilizando ¡una lengua minuciosa y un lenguaje pomposo para decir tantas cosas y no decir nada!

"Esta es la Iglesia, la viña del Señor, la Madre fértil y la Maestra premurosa, que no tiene miedo de remangarse las manos para derramar el olio y el vino sobre las heridas de los hombres (Cf. Lc 10,25-37); que no mira a la humanidad desde un castillo de vidrio para juzgar y clasificar a las personas. Esta es la Iglesia Una, Santa, Católica y compuesta de pecadores, necesitados de Su misericordia. Esta es la Iglesia, la verdadera esposa de Cristo, que busca ser fiel a su Esposo y a su doctrina. Es la Iglesia que no tiene miedo de comer y beber con las prostitutas y los publicanos (Cf. Lc 15). La Iglesia que tiene las puertas abiertas para recibir a los necesitados, los arrepentidos y ¡no sólo a los justos o aquellos que creen ser perfectos! La Iglesia que no se avergüenza del hermano caído y no finge de no verlo, al contrario, se siente comprometida y obligada a levantarlo y a animarlo a retomar el camino y lo acompaña hacia el encuentro definitivo con su Esposo, en la Jerusalén celeste"

Bergoglio insiste con su rol de escucha total, de comprensión de todos los matices que aparecieron en las discusiones, sin olvidar la prioridad: Escuchar al pueblo:

"La tarea del Papa es aquella de garantizar la unidad de la Iglesia; es aquella de recordar a los fieles su deber de seguir fielmente el Evangelio de Cristo; es aquel de recordar a los pastores que su primer deber es nutrir la grey que el señor les ha confiado y de salir a buscar – con paternidad y misericordia y sin falsos miedos – la oveja perdida"

"El Papa en este contexto no es el señor supremo sino más bien el supremo servidor – “Il servus servorum Dei”; el garante de la obediencia , de la conformidad de la Iglesia a la voluntad de Dios, al Evangelio de Cristo y al Tradición de la Iglesia poniendo de parte todo arbitrio personal, aunque – por voluntad de Cristo mismo – “el Pastor y Doctor supremo de todos los fieles” (Can. 749) y además gozando “de la potestad ordinaria que es suprema, plena, inmediata y universal de la iglesia” (Cf. Cann. 331-334).

Repasando las alternativas salientes del Sínodo, tanto en el tema de los divorciados, si pueden recibir una bendición si se vuelven a casar, o si pueden ser aceptados nuevamente en la Eucaristía, como en el tema de la relación de la Iglesia con la homosexualidad, las propuestas renovadoras del Papa fueron las más votadas, pero sin alcanzar los 2/3 necesarios para su aprobación. Los temas no están agotados.-

Otro de los puntos aprobados, aunque con 62 votos contrarios, fue el relativo a los homosexuales. La mayoría avaló que "los hombres y las mujeres con tendencias homosexuales deben ser acogidos con respeto y delicadeza" y que se "evitará cualquier marca de discriminación". No obstante, los obispos subrayaron "que no se pueden establecer analogías, ni si quiera remotas, entre las uniones homosexuales y el diseño de Dios sobre el matrimonio y la familia"

Ahora, lo que queda es una profunda tarea de encuentro, oración, escucha, comprensión, y discernimiento. Pero no solo en el Vaticano, en los elevados estrados de la Santa Iglesia. Hoy, nosotros como laicos tenemos que tomar  las enseñanzas de este Sínodo, el reconocimiento concreto a la existencia de miradas totalmente contrapuestas dentro de la Iglesia, pero no por eso sembrar una grieta o fomentar divisiones. Todo lo contrario, la mayor enseñanza de Bergoglio es que la Iglesia del siglo XXI tiene la capacidad y el deseo de avanzar con todos en su barca.-

Entender los cambios, leer los signos de los tiempos, no olvidar la base fundamental del dogma, ejercitar la misericorida y el perdón, sin torcer el rumbo de esa barca, respetar y hacer convivir miradas diferentes, y amar y hacerse uno con el otro, especialmente el más alejado, el más aquejado, el más dolorido.-

A pesar de no haber logrado los votos necesarios para oficializar algunos cambios, en cada capilla, parroquia del mundo, el trato, las formas, el amor hacia aquellos que fueron temas de debate, será diferente. Como laicos estamos llamados también a entender los resultados del Sínodo: Dogma firme, reglas claras, pero mayor misericordia, mayor escucha, con un corazón abierto.-

Francisco ha demostrado que tiene la fuerza, la claridad y la entereza, para poder timonear esa barca. El Espíritu Santo desata su aliento para que inflen las velas. Serán aguas tormentosas muchas veces, pero el capitán del barco sabe adonde quiere ir.-

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