“Los reinos fundados en armas y prevaricaciones tarde o temprano se derrumban”

“Los reinos fundados en armas y prevaricaciones tarde o temprano se derrumban”

El Papa en el Ángelus: «Por encima del poder político hay uno más grande, el amor». Y recordó la carestía provocada en Ucrania por el régimen soviético: que el país pueda encontrar la paz

Jesús es el Rey «de nuestra vida». Cristo «da luz nueva a nuestra existencia marcada por la duda». Pero el Suyo no es un reino «de este mundo». Lo afirmó el Papa Francisco durante el Ángelus de hoy, 25 de noviembre de 2018, en la Plaza San Pedro. El Pontífice subrayó que los regímenes «fundados en armas y prevaricaciones tarde o temprano se derrumban». Y por encima «del poder político hay otro mucho más grande: el amor». Bergoglio también dedicó un recuerdo al Holomodor, la carestía que provocó el régimen soviético en Ucrania, y expresó el deseo de que el país pueda volver a encontrar la paz. 

El obispo de Roma, desde la ventana de su estudio del Palacio Apostólico, ante 25 mil fieles y peregrinos (según los datos de la Gendarmería vaticana) reunidos en la Plaza San Pedro bajo la lluvia, reflexionó sobre la «solemnidad de Jesucristo Rey del universo, que celebramos hoy, situada al final del año litúrgico». Esta solemnidad «recuerda que la vida de la Creación no avanza al azar, sino que procede hacia una meta final: la manifestación definitiva de Cristo, Señor de la historia y de todo lo creado. La conclusión de la historia será su reino eterno». 

Francisco explicó que «el pasaje evangélico de hoy nos habla de este reino, el reino de Cristo, el reino de Jesús, narrando la situación humillante en la que se encontraba Jesús después de haber sido arrestado en Getsemaní: atado, insultado, acusado y llevado ante las autoridades de Jerusalén. Y luego es presentado al procurador romano como uno que atenta al poder político, para convertirse en el rey de los judíos. Pilato entonces indaga y en un dramático interrogatorio le pregunta dos veces si Él es un rey». 

Primero Cristo responde «que su reino no es de este mundo. Después afirma —dirigiéndose a Pilatos—: “Tú lo dices: Yo soy rey”». El Papa recordó que es evidente desde siempre «que en toda su vida Jesús no tiene ambiciones políticas. Recordemos que después de la multiplicación de los panes, la gente, entusiasmada por el milagro, habría querido proclamarlo rey, para derrocar el poder romano y restaurar el reino de Israel. Pero para Jesús el reino es otra cosa, y ciertamente no se realiza con la revuelta, la violencia y el poder de las armas. Por eso se había retirado solo al monte a orar. Ahora, respondiendo a Pilato, le hace notar que sus discípulos no combatieron para defenderlo. Dice: “Si mi reino fuera de este mundo, los que están a mi servicio habrían combatido para que yo no fuera entregado a los judíos”». 

El Hijo del Señor se plantea el objetivo de «hacer comprender que por encima del poder político hay otro mucho mayor, que no se consigue con medios humanos. Él vino a la tierra para ejercer este poder, que es el amor, dando testimonio de la verdad. Se trata de la verdad divina que, en definitiva, es el mensaje esencial del Evangelio: “Dios es amor” y quiere establecer en el mundo su reino de amor, justicia y paz. Este es el reino del cual Jesús es el rey, y que se extiende hasta el fin de los tiempos. La historia enseña que los reinos basados en el poder de las armas y la prevaricación son frágiles y que tarde o temprano se derrumban. Pero el reino de Dios está fundado en su amor y radica en los corazones, confiriendo a quien lo recibe paz, libertad y plenitud de vida». 

Por ello, el Papa Francisco recordó que «Jesús hoy nos pide que le permitamos que Él se convierta en nuestro rey: un rey que con su palabra, su ejemplo y su vida inmolada en la cruz nos ha salvado de la muerte, indica el camino al hombre perdido, da nueva luz a nuestra existencia marcada por la duda, el miedo y las pruebas cotidianas. Pero no debemos olvidar que el reino de Jesús no es de este mundo. Él podrá dar un nuevo sentido a nuestra vida, a veces puesta a dura prueba también por nuestros errores y pecados, sólo con la condición de que no sigamos la lógica del mundo y de sus ‘reyes’». 

El Papa Bergoglio invocó a la Virgen María para que «nos ayude a acoger a Jesús como rey de nuestra vida y a difundir su reino, dando testimonio de la verdad que es el amor». 

Después del Ángelus, el Pontífice dedicó unas palabras a Ucrania, que ayer «ha conmemorado el aniversario del Holodomor, la terrible carestía provocada por el régimen soviético que causó millones de víctimas. La imagen es dolorosa. La herida del pasado sea un llamamiento para todos a fin de que semejantes tragedias no se repitan nunca más. Oremos por este querido país y por la paz tan deseada». 

Jorge Mario Bergoglio también saludó a los numerosos grupos de coros venidos con motivo de su Tercer Congreso Internacional celebrado en el Vaticano, a quienes agradeció su presencia y su precioso servicio a la liturgia y a la evangelización. Un saludo también fue a los participantes en el Congreso sobre fertilidad, organizado por la Universidad Católica del Sagrado Corazón en el 50° aniversario de la Encíclica Humanae vitae de San Pablo VI; a los universitarios de jurisprudencia de la Universidad Roma Tres, y a los fieles de Pozzuoli, Bacoli y Bellizzi. También saludó a los miembros del Instituto Ranchibile de Palermo.  

Antes de despedirse, Francisco expresó su aprecio con una sonrisa a los fieles que estaban presentes: «¡Felicidades, porque han sido valientes! ¡Venir con esta lluvia! ¡Son muy valientes!». 

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