Fortalecido, el Papa Francisco se reunió con la cúpula de la Conferencia Episcopal de Estados Unidos

Fortalecido, el Papa Francisco se reunió con la cúpula de la Conferencia Episcopal de Estados Unidos

El encuentro, el segundo en menos de un mes, está enmarcado por el escándalo.

Fortalecido por los últimos movimientos y maniobras en la crisis entre el Vaticano y una parte de los obispos de Estados Unidos, el Papa recibió este lunes de nuevo, en menos de un mes, a la cúpula de la Conferencia Episcopal norteamericana. Estuvieron con Francisco el presidente de la asamblea episcopal, cardenal Daniel Di Nardo (Galveston-Houston), el arzobispo de Los Ángeles, José Horacio Gómez, el secretario general Brian Bransfield y el secretario general adjunto Jeffrey Burril.

Iniciado en el Año Santo del 2000 el primer gran escándalo de los tiempos modernos por abusos sexuales de los curas a menores en varias diócesis de EE.UU., los últimos jaleos se produjeron por un informe reciente sobre la acción de clérigos y religiosos pederastas en el Estado de Pennsylvania. Se agregó el escándalo del cardenal y arzobispo emérito de Washington Theodore McCarrick, 88 años, que tras dos decenios con fama bien ganada de invitar a su cama a seminaristas, a principios de este año fue acusado de abusos sexuales a un menor.

El Papa Francisco lo castigó obligándolo a renunciar al título de cardenal y prohibiéndole llevar una vida pública como sacerdote, dedicándose a “la oración y el arrepentimiento”.

Un ex nuncio en Washington, el arzobispo Carlo Viganó, conmovió a la Iglesia con un reciente documento en el que acusó al actual pontífice de haber protegido a McCarric. Viganó fue apoyado por varios obispos norteamericanos, entre ellos el arzobispo de Filadelfia, Charles Chaputt, quien le pidió al Papa que anulara el Sínodo dedicado a los jóvenes.

El Papa no le contestó y Chaputt está en Roma como parte de la delegación de Estados Unidos al Sínodo, junto con los miembros de la conferencia episcopal que este lunes fueron recibidos por Francisco.

En sus acusaciones Viganó también oscureció la actuación de los dos anteriores papas, San Juan Pablo II y Benedicto XVI, aunque los justificó. Concentró su ataque sobre Francisco, el único que castigó al ex cardenal McCarrick.

El presidente de la asamblea de obispos norteamericanos, cardenal Di Nardo, expresó su “satisfacción” “por las medidas adicionales que el papa Francisco está tomando para garantizar que los fieles estén protegidos del mal de la agresión sexual”, según escribió en la página web de la Conferencia Episcopal yanqui.

“La verdad asegurará que los pecados terribles del pasado no se repitan”, agregó el mensaje del cardenal Di Nardo.

Este fin de semana, uno de los cardenales más prestigiosos de la Curia Romana, el gobierno central de la Iglesia, el canadiense Marc Ouellet, prefecto de la Congregación de Obispos, defendió al Papa Francisco de las acusaciones del ex nuncio Claudio Viganó.

Viganó sostuvo que el Papa emérito Benedicto XVI, Josef Ratzinger, había castigado al cardenal McCarrick y que el actual pontífice le levantó las sanciones y lo asumió como su consejero para nombrar nuevos obispos norteamericanos.

Ouellet aseguró que “la acusación es un montaje político privado de fundamento real para incriminar al Papa”. El “ministro” de la Santa Sede le exigió a Viganó, quien se encuentra en un lugar secreto porque dijo que teme por su vida, que “salga de su clandestinidad y se arrepienta”.

El cardenal Ouellet destacó en su misiva que el emérito de Washington y ex cardenal McCarrick nunca fue objeto de sanciones canónicas por parte del Papa Benedicto XVI, “porque no se disponía entonces de pruebas suficientes sobre su culpabilidad”.

Ouellet escribió que los ataques del arzobispo Viganó al Papa llegan “a la blasfemia" Francisco anunció el sábado una investigación en los archivos vaticanos a fin de contar con todos los elementos posibles sobre las actividades del ex cardenal McCarrick.

Las acusaciones de Viganó contra el Papa argentino forman parte para muchos de una conspiración de ultraconservadores y tradicionalistas con base sobre todo en Estados Unidos, que quieren lograr la renuncia del Papa o quitarlo como sea del pontificado, por considerarlo un “tercermundista”, doctrinariamente “hereje”. 

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