Una oportunidad para actuar

Una oportunidad para actuar

Por Pablo Salgado

Comenzando el Año Litúrgico, las lecturas nos invitan a reflexionar sobre nuestra "ignorancia" sobre el momento en el cual volverá Jesucristo. Ese retorno prometido y esperado. ¿Cómo nos encontrará ese día? "Estén prevenidos, porque no saben ni el día ni la hora"

La carta de los curas villeros, el documento de la Comisión contra la drogadependencia del Episcopado, dentro de la Pastoral Social, también nos invita a pensar, a ir a fondo en nuestro interior y replantearnos hasta dónde pensamos que el flagelo de la droga es algo de todos, una responsabilidad como sociedad, como comunidad. Si la droga está lejos de mi vida y mi familia, ¿qué tengo que ver yo?, ¿cuál es mi responsabilidad?. Tenemos mucho que ver, y tenemos también muchas responsabilidades y mucho para hacer, para cambiar y para aportar.

El dolor de las drogas está en toda la sociedad. No hay clases, nadie está a salvo. Directa o indirectamente, la droga se convirtió en un castigo total para la sociedad de hoy. Los curas en el documento lo reflejan en los primeros párrafos, remarcando el dolor propio, personal, pero también el dolor alrededor y de todos los afectos.

Es cierto que la Iglesia está preocupada y ocupada, también es real que hay una gran red de acciones concretas, talleres, grupos, espacios de reflexión, en cada diócesis, parroquia o capilla. Pero reconocen los autores del documento que eso no alcanza. Acompañar y tratar a los adictos, buscando su liberación del yugo de las adicciones, soluciona una parte del problema. Detrás, hay toda una trama profunda de injusticias, ausencias del Estado, crisis, olvidos, desatenciones, en una sociedad violenta, abandonada, superficial y relativista.

La complejidad y los problemas sociales actuales ponen de manifiesto quetal como lo presenta el histórico documento de la Iglesia, con la sola recuperación no alcanza.

¿Y qué hace falta? Hace falta un compromiso global y completo, de todos los sectores, a 360 grados. Iglesia, Estado y sociedad. Con la recuperación del adicto no alcanza, si el resto de la sociedad no se compromete. Para la Iglesia, nada de lo humano le puede ser ajeno, y ahora, con la llegada de Francisco, la Iglesia en todo el mundo está cerca de la gente y de los flagelos del pueblo, como hacía años no ocurría.

Como dice Francisco en la Evangelii Gaudium, la Iglesia debe ser una "Iglesia en salida" , dispuesta a profundizar cada día esa llegada a los sectores más desprotegidos, a esas "llagas de la sociedad", que no soportan más el olvido y el desamparo.

Basta de la estigmatización a los adictos, de la criminalización de quien consume. Hay un párrafo en la carta que es por demás elocuente:

"Gran parte del problema de consumo de drogas está vinculado con la comprensión lineal del asunto y con un tejido social que se fue deshilachando. Las relaciones de colaboración y cuidado entre familiares, amigos, vecinos o compañeros de trabajo se han ido empobreciendo, la conciencia sobre la propia responsabilidad social se fue licuando en nuestras mismas parroquias, así como en la sociedad en general".

La droga pega y duele en todos lados:

"Ricos y pobres, todos nos encontramos atravesados por esta realidad del consumo que exacerba el individualismo, deteriora las relaciones humanas y empobrece el tejido social. Una consecuencia de esto es que resulta muy difícil encontrar gente que quiera hacerse cargo del que está sufriendo".

Ya no hay dudas, en todo el mundo estamos viviendo una crisis de valores. Recuperar al adicto, al que sufre, pero buscar recibirlo en otra sociedad, una sociedad mejor, con oportunidades, y más justa:

"Mientras los valores sean el consumo, la comodidad y el confort o la salvación individual no tendremos respuesta frente al sufrimiento que ocasionan ciertos consumos de droga. Si seguimos pensando que es un problema que deben enfrentar exclusivamente los especialistas y nos desentendemos, entonces no abrimos las puertas a un verdadero cambio".

No hay dudas, independientemente de entender que con recuperar no alcanza, el mensaje de la Iglesia, el amor al prójimo y el compromiso al cual nos invita Cristo, son las herramientas fundamentales para cambiar el mundo:

"Creemos que los valores que nos propone el Evangelio son el fundamento para la reconstrucción del tejido social: la confianza, la solidaridad, la hospitalidad, la paciencia, la cercanía, la proximidad, el amor, la renuncia de sí mismo".

En el final del documento, aparece la verdadera convocatoria, sin vueltas, con la premura que merece este difícil momento.

Es necesario también analizar, por encima de lo que podemos denominar un cerco informativo, la decisión de los medios más importantes del país de prácticamente ignorar esta carta, este documento donde los curas le piden a la sociedad no estigmatizar a quien consume. Diferente fue la actitud de estos mismos medios cuando, meses atrás, el Padre Pepe y los curas villeros enviaban una carta a la Presidenta mostrándose en contra de algunas expresiones de Juan Carlos Molina, sacerdote titular del SEDRONAR, que hablaba en cierta forma de despenalización. Su discurso fue mal interpretado en parte.

Molina, palabras más o menos, expresaba lo que hoy aparece en este documento: NO CASTIGAR AL QUE CONSUME. ES OTRA VÍCTIMA QUE HAY QUE RECUPERAR.

Este documento está en sintonía con la estrategia del gobierno en los últimos años. Ya desde el paso de Aníbal Fernández en el Ministerio de Justicia, crecía en el kirchnerismo la propuesta de tratar, recuperar, atender al adicto, y perseguir al dealer y a las organizaciones delictivas del narcotráfico. No es que ahora aparezcan. Están desde hace años, el tema es que ahora son reconocidos, identificados, perseguidos e investigados. Pero todavía falta mucho para entender la complejidad del problema.

Cerrando el año, y en la preparación para la Navidad, este llamado de los curas a toda la sociedad para comprometerse y ayudar a luchar contra la droga, debe llegar a lo más profundo de nuestro corazón:

"Por todo esto, a punto de comenzar el tiempo de Adviento en que nos preparamos para recibir a Nuestro Señor, que nace pobre y entre los  pobres, CONVOCAMOS A TODOS LOS CRISTIANOS DE LA ARGENTINA, EN EL LUGAR DONDE ESTÉN, CON LA OCUPACIÓN QUE TENGAN A PONERSE DE PIE Y A FORMAR PARTE DE ESTA GRAN CAMPAÑA DE CUIDADO. HACEMOS EXTENSIVA LA CONVOCATORIA A TODAS AQUELLAS PERSONAS QUE TIENEN PASIÓN POR EL BIEN. Cuidar antes es prevenir, cuidar después es acompañar en el sufrimiento y tender una mano para superarlo". 

No podemos hacernos los distraídos, no podemos permitirnos ese lujo. Mañana mismo, en cada barrio, en los centros comunitarios, las sociedades de fomento, la capilla o la parroquia. En ese lugares podemos dar el primer paso. Donar parte de nuestro tiempo. Desde dar apoyo escolar, hasta luchar para que la municipalidad mejore la plaza, o comenzar a juntar pibes para armar un equipo de fútbol. Desde ahí, en ese momento, comenzamos a cambiar el mundo:

"Nadie puede decir: este no es mi problema. Todos: vecinos, empresarios, comunicadores, sacerdotes, docentes, grupos de oración, médicos, abogados, obreros, cada uno desde el lugar que le toca está llamado a colaborar en la solución, a poner su parte en el armado del pesebre de la vida. Estemos abiertos pues de verdad, Cristo llega en esta Navidad".

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