Riccardi: no hay nada que temer con la apertura de los archivos de Pío XII

Riccardi: no hay nada que temer con la apertura de los archivos de Pío XII

El historiador del cristianismo y fundador de la Comunidad de Sant’Egidio: «Finalmente quedarán claros los motivos de sus decisiones. Ahora hablará la historia»

Hay demasiados temores por lo que podrían revelar los documentos de Pío XII. Con la apertura del archivo sobre el Pontificado se podrán comprender mejor sus decisiones, incluidas las más discutidas. No tiene dudas de ello Andrea Riccardi, historiador del Cristianismo y fundador de la Comunità di Sant’Egidio, uno de los mayores expertos sobre la vida del Papa Pacelli.

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¿Qué tan importante es hacer públicos estos documentos?

«La decisión del Papa es muy positiva. Existía la hipótesis de abrir el archivo hasta 1945, pero yo estaba completamente en contra, porque se necesita todo el Pontificado, tal y como ha establecido Francisco».

¿Qué le parece la expectativa de la apertura del archivo?

 «Hay demasiado temor por lo que contienen los documentos. Es más, la discronía entre el trabajo de los historiadores contemporáneos y la apertura de los archivos no ha ayudado a la Santa Sede, porque se ha trabajado con documentos secundarios».

¿Qué debe temer la Iglesia?

 «Nada, claro. Con Pío XII nos encontramos ante un problema muy particular: la cuestión de la guerra y de los silencios frente a las atrocidades nazis, a la Shoah. Pero estoy convencido de que la imagen que surgirá dará la historia concreta, la percepción de los protagonistas de estos eventos y explicará los motivos de las decisiones. Por lo demás Pablo VI desde 1965 comenzó con la publicación de las “Actas y documentos de la Santa Sede sobre el periodo de la II Guerra Mundial”, por lo que ya hemos tenido una probadita de lo que podrán contener los documentos».

¿Cuáles efectos podrían tener?

«El amor de los documentos reducirá los “scoops”. Pero será necesario un trabajo grande y serio».

El Papa, en el anuncio, dijo que «La Iglesia ama la historia»: ¿qué le parece?

«El discurso del Pontífice hace concreta la relación entre la Iglesia y la historia, porque la Iglesia es historia y el cristianismo es una religión histórica. La Iglesia es historia del pueblo de Dios y, por ello, sus documentos son importantes. Pero esto no quiere decir que debamos afrontarla teológicamente, porque esta historia en sí misma es preciosa para la Iglesia misma».

¿Cómo interpreta la reacción del mundo hebraico, que ha expresado, con excepciones, satisfacción y un cauto optimismo?

«Antes que nada, una premisa: la idea de negar el acceso a un archivo no provoca una buena impresión entre quienes tienen preguntas que hacer a la historia. Es por ello que la decisión del Vaticano de negar el acceso a los archivos, explicada con el problema de la catalogación, nunca me ha parecido correcta, porque no está ni en el interés de la historia ni en el de la Iglesia. Algunos de mis interlocutores me han dicho: “Pero así saldrán a la luz las recomendaciones”; pero las recomendaciones ya han salido a la luz, están en los archivos diocesanos. Me sorprende el favor del mundo hebraico, porque en el fondo tiene problemas bien conocidos con respecto a Pío XII. Pero al mismo tiempo sé que el mundo hebraico está interesado en “hacer historia” concretamente y de manera documentada».

¿Qué podrá surgir con ellos?

«Un patrimonio histórico de inestimable valor. El nacimiento de la Democracia cristiana, el gran papel de Giovanni Battista Montini, futuro Pablo VI, y su traslado a Milán, que fue considerado como un alejamiento, pero que se habría revelado una preparación al papado. Saldrá también el papel de Roncalli, futuro Juan XXIII, nuncio durante la guerra y en Francia».

¿Cuáles son los textos que está usted esperando?

«Los documentos sobre los nueve meses de ocupación alemana en Roma. Porque en esa época el Vaticano y Pío XII tuvieron un gran papel, en el sentido de que ayudaron a miles de personas, hebreas y no, a ocultarse, y este hecho fue decisivo en la historia de Roma. En cierto sentido, hicieron un “juego” con el comando alemán, tranquilizándolo y, por otra parte, transformaron todos los espacios religiosos en un lugar de asilo. Y fue un juego no solo generoso, sino también inteligente».

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