El Nuncio comprometió la ayuda de la Iglesia ante la crisis social

El Nuncio comprometió la ayuda de la Iglesia ante la crisis social

Monseñor Kalenga Badikebele también dijo que se lleva de la celebración "el grito y el dolor de los pobres". En la homilía, el obispo Carlos Tissera advirtió sobre las víctimas de "políticas públicas insuficientes", la falta de trabajo y la inflación.

El nuncio apostólico en la Argentina, monseñor León Kalenga Badikebele, presidió la XXIII Misa de la Esperanza en el Cruce Varela, donde llamó a los pobres a la unidad en los momentos de dificultad y comprometió la cercanía de la Iglesia ante la difícil situación económica del país. 

La tradicional celebración eucarística fue concelebrada por obispo de Quilmes, monseñor Carlos José Tissera; el obispo auxiliar de Quilmes, monseñor Marcelo Julián (Maxi) Margni, el obispo emérito Juan Carlos Romanín, el secretario de la Nunciatura Vicenzo Turturro y sacerdotes de esta jurisdicción eclesiástica del conurbano bonaerense.

A pesar de las amenazas de lluvia, a las 19 del sábado se realizó la misa en el lugar previsto, donde horas antes se habían llevado a cabo la olla popular con los movimientos sociales, el festival de música y la radio abierta. El lema que animó la jornada fue “Escucha Señor el clamor de los pobres”.

En la homilía, el obispo de Quilmes alzó su voz por los jóvenes, las personas pierden sus puestos de trabajo, o que sus salarios son depreciados por la inflación, por las víctimas del desborde de arroyos, de la inseguridad y de las "políticas públicas insuficientes".

Monseñor Tissera agradeció en nombre de la diócesis al nuncio por su presencia, recordó al obispo Jorge Novak que propuso esta misa “para momentos difíciles” y resaltó la figura del obispo Enrique Angelelli y sus compañeros mártires que serán beatificados el año próximo.

Durante el ofertorio, las parroquias de Quilmes ofrecieron carne, las de Berazategui, agua, y las de Florencio Varela, verduras, como aporte simbólico para la olla popular.

Esta Misa de la Esperanza coincidió con la II Jornada Mundial de los Pobres que convocó el Papa Francisco, que pretende ser un signo de cercanía de la Iglesia con las personas que sufren necesidades.

Al finalizar, el arzobispo Kalenga Badikebele dijo a los presentes que “aquí encontré la alegría de la gente y me llevo el grito y el dolor de los pobres. Nosotros, los buenos pastores, estamos dispuestos al martirio por ustedes”.

El nuncio recordó a los pobres que “la unión hace la fuerza, porque ustedes ayudan al Señor Jesús a llevar la cruz hacia el calvario”, para concluir impartiendo la bendición en nombre del Papa Francisco.

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