Ojea habló sobre abusos sexuales dentro de la iglesia y remarcó: "Es necesario reconocer nuestros pecados"

Ojea habló sobre abusos sexuales dentro de la iglesia y remarcó:

La Iglesia católica está comprometida a erradicar "situaciones de abuso" dentro de la institución y en "recorrer un camino de purificación", aseguró el obispo de San Isidro y presidente de la Conferencia Episcopal Argentina (CEA), monseñor Oscar Ojea.

"Es necesario hacer un profundo examen de conciencia y reconocer nuestros pecados", enfatizó el religioso durante su homilía de apertura de la 117ª Asamblea Plenaria del Episcopado Argentino que reúne a obispos de todo el país en la localidad bonaerense de Pilar.

Allí, en la Casa de Ejercicios "El Cenáculo", Ojea compartió con sus colegas vivencias de su reciente participación en una reunión con el Papa Francisco en la que presidentes de Conferencias Episcopales del mundo analizaron junto al Santo Padre la problemática de los abusos que sacude a la Iglesia.

"La santidad de la que habla el Libro del Levítico se concreta y se vuelve visible en el amor a los hermanos, especialmente a los más vulnerables: hambrientos, tristes, enfermos, presos... los hermanos y hermanas de las periferias existenciales a quienes estamos llamados a cuidar especialmente. Muchos de ellos, pequeños y pequeñas que debieron ser cuidados y protegidos, fueron cruelmente maltratados en situaciones de abuso dentro de la Iglesia, que hoy estamos comprometidos a erradicar", sostuvo.

En una homilía de cuaresma concelebrada por monseñor Marcelo Colombo, arzobispo de Mendoza, y monseñor Mario Poli, arzobispo de Buenos Aires y cardenal primado de la Argentina, Ojea añadió que la palabra del Evangelio "nos llega en un momento en que la Iglesia toda esta empeñada en recorrer un camino de purificación".

"El Encuentro sobre la Protección de los Menores en la Iglesia (compartido con el Papa) nos puso delante del pecado y del drama de los abusos. Abusos sexuales que son también abusos de conciencia y que siempre parten de un abuso de poder", remarcó, y agregó: "Hemos sido llamados vivamente por el Santo Padre y por toda la Iglesia a dar un corte radical a estas situaciones".

"A no encubrir ni de lejos una denuncia que amerite una investigación para proteger a los menores y a los adultos vulnerables. Esto es importante, esencial y urgente, pero no basta. Estamos llamados a ir más allá", insistió.

En este sentido, manifestó: "Debemos renovar de raíz estilos de vida y estructuras de formación que han hecho posible que germinara en algunos clérigos un sentimiento de superioridad y de dominio con respecto al pueblo fiel y que han facilitado que vivieran como si no tuvieran que dar cuenta a nadie de sus actos, en una situación de verdadera impunidad".

"Tenemos que estar sumamente atentos para que no se creen entre nosotros estas condiciones que son favorecidas claramente por un clericalismo que ama las situaciones de privilegio y por la falta de una autentica austeridad de vida y de transparencia", dijo, y evaluó que "dominar y hacer sentir la autoridad por si mismas son situaciones abusivas".

Finalmente, consideró que "los abusos de poder en un sentido más amplio, unidos a los abusos sexuales antes mencionados, han contribuido a crear una actitud de rabia y enojo en muchos fieles, lo que, en palabra del Santo Padre, es una expresión de la Ira de Dios".

"A esto se une una actitud crítica a la Iglesia que -haciendo leña del árbol caído- busca inhabilitarla para cumplir su función de predicar el Evangelio y respondiendo así a su identidad y a su misión. Frente a esto no tenemos que victimizarnos ni sentirnos objetos de injusticias, es necesario -aprovechando el fuerte tiempo litúrgico que nos toca vivir- buscar la voluntad de Dios que se esconde detrás de este momento de mucha confusión", recomendó Ojea.

Para llevar adelante todo esto y a tono con el inicio de la Cuaresma es necesario hacer un profundo examen de conciencia y reconocer nuestros pecados. Todos somos solidarios en el pecado y hacer un examen de conciencia sobre lo que podemos haber hecho mal, nos ayuda a vivir la virtud de la humildad que asegura la paz interior e ilumina el camino para tomar decisiones concretas a través de conductas claras que certifiquen que estamos en el rumbo del Evangelio", completó.

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