Georgia y Azerbaiyán, viaje al confín de la Europa herida

Georgia y Azerbaiyán, viaje al confín de la Europa herida

Durante tres días y dos noches, Francisco estará en el Cáucaso para completar el peregrinaje que comenzó en Armenia: los prófugos que escapan del EI, el conflicto en Nagorno Karabakh, el encuentro con una de las Iglesias ortodoxas menos ecuménicas y la etapa en el país de mayoría musulmana (chiita), al que quisieran infiltrarse los fundamentalistas.

ANDREA TORNIELLI - CIUDAD DEL VATICANO

El que el Papa comienza este viernes 30 de septiembre es un viaje relámpago de tres días y dos noches en el Cáucaso. Francisco visitará dos países: Georgia y Azerbaiyán, completando de esta manera el peregrinaje que comenzó en junio de este año con el viaje a Armenia. Al principio el viaje fue concebido como un único bloque, pero debido a la coincidencia con el Concilio panortodoxo de Creta  tuvieron que partirlo en dos etapas. El Papa no podía llevar a un país de antigua tradición cristiana mientras el líder de la Iglesia más importante, Elías II, se encontraba ausente, justamente para participar en el Sínodo. Y el destino quiso que Elías haya sido uno de esos patriarcas que, siguiendo al de Moscú, Kiril, decidieron no participar en la cumbre de Creta. Pero el calendario el viaje papal en dos etapas ya estaba definido.

El viaje al confín entre Europa y Asia forma parte de la tipología de las visitas bergoglianas en el Viejo continente: países pequeños, todavía heridos por conflictos, en los que el Papa espera poder animar recorridos de paz y de reconciliación. Países en donde los católicos son «un pequeño rebaño», pero en los que conviven con otras confesiones cristianas y con otras religiones. El peregrinaje a Georgia y Azerbaiyán, como lo fue el que hizo a Turquía, también tocará el drama de los refugiados que huyen del EI. Bergoglio compartirá los sufrimientos de los cristianos iraquíes el viernes por la tarde en Tfilis, en la Iglesia asirio-caldea dedicada a San Simón bar Sabbae. Y también tocará el drama de otros prófugos, que se vieron obligados a dejar las zonas de frontera con la Federación rusa después de los enfrentamientos en Georgia (2008) cuando entraron al país los tanques de Moscú. Y todavía es una herida abierta el conflicto entre Azerbaiyán y Armenia, por el control de la región de Nagorno Karabakh.  

«He acogido la invitación a visitar estos países —explicó en junio Papa Francisco— por un doble motivo: Por una parte, valorar las antiguas raíces cristianas presentes en esas tierras (siempre en espíritu de diálogo con las demás religiones y culturas), y, por otra, animar esperanzas y senderos de paz. La historia nos enes que el camino de la paz exige una gran tenacidad y constantes pasos, empezando por los pequeños y haciendo que crezcan poco a poco, saliendo al encuentro el uno del otro. Justamente por esto, deseo que todos y cada uno den la propia contribución a la paz y a la reconciliación».

«Diría que es bastante fácil observar en el Papa —dijo el cardenal Secretario de Estado Pietro Prolin— un vivo deseo de ser portador de paz, donde quiera que vaya. En este sentido, también las situaciones políticas o los planes estratégicos pasan, por decirlo así, a segundo plano. En el caso concreto, no creo que se pueda pensar en una solución fácil para todas las problemáticas relacionadas con la región caucásica. Requieren esfuerzo, voluntad política y disponibilidad al compromiso. Pero Papa Francisco se dirige a los países caucásicos con gran humildad, tratando, sobre todo, de impulsar cualquier iniciativa de diálogo y de apertura hacia el otro».

Durante el encuentro ecuménico y la oración de la paz en Yerevan, el pasado 25 de junio de 2016, Francisco se refirió al conflicto en Nagorno Karabakh, y expresó el deseo de que llegue una solución pacífica. El conflicto en la zona se volvió a encender en abril, y los miembros del Grupo de Minsk, creado por la Ocse, están tratando de fomentar iniciativas para un compromiso que pueda finalmente llevar a la paz. No hay que olvidar que Georgia y Azerbaiyán, así como Armenia, formaban parte del imperio soviético y la Federación Rusa trata de conservarlos en su órbita o, por lo menos, de impedir que otros los anexen a la propia.

El viaje, sobre todo en su primera etapa de dos días en Georgia, tiene importantes implicaciones ecuménicas. La Iglesia ortodoxa georgiana, con la cual la Santa Sede tiene buenas relaciones, es una de las pocas que no reconocen la validez del Bautismo administrado por los católicos. Francisco y Elías II se abrazarán pero no rezarán juntos. El Patriarca y el Catholicos de los ortodoxos georgianos no participará personalmente en la misa que celebrará el Pontífice el sábado primero de octubre, pero decidió enviar a una delegación: una señal que, según la Santa Sede, es importante. No hay que olvidar que el viaje a Georgia es un viaje a las raíces cristianas de Europa: el cristianismo fue declarado religión del Estado en 337 d.C., y la Iglesia georgiana se proclamó autocéfala con respecto al Patriarcado de Antioquía en el siglo V.

Azerbaiyán es un país de mayoría musulmana (el 96% de la población), compuesta por 63% de chiitas y el 33% de sunitas. Y llama la atención no solo del vecino Irán, sino también de los países árabes interesados en la introducción del elemento fundamentalista del islam. Con notables esfuerzos, las autoridades civiles y religiosas del país han tratado de todas las maneras posibles de mantener separados los ámbitos estatal y religioso, resistiendo a las infiltraciones radicales promovidas, por diferentes motivos, por los países vecinos y correligionarios, incluidos los del Cáucaso del norte. La presencia del Papa, que se reunirá con los líderes de las religiones el domingo por la tarde, será, pues, un momento para impulsar esta vía de «multiculturalidad» y tolerancia, cotidianamente amenazada en un muno sacudido por esa «tercera guerra mundial en pedacitos», en la que muchos tratan de disfrazar intereses económicosicos y políticos con motivos religiosos.

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