Francisco: el éxito, el poder y el dinero esclavizan, no liberan

Francisco: el éxito, el poder y el dinero esclavizan, no liberan

«La naturaleza humana, para huir de la precariedad, busca una religión “hágalo usted mismo”». Durante la Audiencia general el Papa invocó a Edith Stein para que «custodie Europa desde el cielo». Sting y su esposa presentes en el Aula Pablo VI

«Piensen bien en esto: liberar al pueblo de Egipto a Dios no le costó mucho trabajo, lo hizo como signo de potencia y amor; el gran trabajo de Dios fue sacar a Egipto del corazón del pueblo, es decir quitar la idolatría, y todavía sigue trabajando para quitarla de nuestro corazón, sacar ese Egipto que llevamos dentro, la fascinación de la idolatría». El Papa Francisco prosigue su ciclo de catequesis sobre los Diez Mandamientos, en la audiencia general de los miércoles, a partir del cordero de oro que el pueblo hebreo construye en el desierto mientras espera la vuelta de Moisés, «símbolo de todos los deseos que dan la ilusión de la libertad y, por el contrario, esclavizan, porque el ídolo siempre esclaviza». Francisco subrayó que «la naturaleza humana, para huir de la precariedad, busca una religión “hágalo usted mismo”», busca «éxito, poder y dinero», que, como todos los ídolos, son «pobres tranquilizaciones». En cambio,Jesucristo, «que se hizo pobre por nosotros», demuestra que «reconocer la propia debilidad no es la desgracia de la vida humana», sino, por el contrario, que «por la puerta de la debilidad entra la salvación de Dios». Jorge Mario Bergoglio invocó a Edith Stein, patrona de Europa, para que «custodie Europa desde el cielo». 

  

El Papa comenzó su reflexión a partir del «ídolo por excelencia: el cordero de oro». El episodio del libro del Éxodo «tiene un contexto preciso: el desierto, en donde el pueblo espera a Moisés, que ha subido al monte para recibir las instrucciones de Dios», recordó Francisco. El desierto «es un lugar en donde reinan la precariedad y la inseguridad, en donde faltan el agua, la comida y el refugio. El desierto es una imagen de la vida humana, cuya condición es incierta y no posee garantías inviolables». Entonces, el pueblo «cae en la trampa» y «pide un dios invisible» para «poderse identificar y orientar: le dicen a Arón: “¡Haz para nosotros un dios que nos guíe!”, haznos un jefe, haznos un líder. La naturaleza humana –anotó Bergoglio–, para huir de la precariedad, la precariedad del desierto, busca una religión “hágalo usted mismo”. Si Dios no se deja ver, nos creamos un dios a medida», pero el ídolo, prosiguió citando la encíclica “Lumen fidei”, «es un pretexto para ponerse a sí mismos en el centro de la realidad, en la adoración de la obra de las propias manos». 

  

El cordero de oro «es símbolo de riqueza. Éxito, poder y dinero. ¡Estos son los grandes ídolos, son las tentaciones de siempre! He aquí lo que es el cordero de oro: el símbolo de todos los deseos que dan la ilusión de la libertad y que, por el contrario, esclavizan, porque el ídolo siempre esclaviza», insistió el Papa haciendo una comparación con «la fascinación de la serpiente que me al pajarito, el pajarito se queda sin poder moverse y la serpiente lo atrapa». 

  

Arón no supo oponerse, «pero –indicó Francisco– todo nace de la incapacidad de confiar antes que nada en Dios, de poner en Él nuestras inseguridades, de dejar que sea Él quien dé verdadera profundidad a los deseos de nuestro corazón. Esto permite sostener también la debilidad, la incertidumbre y la precariedad. Sin el primado de Dios se cae fácilmente en la idolatría y nos conformamos con tristes tranquilizaciones. Piensen bien en esto: liberar al pueblo de Egipto a Dios no le costó mucho trabajo, , lo hizo como signo de potencia y amor; el gran trabajo de Dios fue sacar a Egipto del corazón del pueblo, es decir quitar la idolatría, y todavía sigue trabajando para quitarla de nuestro corazón, sacar ese Egipto que llevamos dentro, la fascinación de la idolatría. Cuando se acoge el Dios de Jesucristo, que de rico se hizo pobre por nosotros, se descubre entonces que reconocer la propia debilidad no es la desgracia de la vida humana, sino la condición para abrirse a Aquel que es verdaderamente fuerte. Entonces, por la puerta de la debilidad entra la salvación de Dios, es en fuerza de la propia insuficiencia que el hombre se abre a la paternidad de Dios», y en «Cristo nuestra fragilidad ya no es una maldición, sino un lugar de encuentro con el Padre y fuente de una nueva fuerza desde lo alto». 

  

Al final de la catequesis, el Papa recordó con los peregrinos italianos que hoy es la fiesta de San Domenico de Guzmán, fundador de la Orden de los predicadores, y añadió: «en Europa hoy se celebra la fiesta de Santa Teresa Bendita de la Cruz, Edith Stein», que falleció en el campo de concentración de Auschwitz el 9 de agosto de 1942. «Mujer de coherencia, mujer que buscaba a Dios con honestidad y amor, mujer mártir de su pueblo hebraico y cristiano: que ella, patrona de Europa –concluyó– rece y custodie Europa desde el cielo». 

Al final de la audiencia en el Aula Pablo VI, el Papa saludó al conocido cantante británico Gordon Summer, alias "Sting", que estuvo presente durante la catequesis con su esposa Trudie Styler. 

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