“Una Iglesia ’uniforme’ no es Iglesia”

“Una Iglesia ’uniforme’ no es Iglesia”

El Papa en Santa Marta: es necesario purificarla, a partir de nosotros mismos; “cada uno de nosotros construye según el don que Dios nos ha dado”

por DOMENICO AGASSO JR

Es necesario edificarla y custodiarla. Purificarla, sobre todo, a partir de nosotros mismos. Todo esto necesita hacer la Iglesia, que por otra parte, si es “uniforme” no es Iglesia. Porque cada uno “construye según el don que Dios nos ha dado”. Son las indicaciones dadas por el Papa en la Misa de esta mañana, 9 de noviembre de 2017, en la Casa de Santa Marta, como recoge Radio Vaticana.  

Lo primero es necesario “edificar la Iglesia” partiendo de su fundamento, Jesucristo: “Él es la piedra angular de este edificio. Sin Jesucristo no hay Iglesia. ¿Por qué? Porque sin Él no hay fundamento. Y, pensemos en una iglesia material, si construimos una iglesia sin fundamento, ¿qué ocurre? Se derrumba. Se derrumba toda”. Si Jesucristo no está “vivo en la Iglesia, la Iglesia se derrumba”.  

Se pregunta el Pontífice: “Y ¿nosotros qué somos? Nosotros somos las piedras vivas de ese edificio”, no iguales, esas piedras son todas diferentes, y “esa es la riqueza de la Iglesia. Cada uno de nosotros contribuye a la construcción con los dones que Dios nos ha dado. No podemos pensar en una Iglesia uniforme: eso no es Iglesia”.  

Por tanto, es necesario “custodiar la Iglesia” teniendo conciencia del Espíritu de Dios que habita en nosotros.  

Reflexiona Francisco: “¿Cuántos cristianos, hoy, saben quién es Jesucristo, saben quién es el Padre – porque rezan el Padre Nuestro? Cuando tú hablas del Espíritu Santo… “Sí, sí… ah, es la paloma, la paloma”, y terminan allí. Pero el Espíritu Santo es la vida de la Iglesia, es tu vida, mi vida… Nosotros “somos templo del Espíritu Santo y debemos custodiar al Espíritu Santo, hasta el punto de que Pablo aconseja a los cristianos que “no entristezcan al Espíritu Santo”, es decir, que no se tenga una conducta contraria a la armonía que el Espíritu Santo provoca dentro de nosotros y en la Iglesia. Él es la armonía, Él hace la armonía de este edificio”.  

Por último, es necesario “purificar la Iglesia”, a partir de nosotros mismos. “Nosotros somos todos pecadores. Todos. Si alguno de ustedes no lo es, levante la mano, porque sería una hermosa curiosidad. Todos lo somos. Y por esto debemos purificarnos continuamente. También purificar a la comunidad: a la comunidad diocesana, a la comunidad cristiana, a la comunidad universal de la Iglesia. Para hacerla crecer”.

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