Prófugos; el Papa en Marruecos: “Basta expulsiones de masa”

Prófugos; el Papa en Marruecos: “Basta expulsiones de masa”

En Rabat, la advertencia del Pontífice: las barreras y los rechazos no son soluciones. La firma del llamado con el rey Mohamed VI: Jerusalén es patrimonio común

El «no» es fuerte y claro: las expulsiones de migrantes en masa no pueden y «no deben ser aceptadas». La razón más importante: «No permiten una correcta gestión de los casos particulares». En el primer día de su visita a Marruecos, el Papa Francisco pronunció su advertencia (nunca antes pronunciada en estos términos) ante unos sesenta inmigrantes, alojados por la Caritas de Rabat. Después firmó con el rey Mohamed VI un llamado para «preservar la Ciudad santa de Jerusalén como patrimonio común de la humanidad».

A veinticuatro años de la visita de san Juan Pablo II, otro Papa llegó a este país de mayoría musulmana, símbolo del islam moderado y dialogante. Es un nuevo paso, dijo durante el vuelo Bergoglio, después del histórico «Documento sobre la fraternidad humana», firmado en Abu Dhabi con el gran imán de al-Azhar para poner fin al terrorismo y las guerras.

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Breve y bendecida por la lluvia, la ceremonia de acogida en el aeropuerto fue la ocasión para que Francisco recibiera la bienvenida del rey. Después ambos, en vehículos diferentes (papamóvil y limosina) se dirigieron hacia la explanada de la Torre Hasán, que domina Rabat, para reunirse con el pueblo marroquí y con las autoridades. Había miles de personas saludándolos por las calles de una Rabat que convirtió la liberalización económica en su bandera, constelada de grúas y nuevas construcciones. Entre las antiguas columnas del minarete, que se cayeron debido al terremoto de 1755 y que fueron restauradas en los años sesenta del siglo pasado, lo estaban esperando 12 mil personas. Allí Francisco insistió en que los problemas vinculados con las migraciones no se resuelven con las barreras ni con la difusión del miedo. Se necesita, por el contrario, poner en práctica los compromisos del Global compact. Y es necesario tener «la valentía del encuentro» para derrotar al odio y al extremismo.

El Papa se dijo «contento de poder visitar el Instituto para imanes». Fue la primera vez para un Pontífice. En Rabat se fundó una escuela para la formación de imanes, predicadores y predicadoras (sí, incluso mujeres, otro signo de la apertura del islam marroquí) en 2015 precisamente por voluntad del rey, guía política y religiosa del país que, sobre todo después de los ataques terroristas en Casablanca (de 2003) ha promovido iniciativas conciliadoras para contrarrestar las tendencias radicales. Este instituto fue pensado «por Vuestra Majestad –subrayó el Papa– con el objetivo de ofrecer una formación adecuada contra las formas de extremismo». Aquí Francisco no habló, prefirió dejar espacio a los jóvenes y escuchar los testimonios de un futuro imán africano y uno europeo.

El Papa y el rey firmaron una petición particular: «reconociendo la singularidad y santidad de Jerusalén / Al Qods Acharif y teniendo en cuenta su significado espiritual y su vocación única como Ciudad de la Paz», consideran que es «importante preservar la Ciudad Santa de Jerusalén / Al Qods Acharif como patrimonio común de la humanidad», y, sobre todo para los fieles «de las tres religiones monoteístas, como lugar de encuentro y símbolo de coexistencia pacífica, donde se cultivan el respeto mutuo y el diálogo». El Papa y el rey esperan que «se garantice a los fieles de las tres religiones monoteístas la plena libertad de acceso y el derecho de cada uno de ellos a rendir culto allí».

En la ceremonia participaron 60 migrantes, elegidos para representar a los alrededor de 100 mil que viven en la actualidad en Marruecos, originarios principalmente del África sub-sahariana, y refugiados que se han quedado después de haber encontrado cerradas las rutas para atravesar el Mediterráneo. El Papa se dirigió a todos ellos: «Ustedes afrontan una herida grave, que grita al cielo. No queremos que la indiferencia y el silencio sean nuestra palabra».

Francisco invocó más canales migratorios regulares, además de un «compromiso común» para no dejar «nuevos espacios a los “mercaderes de carne humana”». Hasta que esto no sea una realidad, habrá que afrontar «los flujos irregulares con justicia, solidaridad y misericordia». Las formas de «expulsión colectiva, que no permiten una correcta gestión de los casos particulares, no deben ser aceptadas». En cambio, los «recorridos de regularización extraordinarios», en particular en los casos de «familias y menores, deben ser animados». Y también «simplificados».

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