El Papa inicia un año clave: cierra la primera etapa de su pontificado

El Papa inicia un año clave: cierra la primera etapa de su pontificado

Bergoglio seguirá adelante con las reformas en la Iglesia.Se reavivará la interna entre conservadores y reformistas. Francisco también hará varios viajes internacionales.

Comenzado el 22 de diciembre, cuando Francisco vapuleó de cuerpo presente a la Curia Romana (el gobierno central de la Iglesia) enumerando las 15 patologías que sufren las jerarquías de la Iglesia, enfermedades resumidas en un “Alzheimer espiritual”, el 2015 es un año clave para el Papa argentino. Será dramático para la interna de la Iglesia, intenso por los viajes previstos, agotador por la multiplicación de los empeños que esperan al obispo de Roma, por las reformas. Concluirá de hecho la primera fase de su pontificado.

En 2016 se abrirá la segunda. El 17 de diciembre cumplirá 80 años y el 13 de marzo de 2017, cuatro años al frente de la Iglesia universal, a la que sacó en poco tiempo del pozo de desprestigio profundo en el que había caído en los últimos años previos al “milagro” Francisco que cambió tantas cosas, sobre todo la imagen negativa que la sofocaba.

El carisma personal de Bergoglio con la gente, su voluntad de reformas profundas y de hacer una Iglesia “pobre y para los pobres”, plena de perdón y misericordia, crítica de la avidez dominante y de la profundización de los abismos sociales, se proyectan ahora sobre el nuevo año, que abrirá una estación de grandes viajes. Entre el 12 y el 19 estará siete días entre Sri Lanka y Filipinas, el gigante católico de Asia, el continente más importante, en el que los fieles del Papa de Roma representan apenas el 1%.

Las imprescindibles giras apostólicas también incluirán en setiembre un viaje a Estados Unidos para la fiesta mundial de las familias en Filadelfia, una visita en Washington al presidente Barack Obama (que en marzo vendrá al Vaticano) y otra a Nueva York, para hablar ante la asamblea general de la ONU, 50 años después de la presencia de Pablo VI.

El Papa irá además a Bolivia, Ecuador y Paraguay, pero no a la Argentina, en agenda para 2016. Jorge Bergoglio no quiere ser instrumentalizado en los forcejeos políticos internos, aunque tendrá que ocuparse mucho de la situación argentina en este año electoral presidencial pleno de nubarrones, rayos, truenos y borrascas. Habrá otros viajes, a Europa (seguros Francia y España), y tal vez a algún país africano, como Uganda.

Pero este año predominará la interna de la Iglesia, cuya gestión es cada vez más complicada. De la Iglesia polaca llegan con frecuencia críticas de las jerarquías al estilo y a los contenidos pastorales de Francisco. “Es muy difícil cambiar a la Iglesia”, dijo hace dos meses el arzobispo de Cracovia, cardenal Estanislaw Dziwisz, que fue durante más de tres décadas secretario personal de Juan Pablo II.

También en EE.UU. bullen las controversias y Bergoglio tendrá un año yanqui muy bravo, por los obispos y cardenales discrepantes, el viaje que puede albergar alguna emboscada en la interna y las incógnitas en la crisis internacional.

Es en la Curia y en la vasta conferencia episcopal italiana donde se esconden las disidencias más fuertes y las maniobras más sutiles, que junto con la pasión por los chismes a veces sacan de las casillas al habitualmente calmo Francisco. En el primero de los dos sínodos que convocó el Papa argentino, en octubre pasado, el texto de una primera relación escrita por el obispo y teólogo Bruno Forte fue bochada por los más conservadores por sus aperturas en los temas críticos de levantar la prohibición de recibir los sacramentos a los divorciados vueltos a casar y de los católicos homosexuales.

La segunda relación amortiguó las cosas pero a costa de perder la mayoría de dos tercios de la asamblea sinodal en estas cuestiones.

Cuando llegó el momento de elegir en noviembre a las autoridades de la conferencia episcopal italiana, el obispo Forte, que el Papa quería hacer vicepresidente, obtuvo solo 60 votos, la mitad de su rival interno. Fue una advertencia de cómo se había establecido una línea de resistencia al Papa.

El cardenal de Milán, la diócesis más grande del mundo, Angelo Scola, hace campaña en el tema de los divorciados. “Si el matrimonio es indisoluble por voluntad de Cristo, ¿cómo puede un cristiano que disolvió su vínculo matrimonial participar de la comunión de la Iglesia con la Eucaristía?”, repite. El lío es muy grande porque los obispos alemanes piensan lo contrario y en abril anunciarán decisiones que van en la dirección de levantar la prohibición de recibir los sacramentos a los fieles vueltos a casar “tras un período penitencial”. Esta voluntad, si se concreta, crea un clima de conflicto grave. Pero Francisco sabrá caminar por la cornisa, respetar la indisolubilidad del matrimonio y medidas que alivien las sanciones, afirman en privado sus colaboradores.

En unos días Francisco anunciará quiénes son los diez o 12 nuevos cardenales a quienes pondrá el birrete y el anillo el 12 y 13 de febrero. Con los nueve purpurados del “Consejo de la Corona” que lo ayudan a gobernar, seguirá estudiando y aplicando las reformas en la estructura de la Curia, pero el documento que reemplazará la Constitución aprobada por Juan Pablo II se presentará en 2016.

Este año también marcará al menos el comienzo del proceso sin precedentes en el Vaticano al obispo embajador acusado de abusos sexuales a niños en la República Dominicana, el polaco Josef Wezolowski, y mostrará cómo es total la "tolerancia cero" de Francisco.

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