El papa Francisco, sobre la tragedia de Cromañón: "No puedo olvidar aquella noche"

El papa Francisco, sobre la tragedia de Cromañón:

El Sumo Pontífice envió una carta que se leyó tras la misa que se celebró en la catedral metropolitana. El 31 de diciembre de 2004 el entonces cardenal Jorge Bergoglio visitó a los heridos en varios hospitales

"No puedo olvidar aquella noche y los días subsiguientes recorriendo los hospitales", escribió el pontífice en un mensaje de puño y letra que se leyó tras la misa que presidió el cardenal Mario Poli en la catedral metropolitana. "Hoy, diez años después, rezo con ustedes y sigo caminando con ustedes", agregó.

El mensaje dirigido al cardenal fue leído a los medios por el sacerdote Jorge Sabaté. Francisco manifestó su "cercanía y oración" a todos los que participaron del oficio religioso. "Que Jesús los bendiga y la Virgen santa los cuide y por favor no se olviden de rezar por mí", concluyó.

En la misa del año pasado el pontífice argentino envió un mensaje para las familias de las víctimas en el que alentó a renovar la esperanza y aseguró que "las heridas duelen y más todavía cuando no se tratan con ternura" y no pueden "esconderse ni ocultarse".

Por su parte, el obispo Jorge Lozano, que desde el primer día acompañó espiritualmente a familias y jóvenes, dijo que "no siempre se trató con cuidado las heridas" que dejó el siniestro que causó la muerte a 194 personas y aseguró que en este tiempo de sufrimiento se conoció "tanto el dolor que sana como el dolor que enferma o agravia".

"Este dolor lo hemos experimentado en la incomprensión, la superficialidad, el maltrato, la descalificación, la injusticia, la indiferencia. En cuántos momentos hemos sentido que éste no es un problema de todos. Como si dijeran: 'Cromañón es un problema de ustedes'", aseveró al predicar la homilía durante la misa.

Lozano recordó que en ese mismo templo el cardenal Jorge Bergoglio, hoy papa Francisco, se lamentó en varias oportunidades porque "Buenos Aires no ha llorado por la muerte de sus hijos".

Las Iglesias fueron las primeras en reaccionar en forma institucional frente a quienes exigían respuestas y buscaban consuelo ante un hecho que, según denunciaron después, puso al descubierto la corrupción, impericia y omisiones del poder político de la ciudad.

Habían pasado unas horas apenas y un telegrama del entonces papa Juan Pablo II, manifestando su "profundo pesar" por las numerosas muertes jóvenes, daba una idea acabada de la repercusión internacional del hecho.

La madrugada del 31 de diciembre el cardenal Bergoglio visitó heridos en hospitales, mientras encomendaba a monseñor Eduardo García, uno de sus colaboradores, celebrar misa en Bartolomé Mitre y Ecuador, frente al boliche siniestrado.

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