"Francisco construye puentes y destruye muros", afirma el embajador Valdés

 De paso por Buenos Aires, el embajador argentino ante la Santa Sede, Eduardo Valdés, dio lugar a una entrevista con AICA en la que se refirió a las relaciones entre el Estado argentino y el Vaticano desde la elección de Jorge Bergoglio como pontífice. El funcionario nacional reveló detalles sobre las primeras reacciones frente a la elección de Francisco y la relación que se fue construyendo desde entonces.

De paso por Buenos Aires, el embajador argentino ante la Santa Sede, Eduardo Valdés, dio lugar a una entrevista con AICA en la que se refirió a las relaciones entre el Estado argentino y el Vaticano desde la elección de Jorge Bergoglio como pontífice. El funcionario nacional reveló detalles sobre las primeras reacciones frente a la elección de Francisco y la relación que se fue construyendo desde entonces. 

Eduardo Valdés tuvo un papel significativo para allanar los caminos y construir una relación entre la primera mandataria nacional y el Papa argentino. Su amistad con Alicia Oliveira, Defensora del Pueblo y cercana a Bergoglio, colaboró para flexibilizar ciertos planteos del entorno presidencial. Oliveira ejerció como jueza de menores y desde 1976, cuando fue cesanteada por el gobierno militar, ejerció la defensa en numerosas causas de derechos humanos. Desde aquellos años mantuvo una amistad con el entonces padre Jorge. 

Valdés también reconoce haber colaborado con Francisco en cuestiones geopolíticas y propone que el Mercosur sea el primer bloque regional que adopte las propuestas ambientales del Santo Padre como marco para la economía y la producción. 

En su local de Almagro, que le sirve de refugio durante los días que pasa en Buenos Aires, el embajador dialogó con AICA, y detalló cómo ve el pontificado de Francisco. 

¿Qué sucedió desde la elección de Bergoglio para que usted fuera nombrado embajador? 

- El día que nombraron Papa a Bergoglio algunos chiflaban, insultaban o incluso creían que el nombramiento de este Papa era una movida de los Estados Unidos para infiltrarse en los movimientos populares de América Latina, ¡una chifladura! La misma noche que Bergoglio fue elegido Papa le escribí un correo a la Presidenta contándole quién era, para mí, Jorge Bergoglio. Yo le decía que, políticamente, Francisco iba a plantear casi los mismos valores que ella sostiene en las reuniones del G-20, o en las asambleas de las Naciones Unidas, y le sugería que la invitara a Alicia Oliveira en su comitiva, porque le abriría el corazón del Papa. 

¿Y cómo siguió su vínculo desde ese correo hasta ahora? 

- Hablábamos mucho, sobre cómo construir esta relación… 

¿O sea que usted fue el asesor de Cristina? 

- Sí, en ese y en otros temas. Como el de la carta falsa, que finalmente resultó no ser falsa[ver nota parte]. Fue muy lindo cuando pude acompañar a monseñor Guillermo Karcher, sacerdote y colaborador estrecho del Papa, a la quinta de Olivos. Eso es lo lindo de esta situación: todos nos podemos equivocar, pero también nos podemos disculpar. 

¿Qué le dijo la Presidenta cuando le comunicó su decisión de enviarlo a Roma? 

- Cuando me nombró, lo primero que me dijo es que quería que invite a Francisco a venir a la Argentina. Al momento se habían encontrado tres veces, habiendo permanecido juntos unas siete horas, pero no habían planteado el tema. 

Y eso, ¿por qué? ¿No se animaba a plantearlo? 

No… lo daba por hecho… yo le llevé una invitación por papel, formal… yo no sé qué es lo que se habló en las reuniones entre el Papa y la Presidenta. A mí no se me da por preguntar a uno o al otro de qué hablaron. A veces la Presidenta me cuenta algunas cosas, pero por su interés. Yo, en cambio, sí le cuento las cosas que pasan en el Vaticano y que pueden tener influencia en la Argentina. 

Lo lindo de las reuniones entre el Papa y la Presidenta son ya de dos personas que se encuentran y necesitan compartirse cosas. Fijate vos, en la última reunión, todos auguraban un encuentro de diez minutos, pero duró una hora y 48 minutos. 

¿Cambió algo entre la gestión del embajador Juan Pablo Cafiero y la de usted? 

- No. Cuando a mí me nombran embajador, tomo como medida de la gestión la vara que me deja Cafiero, que es muy alta: tres reuniones durante un año. Me gusta el desafío, porque yo debería superar esa marca. 

¿Cuál es su mérito, entonces, para ser embajador? 

- Yo creo, sin egocentrismos, que la embajada más importante de la Argentina en el mundo es la del Vaticano. Por la injerencia e importancia que tiene el Papa argentino. Yo vuelvo el 9 de diciembre, porque entiendo que el próximo Presidente, sea del color que sea, necesita a un hombre de su máxima confianza en esa posición. 

¿Cuáles son los logros de su gestión? 

- No sé si son logros de mi gestión, pero me parece bueno haber mantenido la buena relación entre la Presidenta y el papa Francisco. La vara era alta. Por supuesto, me faltan muchas cosas: me encantaría inaugurar la nueva sede de la embajada argentina, más acorde al Papa argentino. Más de 300 argentinos van por semana a ver al Santo Padre y yo no cuento con un lugar acorde para recibirlos: la actual sede es muy pequeña, y por estamos tratando de alquilar una nueva. 

A quien me debo es a los argentinos. Una de las cosas más lindas que me pasa es estar cerca de los argentinos que vienen cada miércoles o domingo, y también con los sacerdotes argentinos que estudian o trabajan allá. 

¿La no venida del Papa durante 2015 obedece estrictamente al contexto electoral? 

- Yo creo que el Papa no vino porque es muy coherente: él mira a las periferias. Cuando salió por primera vez de Roma fue a Lampedusa. En Europa visitó Albania. Y en América Latina también decidió visitar las periferias de esta región del mundo. Él dice que desde la periferia se ve mejor el centro. Corresponde a una estrategia… el ego le dice que venga al país de uno, pero en Roma uno se suma también a un proyecto colectivo, no solo al de la Argentina. 

¿Cuáles son los principales temas con los que el gobierno coincide con el papa Francisco? 

- En la equidad social, sin ninguna duda. También en el multilateralismo, en la paz en el mundo. 

¿Y en la salida del mar de Bolivia, la minería o los hielos continentales? 

- Yo no puedo opinar de esa situación, por mi cargo de embajador. Eso debería responderlo la Cancillería argentina. Yo no puedo responder, aunque tenga mi propia convicción. 

¿Francisco le ha manifestado su aprobación o rechazo a políticas de los últimos años? 

- He tenido largas charlas con el Papa antes de ser embajador. Lo disfruté mucho entonces y añoro esos momentos. Con el cargo, he hablado de la Argentina, pero solo de asuntos formales. Uno de los motivos por los que creo que luego del 10 de diciembre voy a ser Espartaco, un esclavo liberado, es porque volveré a tener esas largas charlas con él. Lamentablemente, como embajador, tengo una gran responsabilidad y trato de ser el más respetuoso del protocolo vaticano. Sé que represento al país del Papa. 

Y en esas conversaciones, ¿se habla de todo? 

Sí, hablamos de todo. A mí me apasiona la geopolítica, el mundo, y yo creo que una de las cosas que le gusta al Papa es exprimirte. Pero no sobre el país: Francisco tiene mil personas para informarse sobre la Argentina. A veces, él me decía “¿por qué no averiguás tal cosa?”, y yo me ponía a investigar y luego hablábamos de eso. Por ejemplo, hablamos mucho sobre una asamblea de Naciones Unidas y lo que podía pasar con la crisis de Siria. Él estaba muy preocupado porque no se invada, y entonces hicimos un punteo sobre los países que podían ayudar o no a que ello no sucediera. En general, las reuniones con Francisco son muy heterodoxas. 

¿Cómo leyó la elección de Bergoglio como Papa? 

- Francisco no tenía ninguna expectativa de ser elegido. Tenía ya 76 años y había presentado la renuncia. Sí tenía la intención de decir todo lo que pensaba. Quizás porque dijo todo lo que piensa lo eligieron. Y lo eligieron para ser este que es ahora. Siempre digo que Francisco es inversamente proporcional a Bergoglio, y está muy bien, porque está siendo el sumo de los pontífices: construye puentes y destruye muros. 

¿Cómo es su relación con los clérigos? 

- Yo tengo gente con la que me llevo muy bien, pero yo no soy diplomático de carrera. A mí me ayudan mucho monseñor Guillermo Karcher y monseñor Marcelo Sánchez Sorondo. No solo con el protocolo… ellos me ayudan a resolver problemas a veces políticos. Tengo profundo respeto por ellos. Nunca voy a olvidar cómo los sacerdotes se ponen la camiseta argentina. 

¿El término de su mandato lo encontrará más comprometido con la Iglesia, o siguiendo su militancia política en la Argentina? 

- Yo sí sé que Francisco me ha perforado la vida. Sería un hipócrita si no te dijera que seguiré haciendo francisquismo después de culminar mi mandato. Ojalá sea electo diputado por el Parlasur y pueda lograr que los planteos ambientales del Papa sean norma en el Mercosur. 

En mi adolescencia, un curita salesiano me convocó junto a otros jóvenes a dar testimonio y hacer carne en uno el problema del otro. Cuando el Papa habló en Río de Janeiro de hacer lío y vivir las Bienaventuranzas, lo que dice Mateo 25, pienso que hay uno en la Iglesia que es igual a ese curita. 

Dicen que en Roma es más fácil perder la fe que encontrarla… ¿cómo le va con eso?

Cualquiera de los tropezones que me proponga alguno de sotana negra no tiene relevancia frente a las mañanas en las que me informo sobre las novedades que sucederán con el Papa. Hasta el día de hoy no dejo de sorprenderme. El alma me late muy lindo con Francisco. 

Valdés, sobre el asunto Malvinas 

"El Papa no tomó partido por «soberanía sí» o «soberanía no». Solamente dijo «diálogo». Es un puente nuevo que él intenta instaurar para derribar un muro, el muro del no diálogo entre el Reino Unido y Argentina”, dijo Valdés de regreso a Roma, tras la fotografía que el Santo Padre se tomó con un cartel que llama al entendimiento entre ambas naciones por el archipiélago del Atlántico sur.

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