El Padre Pepe celebró la fiesta del Gauchito Gil en La Cárcova

El Padre Pepe celebró la fiesta del Gauchito Gil en La Cárcova

El Padre Pepe Di Paola, junto al Padre Toto, quien lo sucedió en la Villa 21 en la Parroquia de Caacupé, acompañados por una gran cantidad de devotos de barrios, villas y comunidades de la zona, celebraron días atrás la gran fiesta del gauchito Antonio Gil, devoción popular muy arraigada en nuestro país y en los países limítrofes. Con la colaboración y ayuda fundamental de hombres y mujeres comprometidos con la realidad de los barrios, la lucha de los curas villeros  y la evangelización, como Ricardo Jury, que colaboró estrechamente con el padre Pepe en la organización y logística de esta fiesta, la convocatoria fue completa con misa, bautismos, comuniones y confirmaciones, además de música, baile y grupos folclóricos. 

El pasado 17 de enero La Cárcova se vistió de fiesta para recordar la figura y la devoción, por ahora popular, del gauchito Antonio Gil. Con mucha simpleza, el padre Pepe les dio a todos la bienvenida, y marcó su posición y su mirada con respecto a la figura recordada: "Hoy estamos juntos con los devotos del gauchito Gil de la villa 21 que nos visitan,  hacemos el homenaje en esta cancha del barrio La Cárcova. Para nosotros el gauchito es un ejemplo de fe y vida, no es un Robin Hood, no es muchas veces como se lo mal interpreta o se lo denigra, fue un hombre de fe y amor al hermano".

"Hoy, tenemos dos corsos y esta celebración. La comunidad está de fiesta celebrando la vida", comentaba una vecina de la Cárcova.

El padre Pepe, con su estola de San Juan Bosco, fue el primer presentador de la jornada, anticipando la misa, bautismos, confirmaciones y comuniones para vecinos de varios barrios y de todas las edades. Y luego, canciones, fiesta y folclore en homenaje al gauchito Gil, que está presente recordado por los devotos, con sus ermitas levantadas en la villa y en todas las rutas del país.

Muchos devotos del gauchito, figura todavía polémica en la mirada de la iglesia en general y de muchos sectores de consagrados y laicos en particular, expresan que sienten en la bondad y en los actos del gaucho, una manera de buscar la santidad y acercarse más a Dios.

La misa también recibió a la Madre María a través de la llegada de la figura de la Virgen de Luján, traída por los vecinos en procesión con jinetes, gauchos y paisanas de todas las edades.

Invitado por el Padre Pepe, concelebró la misa el Padre Toto, hoy en la villa 21: "Venimos todos como peregrinos, de diferentes barrios, unidos todos por esta cruz que nos trajo la salvación, que nos trajo el gauchito Gil por ejemplo. Ser cristiano no es otra cosa que desear el bien del hermano, y el bien del otro, del prójimo. Que mi hermano se sienta bien, y esto nos lo enseña el gaucho Gil que tanto hizo por el prójimo, en su tiempo. Estamos todos presentes en este homenaje que el barrio La Cárcova le hace al gauchito. Vengo de la villa 21 de Barracas con la virgen de Caacupé, siempre con el recuerdo y el camino que marcó el padre Pepe", recordó emocionado el Padre Toto.

Familias, jóvenes, adultos, abuelos, niños, muchos de ellos recibiendo la Primera Comunión, y también la Confirmación. con simpleza, con naturalidad, con la palabra coloquial y afectuosa del hermano próximo y cercano. El padre Pepe y el padre Toto son parte de estas comunidades, se hacen uno en todo con ellas, viven allí, sufren, luchan, acompañan a ese pueblo. La opción por la pobreza se ve también en la simpleza del altar, en las palabras y los tonos, recordando sin ninguna duda los encuentros y las conversiones en los tiempos de los primeros cristianos, en la inculturación de allanar todos los caminos y las trabas para llevar el mensaje de Dios a todos los hermanos de la villa. 

El Padre Pepe, antes de la Eucaristía, tuvo palabras muy especiales y afectuosas para con el querido Ricardo Jury y para aquellos que también adhieren y rezan desde lejos: "No olvidamos y saludamos también a los muchachos del Penal 46 que también son parte de esta parroquia. Y hoy, en esta fiesta del gauchito, vamos a tener presente muy especialmente a Ricardo Jury, que no nos puede acompañar hoy, pero está muy presente espiritualmente, él ha sido fundamental, tiene mucho que ver con todo lo que está montado aquí, nos ha ayudado a instalar todo lo que vemos para está celebración", recordó Pepe Di Paola.

Primero, el encuentro en la cancha de fútbol Cimec, de la villa. Luego, allí mismo, el escenario, con los tablones uno al lado del otro. El escenario  fue primero tribuna, luego altar, para terminar siendo el lugar donde los artistas desplegaron su arte y derramaron su compromiso y sus canciones. La nave principal por donde desfilaron los que recibieron los sacramentos, se transformó en la pista de baile para los gauchos, con chacareras, zambas y zapateos.

Pepe y Toto. Son los curas de la villa, son los curas del pueblo, totalmente enraizados en las comunidades que integran y representan. Con los años, han logrado reducir los dichos y los ritos a lo mínimo indispensable. La vida, la fe y el Evangelio corren por un carril más claro y concreto: Los actos, las actitudes, el hacer con y para el otro, la verdadera comunión comunitaria. Cualquier horario y cualquier lugar son los apropiados para montar la iglesia, la capilla, el encuentro en la misa y en Jesús Eucaristía. El tabernáculo se improvisa y se instala en cada sector del barrio. Toda la comunidad es una gran ofrenda cotidiana de fe, esperanza y unidad.

Los devotos insisten con su convicción y simpleza: "Antonio Gil es para nosotros un ejemplo de fe". Y así lo viven, con un sábado de enero de fiesta, un sábado de encuentro de comunidades, con la simpleza de la fe verdadera. Chacareras, zambas, grupos de folclore de cada barrio con chicos y grandes. Una fiesta en paz, en la calle, con las puertas de las casas abiertas. Una realidad tan diferente a la que algunos quieren montar con respecto a las villas. Una estigmatización que se evapora rápidamente cuando se ingresa en el lugar, y en la vida y la dinámica de la gente del lugar.

Para el final, luego de la misa y los sacramentos, la fiesta comunitaria. Con artistas orgullosos de participar en la movida popular. Mario Cabrera, músico, folclorista, guitarrero y cantor del pueblo, fue una de las figuras más destacadas de la noche. Y Nico Favio, emocionado por acompañar al Padre Pepe y la comunidad. Desde los grandes éxitos de Leonardo Favio, hasta el punteo del Pájaro Campana, nada faltó en la fiesta del gauchito.

"Si digo compañero, ya se que no estoy solo, un pueblo va conmigo diciendo su verdad, verdad organizada de los trabajadores, que quieren que sus sueños se hagan realidad", cantaba Mario Cabrera. Y todo eso se siente en las villas. Siempre con el Papa Francisco en el corazón y el recuerdo de su paso por allí, el pueblo crece con su devoción, diciendo su verdad.

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