Elecciones y Ébola en Congo: El Papa clama por la paz en el país

Elecciones y Ébola en Congo: El Papa clama por la paz en el país

Durante el rezo del Angelus dominical, ante miles de personas congregadas en la Plaza de San Pedro, el Papa imploró por la estabilidad y el futuro del país africano

El Papa desea estabilidad para la República Democrática del Congo. Por eso, este domingo, dedicó una oración especial por el país. Lo hizo al término de su bendición dominical con la oración del Angelus, ante miles de personas congregadas en la Plaza de San Pedro. En el día de la fiesta litúrgica de la sagrada familia, también habló del estupor y la angustia. Dos actitudes que, aseguró, siempre estuvieron presentes en María, José y Jesús. “Sorprenderse es abrirse a los demás, comprender las razones del otro”, estableció.

“Queridos hermanos y hermanas. Recemos juntos por todos aquellos que en la República Democrática del Congo sufren a causa de la violencia y del Ébola. Deseo que todos se empeñen en mantener un clima pacífico que permita un regular y pacífico desarrollo de las elecciones. Recemos juntos”, dijo. Y entonó un Ave María en voz alta, con la multitud presente.

Estas palabras no estaban previstas, el pontífice las incluyó al último momento. Lo hizo porque sigue de cerca los últimos acontecimientos en ese país africano, que este 30 de diciembre celebra elecciones presidenciales. De ellas dependen, en buena parte, el futuro y la estabilidad de esa nación, más allá del presidente Joseph Kabila. Varias regiones fueron excluidas de las votaciones por la inseguridad y el virus del Ébola, que ha vuelto a expandirse. 

En su reflexión de mediodía, asomado a la ventana de su estudio personal en el Palacio Apostólico del Vaticano, Jorge Mario Bergoglio recordó el pasaje bíblico durante el cual, en camino a Nazaret a su regreso de Jerusalén, la Virgen y José perdieron a Jesús, a quien encontraron tres días después en el templo, discutiendo con los doctores. De esa lectura destacó el estupor y la angustia. La primera de estas actitudes, precisó, nunca dejó de estar presente en la familia, ni siquiera en los momentos más dramáticos. 

“Es el mismo estupor que golpea también a los doctores del templo, admirados por su inteligencia y sus respuestas. Sorprenderse y maravillarse es lo contrario de dar todo por descontado, y es lo contrario de interpretar la realidad que nos circunda y los acontecimientos de la historia sólo a través de nuestros criterios. Una persona que hace esto no sabe qué es la admiración, qué es el estupor”, indicó. 

“Sorprenderse es abrirse a los demás, comprender las razones del otro: esta actitud es importante para sanar las relaciones afectadas entre las personas, y es indispensable también para curar las heridas en el ámbito familiar. Cuando hay problemas en las familias, damos por descontado que nosotros tenemos razón y cerramos la puerta a los demás, al contrario necesitamos pensar: ¿qué hay de bueno en esta persona? Y maravillarse por eso bueno que tiene, esto ayuda a la unidad de la familia. Si ustedes tienen problemas en sus familias, piensen en lo que tiene de bueno el pariente con la cual tienen dificultades y maravíllense de esto, esto ayudará a curar las heridas familiares”, añadió. 

Luego se refirió a la angustia que experimentaron María y José, cuando no lograban encontrar a Jesús. Esta angustia manifiesta la centralidad de Jesús en la sagrada familia. Recordó que la virgen y su esposo habían acogido aquel hijo, lo cuidaban y los veían crecer en edad, sabiduría y gracia en medio de ellos, pero -sobre todo- él crecía dentro de sus corazones y, poco a poco, aumentaban en ellos su afecto y comprensión hacia él. 

Sostuvo que esta es la razón por la cual la familia de Nazaret es santa: porque estaba centrada en Jesús, a él estaban dirigidas todas las atenciones y la premura de María y José. La angustia que ellos sintieron en los tres días de perdida de Jesús, debería ser también nuestra angustia cuando estamos alejados de él. 

“Deberíamos sentir angustia cuando por más de tres días nos olvidamos de Jesús, sin rezar, sin leer el evangelio, sin sentir la necesidad de su presencia y de su confortadora amistad. Tantas veces pasan días sin que yo recuerde a Jesús, esto es feo, muy feo. Deberíamos sentir angustia cuando suceden estas cosas”, siguió. 

A los fieles, les pidió volver a casa con esas dos palabras: El estupor y la angustia. Y preguntarse: ¿Yo se tener estupor cuando veo las cosas buenas de los demás y así resolver los problemas familiares? ¿Yo siento angustia cuando me alejo de Jesús. Finalmente, instó a rezar por todas las familias del mundo, especialmente por aquellas en las cuales, por varios motivos, faltan la paz y la armonía. Y las encomendó a la protección de la santa familia de Nazaret. 

Luego saludó a los presentes, a los romanos, los peregrinos, grupos parroquiales, asociaciones y jóvenes. También dirigió un saludo especial a las familias, y pidió que la santa familia de Nazaret las proteja e ilumine siempre su camino. “A todos les deseo un feliz domingo y un sereno fin de año. Les agradezco sus deseos y sus oraciones”, concluyó. 

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