El saludo del Papa con la misa bajo la gran cruz

El saludo del Papa con la misa bajo la gran cruz

En la primera celebración pública de una liturgia cristiana en los países del Golfo participaron 180 mil personas

En un país en el que las iglesias no pueden (¿podían?; a partir de hoy quién lo sabe) ostentar una cruz sobre el techo, ayer, en el estadio más grande, había una enorme cruz, de unos diez metros de altura. En un Estado, los Emiratos Árabes Unidos, en el que las actividades religiosas de las minorías deben llevarse a cabo dentro de los muros de los lugares de culto, ayer participaron 180 mil personas en la primera Misa pública en el Golfo, cuna del islam. Misa presidida por un Papa. Un hecho completamente inédito y, por lo tanto, impresionante, como también fue impresionante ver a los fieles ondear banderas blancas y amarillas, los colores del Vaticano, desde las tribunas del estadio. Se respiraba un clima de satisfacción colectiva, de aire nuevo, de un futuro más abierto.

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De todos los elementos litúrgicos (además de la enorme cruz) y logísticos para la celebración católica en la capital de este Estado islámico se ocupó el gobierno, en particular el Ministerio de Asuntos Presidenciales, en colaboración con la Iglesia local y con el Vaticano.

Bergoglio concluyó la visita de tres días en los Emiratos Árabes Unidos, el primer Pontífice que ha puesto pie en la tierra sacra del islam, con un baño de multitudes entre la multiforme comunidad católica local. Fue el clímax de esta misión de diálogo interreligioso contra guerras y terrorismos varios, en la que se firmó, junto con el Gran Imán de al-Azhar, Ahmed Mohamed al-Tayyeb, el documento sobre la «Fraternidad Humana», en el que se advierte que nadie puede utilizar el nombre de Dios para justificar la violencia, y se afirma, además, que los derechos de las mujeres deben ser plenamente respetados. Una iniciativa que no tiene precedentes y que el gobierno de los Emiratos Árabes Unidos quiso patrocinar políticamente, mediante la presencia del Primer Ministro, el jeque Mohamed Bin Rashid al Maktoum, quien estrechó las manos contemporáneamente tanto del Papa como del Gran Imán cuando estos llegaron al Founder’s Memorial de Abu Dhabi, en un claro gesto simbólico.

Antes de la misa, los 45 mil fieles que se encontraban dentro del estadio Zayed Sports City de Abu Dhabi intentaron hacer algunas olas. Son esas las personas que caben en la estructura; los demás 135 mil se encontraban en las zonas aledañas, dentro de la ciudad deportiva dedicada al jeque fundador del Estado. Además de los católicos, de 100 países diferentes, había 4 mil musulmanes. Y estaba presente el Ministro de la Tolerancia.

Francisco saludó desde el papamóvil a los peregrinos alegres que llegaron de todos los rincones de los Emiratos Árabes Unidos y de los países vecinos, principalmente trabajadores inmigrantes asiáticos (de países como la India o Filipinas). Al verlo pasar entre ellos, sintieron un impulso y sintieron que habrá un mayor reconocimiento de su estatus y de su libertad religiosa en el país.

Los católicos conforman una minoría no tan pequeña en el Estado Musulmán, puesto que son alrededor de 900 mil, es decir el 10% de la población. Hay muchísimos jóvenes. «Son un coro que engloba a una variedad de naciones, lenguas y ritos –les dijo el Papa–, una diversidad que ama el Espíritu Santo y que quiere armonizar cada vez más, para componer con ella una sinfonía. Esta alegre polifonía de la fe es un testimonio que ustedes dan a todos».

Después citó a San Francisco de Asís, «cuando dio instrucciones a los frailes sobre como dirigirse a los Sarracenos y a los no cristianos. Escribió: “Que no hagan litigios o disputas, sino que se sujeten a cada criatura humana por amor de Dios y confiesen ser cristianos”». Entonces, «ni litigios ni disputas», y esto «vale también para los sacerdotes», añadió sin leer el texto preparado; en aquella época, «mientras muchos partían revestidos con pesantes armaduras, san Francisco recordó que el cristiano parte armado solo de su fe humilde y se du amor concreto». Ahora lo ha vuelto a recordar un Francisco diferente, y desde la cuna del islam.

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