El Padre Hugo Segovia “condenado al exilio”

El Padre Hugo Segovia “condenado al exilio”

“A mí no me juzgaron. Porque no había motivos para eso. Fue simplemente una situación que se planteó y se resolvió así: que yo viniera a un hogar en Necochea, un sitio que ni conocía, cosa que jamás me imaginé que iba a pasar en mi vida. Porque he sido siempre una persona regalada.” dijo en diálogo con “el Retrato…” el Padre Hugo Segovia, quien hoy es una especie de “condenado al exilio” luego de su paso por San Carlos Borromeo en Mar del Plata.

En un mano a mano con este Portal, quien aún hoy es uno de los curas mas queridos y respetados de Mar del Plata, algo que ni su ausencia forzada ha podido impedir, habló de su doloroso presente. No tuvo reparos en afirmar que ““A mi Mar del Plata me hace falta”.

La siguiente es la charla que mantuvo con nuestros cronistas.

- ¿Contento de este mimo al alma que le hace la gente de Miramar?

- Sí. Y sobre todo pensando que hace 22 años que salí de este lugar. Porque normalmente el ciudadano ilustre es alguien que vive en el lugar. Yo no vivo físicamente. Amo mucho Miramar porque me tocó venir en un momento difícil y me fui quedando. Dieciséis años. Doce como párroco y cuatro antes de ser párroco…

- ¿Hoy está viviendo en la ciudad de Necochea?

- Si. (baja la mirada).

- ¿Extraña el contacto con la gente?

- Muchísimo. Por algo, a Necochea no la cité como uno de los lugares de mi vida en el discurso de agradecimiento que acabo de dar. Puse mi pueblo, La Plata, Roma que son lugares donde estudié, Mar del Plata y Miramar. Pero no puse Necochea porque no la considero mía y porque además no quiero. Después me cuesta mucho el desarraigo. Yo soy una persona que se apega mucho. Cuando me dijeron que me sacaban de Miramar, Monseñor Arancedo me lo informó un septiembre. Pero para hacerla efectiva en diciembre. Para mí fueron tres meses de agonía. Tenía la orden de no decirle nada a la gente, pero la gente se entera. Y eso me costó muchísimo. Fue tremendamente doloroso.

- ¿Tan doloroso como su último traslado de Mar del Plata a Miramar?

- No. La última fue peor. Porque la última fue, ya lo he dicho antes, la peor de todas. Porque ocurrió de una manera que yo no imaginaba y que no considero correcta. Me tuve que ir de Punta Alta en el año 1976, lugar donde vivía, por el proceso. Amenazado de muerte. Con dos atentados contra la casa de mi mamá. Y este último traslado mío yo lo considero hasta peor que aquello.

- ¿Por qué sucedió?

- Bueno, cumplí con mi período, porque el Código Canónico establece que los 75 años son el límite. Dejé la Parroquia de San Carlos Borromeo y me habían destinado a la parroquia Stella Maris como capellán. Bueno, ahí se sucedieron una serie de hechos que no deseo explicar…

- Los marplatenses lo extrañan mucho…

- Y yo también extraño. Eso es lo lindo: cuando hay una buena relación no hay motivos para divorciarse. A mi Mar del Plata me hace falta. El otro día escuchaba al Santo Padre -ahora ya no lo dice tanto- decir “Me falta Buenos Aires”. A mí me falta Mar del Plata. Por todo lo que es Mar del Plata y por lo que era mi presencia ahí. Porque era una presencia muy fuerte. Y me doy cuenta ahora, cuando voy por algún motivo y me encuentro gente, que me hacen sentir lo que esa presencia significó para ellos: “Usted me casó, usted bautizó a mis hijos…”

- Eso es lo que la gente no termina de entender. Es conocida su trayectoria y conocido el amor que el pueblo le tiene ¿A quién no le terminó de convencer eso?

- Bueno, a veces hay discrepancias. Enfoques pastorales que no son gratos y generan problemas a nivel eclesiástico.

- Se comenta que nunca fue bien visto que usted hiciera una bendición a las nuevas uniones de los divorciados, o a bautizar chicos cuyos padres no estuvieran casados…

- Ese tema ahora se ve distinto porque ahora el Papa Francisco está en la cima. Yo estaba abajo. Era uno más. Y esas cosas que usted menciona, eran cosas que a conciencia yo no podía dejar de hacer ¿Por qué tengo que condenar a una persona que ha tenido un fracaso? O no darle una bendición a quién ha tenido una mala experiencia. Yo siempre tuve en cuenta lo que me enseñaron en el seminario: En la vida sacerdotal se van a presentar situaciones muy difíciles de resolver. Cuando eso suceda, ustedes pregúntense ¿Qué haría Jesús en mi lugar? Y yo me preguntaba, y me pregunto ¿Jesús echaría a los separados? ¿o trataría de entenderlos, de ayudarlos? El Papa ha sido terriblemente revolucionario cuando dijo, aquel día en el avión a los periodistas: ¿Quién soy yo para juzgarlos? refiriéndose a los gays. Solamente eso lo hace pasar a la historia.

- Pero a usted lo juzgaron y lo sacaron…

- A mí no me juzgaron. Porque no había motivos para eso. Fue simplemente una situación que se planteó y se resolvió así: que yo viniera a un hogar en Necochea, un sitio que ni conocía, cosa que jamás me imaginé que iba a pasar en mi vida. Porque he sido siempre una persona regalada. Siendo hijo único, en casa se me daban todos los mimos, y de golpe me encuentro en una situación difícil de la vida. Estoy bien. No me puedo quejar: no estoy sufriendo ni nada de eso. Pero no estoy en el ámbito pastoral que hubiera soñado.

- ¿Dónde le gustaría estar?

- Yo quiero estar en Mar del Plata.

- ¿Hay posibilidades de revertir esa situación?

- Trato. Pero no tengo mucho eco. No está en mis manos esa decisión.

- ¿De quién depende?

- Bueno, depende del Obispo. El Obispo es el que dispone. Y es quien considera si uno está bien en cada lugar.

- ¿Usted se siente viejo? Cuando habla de que lo jubilaron a los 75 años .

- No. El Código de Derecho Canónico establece que a los 75 años hay que renunciar. Es una disposición sabia porque hay curas que están años y años y años en una parroquia. Cuando un cura va envejeciendo, la comunidad va envejeciendo con él. Entonces se ha puesto ese límite etáreo. Que no es taxativo.

- Pero la parroquia San Carlos Borromeo no había envejecido con usted…

- Bueno, es que también hay otras razones. La falta de sintonía, a veces, entre la pastoral del Obispo y la pastoral del sacerdote.

- ¿Hay mucha política en la Iglesia?

- Si, claro que hay mucha política. La política está en todas partes. Lo que sucede es que somos humanos. Y como seres humanos, tenemos nuestras formas de ver. Y en la Iglesia también hay tendencias. Decía un famoso periodista francés que la Iglesia es como un zoológico donde caben toda clase de animales. Una definición simpática.

- Usted se muestra respetuoso del Código Canónico ¿Pero no hay un momento de cierta rebelión interna? Sobre todo entendiendo que no está en el lugar dónde le gustaría estar, luego de años de servicio a una institución tan prestigiosa como la Iglesia…

- El Código es sabio porque a lo mejor, a esa edad hay gente que está cansada y que precisa tomarse un descanso. Pero yo hubiera querido seguir. No se trata de una rebelión, más bien de un profundo deseo de continuar.

- La gente de Mar del Plata, en una semana, juntó casi 5.000 firmas para que no lo trasladaran…

- Pero no sirvió. Esta decisión fue tomada en un intervalo ocurrido entre el mandato de Monseñor Puiggari y Monseñor Marino, que fue ratificado por éste último. Yo con él tengo una relación, donde le explico, le digo, le pido todo esto. Y bueno, él lo continúa pensando. Está analizando la situación hace tres años y medio.

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