Sri Lanka: el Papa canonizó a José Vaz, un misionero indio que evangelizó la isla

Sri Lanka: el Papa canonizó a José Vaz, un misionero indio que evangelizó la isla

Frente a una multitud, Francisco ofició una misa; fuerte llamado a la libertad religiosa

Medio millón de personas asistieron hoy a la misa que celebróFrancisco en esta capital -la primera de su gira por Asia-, en la que canonizó a José Vaz, cura misionero del siglo XVII, que se convirtió en el primer santo de Sri Lanka, país donde los católicos son minoría.

En una ceremonia de los más impactante, con lindísimas músicas, coros y bailes tradicionales, celebrada a la vera del Océano Indico (algo que trajo reminiscencia de la Jornada Mundial de la Juventud de Río de Janeiro en Copacabana), repicaron las campanas y hubo aplausos cuando el Papa leyó la fórmula de canonización de Vaz, personaje aquí venerado, declarado beato por Juan Pablo II hace exactamente 20 años en el mismo lugar.

En una homilía que pronunció en inglés, el Papa exaltó las virtudes del primer santo de Sri Lanka -país de 21 millones de habitantes de gran mayoría budista, donde los cristianos son apenas el 7% y conviven con musulmanes e hindúes-, y evocó su historia.

"Debido a la persecución religiosa, vestía como un mendigo y ejercía sus funciones sacerdotales en los encuentros secretos de los fieles, a menudo por la noche. Sus desvelos dieron fuerza espiritual y moral a la atribulada población católica", recordó el Papa.

Nacido en 1651 en Goa, India, de padres portugueses, este misionero "en salida" decidió ir a predicar a la entonces llamada isla de Ceylon bajo dominio holandés calvinista, al enterarse que allí desde hace décadas los católicos no tenían sacerdotes.

"Debido a la persecución religiosa, vestía como un mendigo y ejercía sus funciones sacerdotales en los encuentros secretos de los fieles, a menudo por la noche. Sus desvelos dieron fuerza espiritual y moral a la atribulada población católica", recordó el Papa. "Su atención a los enfermos, durante una epidemia de viruela en Kandy (reino budista), fue tan apreciada por el rey que se le permitió una mayor libertad de actuación. Desde Kandy pudo llegar a otras partes de la isla. Se desgastó en el trabajo misionero y murió, extenuado, a la edad de cincuenta y nueve años, venerado por su santidad", detalló.

Al tiempo que llamó a seguir a este santo "que nos enseña a salir a las periferias", el Papa también hizo un fuerte llamado a la libertad religiosa. "Su ejemplo sigue siendo hoy una fuente de inspiración para la Iglesia en Sri Lanka, que sirve con agrado y generosidad a todos los miembros de la sociedad", dijo. "La libertad religiosa es un derecho humano fundamental", agregó, al destacar que "toda persona debe ser libre, individualmente o en unión con otros, para buscar la verdad, y para expresar abiertamente sus convicciones religiosas, libre de intimidaciones y coacciones externas". "Como la vida de san José Vaz nos enseña, el verdadero culto a Dios no lleva a la discriminación, al odio y la violencia, sino al respeto de la sacralidad de la vida, al respeto de la dignidad y la libertad de los demás, y al compromiso amoroso por todos", sentenció. Destacó, asimismo, cómo San José Vaz "sabía cómo presentar la verdad y la belleza del Evangelio en un contexto multirreligioso, con respeto, dedicación, perseverancia y humildad. Éste es también hoy el camino para los que siguen a Jesús. Estamos llamados a salir con el mismo celo, el mismo ardor, pero también con su sensibilidad, su respeto por los demás", indicó.

Llamó a seguir a este santo "que nos enseña a salir a las periferias", el Papa también hizo un fuerte llamado a la libertad religiosa

La misa, en cingalés, tamil e inglés, tuvo lugar en un ambiente festivo -fue declarado feriado en Sri Lanka para que todos, incluso fieles de otras religiones, pudieran ir-, y al mismo tiempo, muy recogido, lleno de respeto. Sorprendía el silencio, así como ver a la multitud, que desde la noche anterior había esperado para ver el Papa -muchos acampando-, que no estaba eufórica, sino que miraba contenida el paso de Francisco en papamóvil. "¡Santo Padre! ¡Santo Padre!", gritaban los más exaltados. Pese a las 500.000 personas presentes -familias enteras, niños, señoras vestidas con sari y muchísimos sacerdotes y monjas-, la organización fue impecable, con ingente seguridad. Por las altas temperaturas, la misa empezó bien temprano por la mañana. Los sectores VIP contaban con carpas a la sombra, donde incluso había ventiladores y entregaban botellitas de agua; los demás, utilizaban paraguas para protegerse de un sol impiadoso.

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