El Papa: el Decálogo no es una serie de prohibiciones, sino vida nueva

El Papa: el Decálogo no es una serie de prohibiciones, sino vida nueva

Francisco, interrumpido por un niño durante la Audiencia general, dijo: «Es argentino, es indisciplinado». Y recomendó que todos sean «libres» con Dios, como hijos con el Padre

Con los Diez Mandamientos «llevados a cumplimiento por Jesús», Dios siembra «deseos nuevos» en el corazón del hombre, como un «trasplante de corazón«, y si los deseos malvados «arruinan al hombre», los deseos del Espíritu «son el germen de la vida nueva». El Papa concluyó el ciclo de catequesis dedicado al Decálogo durante la Audiencia general de hoy, en la que explicó que «mientras según la carne era una serie de prescripciones y de prohibiciones, según el Espíritu esta misma ley se vuelve vida». Mientras Francisco hablaba en el Aula Pablo VI, un niño lo interrumpió: «Es argentino, es indisciplinado», dijo Jorge Mario Bergoglio, quien comentó: «Cuando Jesús dice que debemos ser como los niños, nos dice que debemos ser libres como un niño con su padre. Este niño nos ha predicado a todos». 

Dios, dijo el Papa, «nos invita a la obediencia para rescatarnos del engaño de las idolatrías que tanto poder tienen sobre nosotros. Efectivamente, buscar la propia realización en los ídolos de este mundo nos vacía y nos esclaviza, mientras lo que nos da estatura y consistencia es la relación con Él, que, en Cristo, nos hace hijos a partir de su paternidad. Esto implica un proceso de bendición y de liberación, que son el verdadero descanso, auténtico. Como dice el Salmo: “Solo en Dios reposa el alma mía: de Él mi salvación”. Esta vida liberada se convierte en acogida de nuestra historia personal y nos reconcilia con lo que, desde la infancia hasta el presente, hemos vivido, haciéndonos adultos y capaces de dar el justo peso a las realidades y a las personas en nuestra vida. Por este camino entramos en la relación con el prójimo que, empezando por el amor que Dios muestra en Jesucristo, es una llamada a la belleza de la fidelidad, de la generosidad y de la autenticidad». 

Pero, para vivir así, explicó el Papa, necesitamos «un corazón nuevo, habitado por el Espíritu Santo. Yo me pregunto: ¿cómo se da este “trasplante” de corazón, del corazón viejo al corazón nuevo? Mediante el don de deseos nuevos, atención a la palabra: deseos nuevos, que son sembrados en nosotros por la gracia de Dios, particularmente mediante los Dies Mandamientos llevados a cumplimiento por Jesús, como Él enseña en el “Sermón de la Montaña”. “De hecho, en la contemplación de la vida descrita por el Decálogo – precisó el Pontífice – es decir, una vida agradecida, libre, auténtica, bendecida, adulta, vigilante y amante de la vida, fiel, generosa y sincera, nosotros, casi sin darnos cuenta, nos encontramos ante Cristo. El Decálogo es su radiografía, la describe como un negativo fotográfico que deja aparecer su rostro, como en la Sábana Santa. Y así el Espíritu Santo fecunda nuestro corazón poniendo en él, los deseos que son su don, los deseos del Espíritu. Desear según el Espíritu, desear al ritmo del Espíritu, desear con la música del Espíritu». 

Así descubrimos mejor lo que significa que el Señor Jesús no vino a abolir la ley, sino a dar cumplimiento, afirma el Papa Francisco, y mientras que la ley según la carne era una serie de prescripciones y prohibiciones, según el Espíritu esta misma ley se convierte en vida, porque ya no es una norma, sino que la misma carne de Cristo, que nos ama, nos busca, nos perdona, nos conforta y en su Cuerpo recompone la comunión con el Padre, perdido por la desobediencia del pecado: «en Cristo, y sólo en Él, el Decálogo deja de ser condenación y se convierte en la auténtica verdad de la vida humana, es decir, el deseo de amor, de alegría, de paz, de magnanimidad, de benevolencia, bondad, fidelidad, mansedumbre y dominio propio». 

  

Es para esto lo que sirve buscar a Cristo en el Decálogo, afirmó el Papa Francisco, para hacer fructificar nuestros corazones para que estén llenos de amor y abiertos a la obra de Dios. Cuando el hombre sigue el deseo de vivir según Cristo, entonces está abriendo la puerta de la salvación, que sólo puede venir, porque Dios Padre es generoso y, como dice el Catecismo, «tiene sed de que nosotros tengamos sed de Él». «Si son los malos deseos los que arruinan al hombre – precisó el Papa – entonces, el Espíritu pone sus santos deseos en nuestros corazones, que son la semilla de una nueva vida. La vida nueva no es el esfuerzo titánico por ser coherente con una norma, sino la vida nueva es el mismo Espíritu de Dios que comienza a guiarnos hacia sus frutos, en una feliz sinergia entre nuestra alegría de ser amados y su alegría de amarnos. Se encuentran los dos gozos: la alegría de Dios de amarnos y nuestra alegría de ser amados». 

  

Mientras el Papa hablaba desde el palco, un niño se acercó a él. «Dame un besito», le dijo el Papa abrazándolo. La mamá se apuró para tratar de recuperar a su pequeño, pero el Papa le dijo que estaba bien, que lo dejara, por lo que el niño siguió dando vueltas libremente en el palco del Aula Pablo VI. «Es argentino, es indisciplinado«, comentó Francisco, «este niño no puede hablar: es mudo, pero puede comunicarse, puede expresarse. Y tiene una cosa que me hace pensar: es libre, indisciplinadamente libre. Pero es libre. Y esto me hace pensar: ¿soy también así de libre ante Dios? Cuando Jesús dice que debemos llegar a ser como niños, nos dice que debemos tener la libertad que un niño tiene ante su padre. Sí, creo que este muchacho ha predicado para todos nosotros, y pedimos la gracia de que pueda hablar». 

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