El Papa: hoy se corre el riesgo de entregar la vida a la lógica de las máquinas

El Papa: hoy se corre el riesgo de entregar la vida a la lógica de las máquinas

Audiencia a quienes participan en la Academia para la Vida dedicada al tema de la “roboética”; Francisco pidió revisar el concepto de «inteligencia artificial»

La máquina que domina al hombre, los robots que sustituyen a la persona humana, la lógica del dispositivo en lugar de la razón humana. El futuro distópico que hace medio siglo comenzaron a delinear el cine y la literatura puede convertirse en un peligro real con la llegada y con el aumento de las nuevas tecnologías. La advertencia no fue pronunciada por científicos o antropólogos, sino por el Papa Francisco. Lo hizo durante la audiencia a los que participan en la asamblea plenaria de la Pontificia Academia para la Vida, titulada “Roboética. Personas, máquinas y salud”. «La actual evolución de la capacidad técnica produce un hechizo peligroso: en vez de entregar a la vida humana los instrumentos que mejoran su cuidado, se corre el peligro de entregar la vida a la lógica de los dispositivos que deciden su valor».

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Una verdadera inversión de los papeles que, según Bergoglio, producirá «resultados nefastos: la máquina no se limita a guiarse sola, sino que acaba guiando al hombre. La razón humana es reducida de esta manera a una racionalidad enajenada por los efectos, que no puede ser considerada digna del hombre».

En este sentido, hay que revisar la denominación misma de “inteligencia artificial” que, puede confundir un poco las ideas, anotó Francisco. «Los términos ocultan que –al contrario de la realización de tareas serviles (es el significado original del término “robot”)– los automatismos funcionales permanecen cualitativamente distantes de las prerrogativas humanas del saber y del actuar. Y, por lo tanto, pueden volverse socialmente peligrosos».

Ya es real, por lo demás, «el peligro de que el hombre sea tecnologizado, en lugar de que la técnica sea humanizada». Se puede ver ahora que «a “máquinas inteligentes” se atribuyen apresuradamente capacidades que son propiamente humanas». Entonces, hay que «comprender mejor qué significan, en este contexto, la inteligencia, la conciencia, la emotividad, la intencionalidad afectiva y la autonomía del actuar moral», dijo el Pontífice.

«Los dispositivos artificiales que simulan capacidades humanas, en realidad carecen de cualidad humana», añadió. «Hay que tenerlo en cuenta para orientar la reglamentación de su empleo, y de la investigación misma, hacia una interacción constructiva y equitativa entre los seres humanos y las más recientes versiones de máquinas» que se difunden a ritmos acelerados y en mundo y que «transforman radicalmente el escenario de nuestra existencia». «Si sabremos hacer valer en los hechos estas referencias, las extraordinarias potencialidades de los nuevos hallazgos podrán irradiar sus beneficios sobre cada persona y sobre la humanidad entera», aseguró el Papa.

El primer paso es volver a concebir la tecnología no como fuerza «extraña y hostil» al hombre, sino como «producto de su ingenio», a través del cual satisface «las exigencias del vivir para sí y para los demás». La tecnología debería ser «una modalidad específicamente humana de habitar el mundo», subrayó el Papa.

Por el contrario, actualmente se está llevando a cabo una «dramática paradoja»: «Precisamente cuando la humanidad posee las capacidades científicas y técnicas para obtener un bienestar equitativamente difundido, según el mandato de Dios, observamos un endurecimiento de los conflictos y el crecimiento de las desigualdades».

Declina de esta manera «el mito ilustrado del progreso» y la acumulación «de las potencialidades que la ciencia y la técnica nos han ofrecido no siempre obtiene los resultados esperados». Es más, mientras por una parte «el desarrollo tecnológico nos ha permitido resolver problemas hasta hace pocos años insuperables», afirmó el Pontífice, por otra surgen «dificultades y amenazas a veces más insidiosas que las anteriores». «El “poder hacer” corre el peligro de obscurecer el “quién hace” y el “por qué se hace”. El sistema tecnocrático basado en el criterio de la eficiencia no responde a las más profundas preguntas que el hombre se hace; y si, por una parte, no es posible prescindir de sus recursos, por otra impone su lógica a quien las usa».

Y no solo. Se está viviendo un progresivo «desgaste» del tejido de las relaciones familiares y sociales y se difunde cada vez más «una tendencia a encerrarse en sí mismos y en los propios intereses individuales, con graves consecuencias sobre la gran y decisiva cuestión de la unidad de la familia humana y de su futuro». Y si añadimos también «los graves daños causados al planeta, nuestra casa común, por el empleo indiscriminado de los medios técnicos», resulta claro que las perspectivas del futuro son bastante negativas.

El Papa exhortó a volver al concepto de «ecología integral» descrito y promovido en la «Laudato si’»: en el mundo de hoy, «marcado por una estrecha interacción entre diferentes culturas», hay que llevar la específica contribución de los creyentes a la búsqueda de «criterios operativos universalmente compartibles, que sean puntos de referencia comunes para las decisiones de quienes tienen la grave responsabilidad de tomar decisiones a nivel nacional e internacional», afirmó.

En esta óptica, «la inteligencia artificial, la robótica y las demás innovaciones tecnológicas» deben ser utilizadas «al servicio de la humanidad» y para «la protección de nuestra asa común», en lugar de hacer con ellas «exactamente lo contrario, como, desgraciadamente prevén algunas estimaciones», notó el Pontífice. «La inherente dignidad de cada ser humano debe ser puesta tenazmente en el centro de nuestra reflexión y de nuestra acción».

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