Paglia: “Estudiamos la inteligencia artificial. Nos lo ha pedido el Papa”

Paglia: “Estudiamos la inteligencia artificial. Nos lo ha pedido el Papa”

Entrevista con el presidente de la Pontificia Academia para la Vida sobre la mesa de reflexión entre el Vaticano y científicos, en vista de un pronunciamiento sobre el ámbito de la cibernética

«Hay que dar valor a los dones de Dios, la inteligencia artificial merece toda nuestra atención», afirma el arzobispo Vincenzo Paglia. El presidente de la Pontificia Academia para la Vida se reunió con el profesor Luciano Floridi, experto en filosofía y ética de la información en la Universidad de Oxfors y director del Digital Ethics Lab del Oxford Internet Institute que inauguró hoy en la Universidad Roma Tre una conferencia sobre los desafíos y las oportunidades de la cibernética presentados en las manifestaciones Maker Faire y Data Driven Innovation. En los próximos años, las máquinas desempeñarán cada vez más actividades humanas. Pero, según el profesor Floridi, más que de una sustitución de las personas con máquinas, es importante hablar del apoyo de la inteligencia artificial en las acciones del ser humano, con reducción de costos, empezando por el consumo energético y la mejor administración de los recursos. Un desafío decisivo para la humanidad y la Santa Sede quiere estar al pendiente.

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Monseñor Paglia, ¿la Santa Sede está colaborando con científicos y filósofos en vista de un pronunciamiento sobre la inteligencia artificial?

«En estos años, la Pontificia Academia para la Vida ha demostrado un interés específico por las nuevas tecnologías, dedicando el bienio 2019-2020 a la robo-ética y a las cuestiones ético antropológicas vinculadas con las llamadas “inteligencias artificiales”. Lo ha hecho antes que nada en relación con lo que ha pedido el Papa, quien exhortó a la Academia a que se adentre en los territorios de la ciencia y de la técnica y los recorra con valentía y discernimiento».

¿Cuál es la posición del Vaticano al respecto?

«El Papa Francisco quiso dedicar a las tecnologías emergentes y convergentes un número entero de la carta Humana Communitas, que me escribió con motivo del XXV aniversario de la Academia. En él, el Papa afirma: “Hoy es posible intervenir con mucha profundidad en la materia viva utilizando los resultados obtenidos por la física, la genética y la neurociencia, así como por la capacidad de cálculo de máquinas cada vez más potentes. También el cuerpo humano es susceptible de intervenciones tales que pueden modificar no solo sus funciones y prestaciones, sino también sus modos de relación, a nivel personal y social, exponiéndolo cada vez más a la lógica del mercado. Ante todo, es necesario comprender los cambios profundos que se anuncian en estas nuevas fronteras, con el fin de identificar cómo orientarlas hacia el servicio de la persona humana, respetando y promoviendo su dignidad intrínseca”».

¿Cómo procede la profundización de la Academia sobre la cibernética?

«Este proceso, exigido por el Papa, impone no deducir respuestas prefabricadas por una teoría preconcebida, sino, antes que nada, ponerse en atenta actitud de escucha de los fenómenos en su complejidad para comprender de qué manera los nuevos descubrimientos de la ciencia y de la tecnología inciden en nuestra humanidad. Sabemos muy bien que escuchar no significa legitimar. Significa, más bien, entrar en contacto con la realidad y cobrar conciencia de la multiplicidad de proyectos e iniciativas que hay en este ámbito. Algunas perspectivas a veces nos sorprenden por su audacia, por su creatividad, por sus potencialidades, pero también por la diversidad de enfoques antropológicos que expresan».

¿Cuáles son las perspectivas de este diálogo entre ciencia y fe, tecnología y centralidad del hombre? ¿No se corre el peligro de un nuevo caso Galileo?

«En el campo de la investigación científico-tecnológica sobre los robots y la llamada “inteligencia artificial” a veces está implícita (y a veces también está explícita) una concepción del hombre, de su origen y de su destino no siempre compartible, incapaz, es decir, de asumir hasta el fondo la diferencia, que las Sagradas Escrituras nos dan, entre lo que nos es dado en la realidad y recibimos como don gratuito del Creador (Padre de todos) y lo que, por el contrario, es fruto de una acción humana que transforma este don».

¿Es un juicio que implica una valoración bioética?

«Cada vez queda más claro que todo artefacto no solo es un instrumento transparente y neutral, sino que incorpora la visión del mundo del hombre que lo ha proyectado. Y esto nos apela y nos llama a participar en la empresa científica y tecnológica con gratitud, valorizando los dones de Dios. Entre ellos debemos colocar también la razón crítica, que nos permite gobernar todos los demás bienes, interpretando y distinguiendo cuán conforme es a su promesa de bien y cuán se ha alejado de ella».

¿Cuáles son los próximos pasos de este proceso?

«Con la reciente asamblea dedicada a la robo-ética hemos comenzado a dar los primeros pasos y siguiendo la misma línea prepararemos el camino para el próximo encuentro, que se llevará a cabo el año próximo sobre la llamada inteligencia artificial. Lo hacemos movidos por el inesperado interés que hemos registrado en la adhesión de un número cada vez más elevado de participantes, entre los que hay muchos jóvenes, como el Papa Francisco me hizo notar. Pero también las tantas preocupaciones que hemos recibido de parte de los órganos de prensa y de la comunicación indican la importancia y el interés que suscitan estos argumentos y también el aprecio por la articulara y amplia naturaleza que damos al discurso. Son cuestiones profundamente sentidas en el mundo de hoy, y merecen toda nuestra atención».

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