“La familia hombre-mujer, antídoto contra el individualismo campante”

“La familia hombre-mujer, antídoto contra el individualismo campante”

Video-mensaje de Francisco al Simposio de la CEI sobre «Amoris laetitia»: «Formar las conciencias, pero no pretender sustituirlas». El cardenal Bassetti: «No hay que imponer pesos en los hombros de las personas y no hay que reducir la predicación a doctrinas más filosóficas que evangélicas»

por SALVATORE CERNUZIO

«La familia nacida del matrimonio genera lazos fecundos, que resultan el antídoto más eficaz al individualismo campante; sin embargo, en el camino del amor conyugal y de la vida familiar existen situaciones que reclaman elecciones arduas, de cumplir con rectitud». Por una parte, el Papa Bergoglio se refiere al papel de la familia en el tejido social: «El amor entre hombre y mujer esta evidentemente entre las experiencias humanas más generativas, es fermento de la cultura del encuentro y trae al mundo actual una inyección de socialidad: verdaderamente ‘el bien de la familia es decisivo para el futuro del mundo y de la Iglesia’», afirmó en el video-mensaje enviado a los que participan en el Simposio internacional sobre «Amoris laetitita», que se lleva a cabo hoy en Roma, promovido por la Oficina para la pastoral familiar de la Conferencia Episcopal de Italia (CEI).  

Por otra, el Pontífice reflexiona sobre las diferentes realidades domésticas y se refiere también a esos «nudos concretos» que a veces surgen y que deben ser afrontados «con conciencia prudente por parte de cada uno». Después insistió en la necesidad de una Iglesia que se acerque a las parejas: «Es importante que los esposos, los padres no sean dejados solos, sino acompañados en el compromiso de aplicar el Evangelio en la concreción de la vida», dijo. 

Y esto significa que «estamos llamados a formar las consciencias, no a pretender de sustituirlas’», aclaró el Papa. «El mundo contemporáneo —explicó— corre el riesgo de confundir el primado de la conciencia, que siempre debe ser respetado, con la autonomía exclusiva del individuo con respecto a las relaciones que vive». Algunos hablan de «egolatría», es decir de un «verdadero culto del yo, sobre cuyo altar se sacrifica toda cosa, incluidos los afectos más queridos». Una perspectiva (sobre la que se refirió en su discurso a la Pontificia Academia para la Vida) que no es para nada «inocua», sino todo lo contrario, porque «plasma un sujeto que se mira continuamente al espejo, hasta volverse incapaz de dirigir los ojos a los demás y al mundo». Las consecuencias de la difusión de esta actitud son «muy graves», sobre todo para «todos los afectos y los vínculos de la vida», advirtió el Papa, que explicó que se trata de una «“contaminación” que corroe los ánimos y confunde las mentes y los corazones, produciendo falsas ilusiones». 

Entonces, cada cristiano debe «vigilar» para que «en esta especie de tabernáculo» que es la conciencia humana «no falte la gracia divina, que ilumina y fortifica el amor conyugal y la misión de los padres. La gracia llena las “ánforas” de los corazones humanos de una extraordinaria capacidad de don, renovando para las familias de hoy el milagro de las bodas de Caná», recordó el Papa. Al final, Bergoglio aplaudió el tema del congreso («El Evangelio del amor entre conciencia y norma»), pues es de «gran importancia y puede iluminar el recorrido que las Iglesias están llevando a cabo en Italia, también para responder al deseo de familia que surge en el ánimo de las nuevas generaciones». 

Inauguró esta mañana el encuentro el presidente de la CEI, el cardenal Gualterio Bassetti, que concentró su atención sobre la condición de las familias de hoy y en particular sobre la condición de las mujeres por las que la Iglesia debe poner en marcha, explicó, «una reflexión valiente». «La mujer en la sociedad de hoy, la mujer en la Iglesia, la mujer en la familia. Es solo una sugestión y nada más, pero tengo la neta impresión (hablo como pastor obviamente) de que sobre la condición de la mujer y sobre su estatus ontológico se está jugando uno de los desafíos más importantes y más arriesgados de la época contemporánea», observó el purpurado italiano. Tal vez, añadió, ha llegado el momento de «volver a reflexionar como Iglesia, con mansedumbre, serenidad y sobre todo con valentía». 

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